Sin aire acondicionado: los azulejos creados en Castellón con baterías viejas que prometen "un menor consumo energético" en pleno verano
Investigadores del Instituto de Tecnología Cerámica reutilizan materiales procedentes de baterías usadas para fabricar azulejos capaces de reflejar más calor y reducir la temperatura interior de los edificios.

En pleno debate sobre cómo combatir las olas de calor sin disparar la factura eléctrica, un grupo de investigadores de Castellón ha desarrollado una solución que podría ayudar a mantener los edificios más frescos sin necesidad de recurrir constantemente al aire acondicionado.
El avance consiste en unos nuevos pigmentos cerámicos elaborados a partir de materiales recuperados de baterías desechadas que permiten fabricar azulejos con una elevada capacidad para reflejar la radiación solar.
La innovación, desarrollada por el Instituto de Tecnología Cerámica (ITC) y de la que se ha hecho eco El Periódico del Mediterráneo, busca aprovechar residuos que normalmente acabarían convertidos en basura para darles una segunda vida dentro de la industria cerámica.
El resultado son revestimientos capaces de absorber menos calor y contribuir a reducir la temperatura interior de viviendas y edificios, algo especialmente relevante en zonas cálidas como el Mediterráneo español.
Cómo funcionan estos azulejos que ayudan a combatir el calor
La clave del proyecto se encuentra en unos nuevos pigmentos cerámicos denominados "refrescantes". A diferencia de los materiales convencionales, presentan una alta reflectancia solar, es decir, son capaces de devolver al exterior una mayor parte de la radiación que reciben.
Cuando una fachada o una superficie absorbe menos energía solar, acumula menos calor. Como consecuencia, la temperatura del edificio aumenta menos durante las horas más calurosas del día.
Según explican los investigadores, esta propiedad puede traducirse en una reducción de la necesidad de refrigeración artificial, lo que supone un menor consumo energético y una disminución del gasto asociado al uso de aparatos de climatización.
En un contexto en el que las temperaturas extremas son cada vez más frecuentes debido al cambio climático, este tipo de materiales pasivos están despertando un creciente interés en el sector de la construcción.
El papel de las baterías recicladas
Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es el origen de las materias primas utilizadas. Los investigadores han recuperado componentes procedentes de baterías de níquel-hidruro metálico (NiMH), una tecnología utilizada durante años en pilas recargables y diversos dispositivos electrónicos.
Estas baterías contienen níquel y tierras raras, materiales de elevado valor tecnológico cuya extracción resulta costosa y tiene un importante impacto ambiental. Tras un proceso de separación y tratamiento, los científicos lograron recuperar parte de estos elementos y utilizarlos para fabricar los nuevos pigmentos cerámicos.
La presencia de tierras raras resulta especialmente importante porque mejora la capacidad reflectante del material, aumentando así su efecto refrescante.
Una apuesta por la economía circular
El proyecto, denominado Resymac, forma parte de una estrategia más amplia orientada a impulsar la economía circular dentro de la industria cerámica.
El objetivo consiste en reducir la dependencia de materias primas vírgenes y aprovechar residuos que normalmente terminarían en vertederos o requerirían complejos procesos de gestión.
Además de las baterías usadas, los investigadores también han trabajado con otros residuos para desarrollar nuevos materiales.
Uno de los ejemplos más destacados es la obtención de grafito verde a partir de cáscaras de almendra, un subproducto agrícola muy abundante en distintas zonas de España. Este material puede emplearse posteriormente en procesos industriales, reduciendo el consumo energético y las emisiones asociadas a su fabricación.
Castellón, un laboratorio de innovación cerámica
La provincia de Castellón concentra uno de los mayores clústeres cerámicos de Europa y lleva años apostando por la investigación para afrontar algunos de los principales desafíos del sector.
Entre las líneas de trabajo desarrolladas por el ITC figuran proyectos relacionados con la reutilización de residuos industriales, la reducción de emisiones de CO₂, la descarbonización de los procesos productivos, el aprovechamiento de agua de lluvia y el desarrollo de materiales más eficientes energéticamente.
En los últimos años también se han impulsado investigaciones para recuperar calcio procedente de cáscaras de huevo y utilizarlo en la fabricación de materias primas cerámicas.
Menos calor y menos consumo eléctrico
Aunque todavía se trata de una tecnología en desarrollo, los investigadores consideran que el potencial industrial es elevado. Una de las prioridades del proyecto ha sido precisamente diseñar procesos que puedan escalarse con facilidad para su aplicación industrial.
Si los resultados obtenidos en laboratorio se trasladan con éxito a la producción masiva, los nuevos pigmentos podrían incorporarse en el futuro a fachadas, cubiertas y revestimientos cerámicos destinados a mejorar la eficiencia energética de los edificios.
La ventaja es doble: por un lado, se reducen residuos electrónicos mediante la recuperación de materiales valiosos; por otro, se crean superficies capaces de disminuir la acumulación de calor en las construcciones.
En un verano marcado por temperaturas cada vez más extremas, el desarrollo de soluciones pasivas capaces de mantener los edificios más frescos sin aumentar el consumo eléctrico se ha convertido en una de las principales líneas de innovación de la construcción sostenible. Los azulejos desarrollados en Castellón apuntan precisamente en esa dirección: reutilizar residuos para ayudar a combatir el calor.
