Piden ostras, gambas y pescado fresco, llega una cuenta de 387,50 euros y usan la estafa del cigarro y el bolso
Nadie sospechó de que se trataba de la temida técnica.

Alerta en la alta cocina de Bari. La técnica del bolso se ha vuelto a cobrar una víctima en uno de los restaurantes más conocidos de esta población italiana: el Cortigiano, en via Turati, donde dos hombres y una mujer se dieron un festín de marisco y pescado fino —ostras, gambas, scampi— que ascendió a 387,50 euros sin pagar un céntimo.
Lo hicieron sin levantar sospecha alguna. Llegaron tranquilos, pidieron sin mirar los precios, se tomaron su tiempo. Nadie en el local se imaginó que era una estafa perfectamente planificada. Así lo recoge Il Corriere del Mezzogiorno, que también ha tenido acceso a las imágenes de las cámaras de seguridad del restaurante.
No se trató del burdo gesto de levantarse de golpe y echar a correr. Igual que la mariscada que pidieron, lo hicieron de forma fina y elegante. Durante la cena, los tres se levantaron en varias ocasiones con la excusa de fumar o atender el teléfono, sin que eso llamara la atención.
Cuando llegó el momento de desaparecer definitivamente, se marcharon uno a uno, con total naturalidad. Y la mujer se había dejado el bolso sobre la silla. El gesto clásico que tranquiliza a cualquier camarero: quien deja el bolso, vuelve. Solo que el bolso estaba vacío.
El personal esperó unos minutos. Luego salió a buscarles. No había nadie. La cuenta, intacta.
Anna, la propietaria del Cortigiano, lanzó un llamamiento público que se hizo viral: "Visto que estamos en Semana Santa y aún estamos a tiempo, podéis pasar a saldar vuestra cuenta. Nosotros no le negamos a nadie un plato de pasta, pero una cuenta así hay que pagarla". De momento, no ha presentado denuncia, aunque las imágenes de las cámaras identifican con claridad a los tres comensales.
Pero la historia no acaba ahí. Porque este trío —que según fuentes cercanas al caso podría tratarse de un hermano, una hermana y el novio de ella— no se quedó en el Cortigiano. Días después repitió la jugada en SushiC, un concurrido restaurante japonés de la misma ciudad. El importe esta vez fue de unos 170 euros en sala, más 60 euros de un pedido para llevar que pidieron como "regalo para unos amigos" en un local cercano. Un detalle de generosidad que, como el bolso, resultó ser otro elemento más de la puesta en escena.
En SushiC la operación fue incluso más elaborada. Cuando llegaron los postres, la mujer simuló una discusión con uno de sus acompañantes —que ya se había levantado de la mesa— y acabó convenciéndose: "Va bien, pedimos tres soufflés, pero a uno ponle una velita, que es una sorpresa. Ahora salgo a fumar un momento". Sobre la silla quedaron el bolso y, como garantía extra, un teléfono móvil. Los camareros esperaron con los soufflés. Salieron a llamarles. Nadie. El bolso, vacío. El móvil, apagado y viejo.
Esta vez, sin embargo, el grupo pudo haber cometido su primer error: dejaron sobre la mesa el ticket del parking concertado del restaurante, con la matrícula del coche a la vista. La titular del SushiC ya lo ha puesto en conocimiento de las autoridades.
Según la propia Anna del Cortigiano, el aviso ya circula entre los restauradores de Bari por WhatsApp. "Podrían ser profesionales", advierte. Los restaurantes de la zona ya están en alerta.
