INTERNACIONAL
13/12/2016 18:54 CET | Actualizado 13/12/2016 18:54 CET

Esto es lo que hay detrás de la elección de Rex Tillerson como secretario de Estado de EEUU

Tiene estrechos vínculos con Rusia, es amigo personal del presidente Vladimir Putin y ninguno de los dos oculta estos lazos: el líder ruso le otorgó la medalla de la Orden de la Amistad en 2012. Resulta complicado adivinar que los anteriores datos correspondan al elegido por Donald Trump para ser el nuevo secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, pero así es. Al fin y al cabo, se trata de Trump: todo es una sorpresa con él aunque sus pasos no suelen ser casuales y responden siempre a un objetivo. Y este estaba más que claro: el presidente electo no quiere ni oír hablar del legado que le deja Barack Obama en lo que a Rusia se refiere y pretende acabar con el mal momento por la que pasaban las relaciones entre ambos países. Tillerson es su hombre.

Imagen de archivo de Putin y Tillerson en 2013

La falta de entendimiento entre Obama y Putin ha sido algo más que evidente. En ello ha influido notablemente las discrepancias por la intervención rusa en Siria o el escándalo del supuesto hackeo de las elecciones estadounidense por parte de piratas informáticos rusos, asuntos que han incrementado la herida abierta entre la Casa Blanca y el Kremlin. Pero ahí ha llegado Trump para darle la vuelta al asunto, aunque eso le cueste -más- recelos entre los miembros de su partido, el Republicano.

Rex Tillerson, jefe del gigante petrolero Exxon Mobil, ostentará el cargo de secretario de Estado, equivalente al de ministro de Asuntos Exteriores, pese a que carece de experiencia política. Trump tampoco la tiene, quizá por eso le ha resultado más importante a la hora de decantarse por uno u otro candidato el hecho de que Tillerson cuente con una amplia trayectoria internacional y con contactos en buena parte del mundo. Eso sí, prepárense, porque el elegido por el nuevo presidente de EEUU afrontará un complicado proceso de confirmación en el Senado, donde sus vínculos con Rusia suscitan recelos entre los republicanos.

Varios senadores, como John McCain y Marco Rubio, ya han manifestado su disgusto por la elección de Tillerson al frente de la cartera de Exteriores estadounidense. "No veo cómo se puede ser amigo de un miembro de la KGB", ha dicho McCain en relación al nuevo miembro del gabinete de Trump. El excandidato presidencial ha calificado además a Putin de "asesino", mientras Rubio ha evidenciado también su temor a que la política exterior estadounidense pueda estar en manos de un hombre con una intensa y estrecha relación de negocios con Rusia. "Ser amigo de Putin no es algo que se espera de un secretario de Estado", ha dicho el senador Rubio en su cuenta de Twitter.

Pero nada de esto parece importarle a Trump, que ha acabado con semanas de especulaciones sobre si se decantaría por otros candidatos aspirantes a dirigir la política exterior de EEUU como el exalcalde de Nueva York Rudolph W. Giuliani o el excandidato a la presidencia, Mitt Romney. Cualquiera de estas dos opciones habría sido más sensata para los republicanos, que los habrían ratificado rápidamente, pero el presidente electo ha preferido arriesgar. Empieza una nueva guerra que se suma a la que abrió con el nombramiento de Steve Bannon, reconocido supremacista blanco, como su jefe de Estrategia.

TILLERSON SÍ O SÍ

Pese a los escollos que se encuentre durante el camino, Trump quiere que Tillerson sea sí o sí su responsable de la diplomacia de EEUU. Y es por motivos evidentes. La empresa que ha dirigido, Exxon Mobil, cuenta con miles de millones de dólares en contratos petroleros que sólo pueden salir adelante si EEUU levanta las sanciones contra Rusia. Tillerson ya se ha manifestado públicamente en contra de tales sanciones, que se acrecentaron tras la intervención rusa en Ucrania y que han supuesto un revés en sus intereses comerciales.

Con abundantes cabellos blancos, pobladas cejas oscuras y un marcado acento texano, Tillerson, de 64 años, es un hombre con carisma que se ha mantenido fiel durante toda su carrera a la empresa que ahora lidera, en la que ingresó por primera vez en 1975 como ingeniero civil y de la que planeaba retirarse en 2017, al cumplir 65 años.

Imagen de archivo de Tillerson

Consultadas por el diario The New York Times, personas que han trabajado con Tillerson le han descrito como un líder fuerte que disfruta dando órdenes y de tener la última palabra en las decisiones.

Considerado el vigésimo quinto hombre más poderoso del mundo por la revista Forbes, Tillerson defiende el libre comercio, algo que podría chocar con el proteccionismo de Trump, y durante las primarias republicanas apoyó a un aspirante más moderado, Jeb Bush.

Casado y con cuatro hijos, Tillerson también parece ser más progresista que Trump en lo que se refiere al cambio climático, un problema que ha reconocido como causado por la actividad humana, aunque sin dejar de defender el consumo de combustibles fósiles.

Nacido en 1952 en Wichita Falls (Texas), Tillerson es hijo de un administrador de los Boy Scouts y a menudo recita lemas de esa organización que él llegó a presidir entre 2010 y 2012, un periodo en el que permitió por primera vez que los jóvenes abiertamente homosexuales se unieran a sus filas.

LOS OBJETIVOS DE TILLERSON

Tillerson ha trabajado en varios proyectos de energía con Rusia y ha estrechado vínculos con el director ejecutivo de la petrolera rusa Rosneft, Igor Sechin, quien también es un socio cercano a Putin. "Han tenido reuniones de trabajo. El presidente ha recibido al señor Tillerson en varias ocasiones", ha asegurado Peskov refiriéndose a las relaciones entre el presidente ruso, Vladimir Putin, y Tillerson.

En este cargo, fundamental en el gabinete de la Administración estadounidense, Tillerson tendrá que gestionar las difíciles relaciones entre EEUU y la Rusia de Putin. No sólo Siria o las elecciones en EEUU han separado a ambos países: también ha influido la intervención de Rusia en Crimea y Ucrania, lo que conlleva la aplicación de sanciones comerciales por parte de Estados Unidos.

El Kremlin ya ha elogiado a Rex Tillerson y la decisión de Donald Trump. De hecho, ha definido al magnate petrolero como una persona "muy profesional". No obstante, el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, ha señalado que "hay una gran diferencia entre ser secretario de Estado y director de una empresa".

El presidente electo no ha ocultado en ningún momento sus intenciones de acercar posiciones con Rusia. De hecho, el presidente Putin ha asegurado que está dispuesto a reunirse con Trump "en cualquier momento" aunque ha sugerido que sería más conveniente esperar a que tome posesión de su cargo el próximo 20 de enero.

Y luego está China. China, ese país que Trump le obsesiona y que ya ha supuesto su primer tropiezo diplomático. Y eso que aún no ha jurado el cargo todavía. Cuanto más se acerca el presidente electo a Rusia más se aleja de China.

La diplomacia china ha mostrado ya "su preocupación" ante las declaraciones de Trump, que dijo no sentirse vinculado por el principio de "una sola China" ante la polémica que suscitó su conversación con la presidenta de Taiwan, Tsa Ing Wen. El ministro de Exteriores chino, Wang Yi ha dicho que "no importa que sea la autoridad de Tsai Ing Wen, cualquier otra persona en el mundo o cualquier otra fuerza. Si intentan perjudicar el principio de una sola China y los intereses centrales del país, al final lo que están es levantando una piedra que terminará cayendo sobre sus pies", ha advertido.

A poco más de un mes para la toma de posesión, a Trump le quedan muchas pruebas que superar. Lo que ha quedado claro es que no le importa nada lo que digan los demás. Su última apuesta, la de Tillerson, lo prueba de nuevo.

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