Poca gente lo sabe pero la Torre Eiffel cambia de tamaño y gira con el calor: el metal es su fortaleza y a la vez su debilidad
Los visitantes los cuenta por millones; el mantenimiento no va igual de rápido, lamentan los expertos.

Todo lo que tenga que ver con la Torre Eiffel, uno de los monumentos más célebres del mundo... si no es el que más, se magnifica. Incluso aunque sea un fenómeno físico que tú mismo experimentas en tu casa. La culpa la tiene, sí, en esto también, el intenso calor que estamos sufriendo por buena parte del mundo.
El imponente monumento parisino sufre la llamada 'dilatación términa' de los materiales, un proceso muy ligado a las altas temperaturas. Ese calor que está azotando con violencia a la capital francesa genera que los metales —como el acero y el hierro que conforma mayoritariamente la Torre Eiffel— se dilaten. No es, ya avisábamos, algo específico del icono francés; también ocurre con materiales más habituales en puentes, vías de tren, casas y edificaciones comunes como la madera, el hormigón y el PVC. Todos ellos se dilatan cuando aprieta el calor.
Pero hay algo que sí toca de lleno a la Torre Eiffel. ¿Esa dilatación hace que crezca en altura durante una ola de calor como la que ahora está sintiendo la ciudad? La respuesta es clara: sí. Tanto, que en los últimos días ha 'ganado' unos 10 centímetros, que sumar a sus ya consolidados 330 metros (contando la antena de radio instalada en la cima, ya que sin ella se queda en 'apenas' 312).
No obstante, dicen que todo lo que sube baja y en el caso de la construcción de Gustave Eiffel también ocurre. Cuando llega el frío, la estructura se contrae algo y recupera sus dimensiones habituales.
El calor extremo del verano guarda una última 'sorpresa', porque no solo hace que se extienda hacia arriba; también que se incline ligeramente hacia uno de los dos lados. En este caso el motivo es su exposición desigual al sol, que le 'empuja' hacia el lado opuesto a donde incide el astro rey, en un movimiento tan leve que se recupera cuando cae la fuerza de la radiación solar. Y, para evitar sustos, no afecta lo más mínimo a su estabilidad.
Su debilidad no tiene que ver con ningún efecto paralelo de la dilatación térmica, sino con las tareas de mantenimiento, porque la Torre Eiffel tiene un problema con la corrosión, el óxido de su estructura de hierro y el exceso de capas de pintura vieja, una tras otra sobre la estructura.
