Ni la Antártida se libra: el turismo al continente helado crece un 1.120% en 30 años y la culpa la tienen cruceros como el MV Hondius
Aumenta la presión en uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.

Hubo un tiempo en que la Antártida parecía inmune a las dinámicas que han transformado destinos de todo el planeta. Un territorio sin hoteles, sin ciudades y con un clima extremo: el continente blanco era visto como el último rincón inaccesible para el turismo de masas.
Sin embargo, las cifras más recientes muestran que ni siquiera este lugar remoto del mundo ha escapado al auge de los viajes ‘experienciales' y los cruceros de expedición.
El crecimiento es tan acelerado que ya preocupa a científicos y expertos en conservación. Lo que hace tres décadas era una actividad reservada para unos pocos aventureros se ha convertido en una industria en expansión que amenaza con añadir presión a uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.
De destino remoto a fenómeno turístico global
La imagen de viajeros embarcando en Ushuaia rumbo a la Antártida a bordo de buques como el MV Hondius simboliza una transformación que no deja de acelerarse. Según los datos de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida (IAATO), durante la temporada 2023-24 visitaron el continente más de 122.000 personas.
La comparación histórica resulta reveladora. En la temporada 1993-94 apenas desembarcaron unos 8.000 pasajeros. Treinta años después, la cifra total se ha disparado un 1.120%, convirtiendo a la Antártida en uno de los destinos turísticos de mayor crecimiento relativo del mundo.
La mayoría de estos visitantes se concentra en la Península Antártica, donde realizan excursiones en embarcaciones zodiac, rutas en kayak, observación de fauna o breves desembarcos en paisajes absolutamente espectaculares.
Un crecimiento que inquieta a los investigadores
Las previsiones apuntan a que el fenómeno podría estar lejos de tocar techo. Un estudio publicado en la revista científica Journal of Sustainable Tourism advierte de que, si se mantiene la tasa media de crecimiento anual del 14% registrada entre 1992 y 2024, la cifra de turistas podría alcanzar los 452.000 visitantes durante la temporada 2033-34.
Para muchos investigadores, el problema no reside únicamente en el número de personas, sino en el efecto acumulativo de miles de desembarcos y desplazamientos en espacios extremadamente sensibles.
Además, la preocupación aumenta porque el turismo coincide con otros procesos ya en marcha, como el calentamiento global, la pérdida de hielo marino y las alteraciones de los ecosistemas polares.
El delicado equilibrio entre viajar y conservar
Aún así, existen límites sobre el número de personas que pueden desembarcar simultáneamente en determinadas zonas y la IAATO mantiene estrictas normas de comportamiento para los visitantes. Por ejemplo, está prohibido tocar animales, alimentarlos o alterar la vegetación.
Pero los expertos advierten de que las regulaciones actuales podrían quedarse cortas si la tendencia continúa. Entre los riesgos identificados figuran la introducción de especies invasoras, la propagación de enfermedades y la huella ambiental asociada al creciente tráfico marítimo.
Por su parte, la investigadora Valeria Senigaglia y otros especialistas consideran que ha llegado el momento de desarrollar un marco regulatorio más amplio que vaya más allá de las medidas actuales.
La paradoja es evidente: millones de personas sueñan con conocer uno de los últimos territorios vírgenes del planeta, pero cuanto mayor es el éxito turístico de la Antártida, mayor es también el riesgo de poner en peligro aquello que la hace única.
