De don Andrés Iniesta a don Ferran Torres: una nueva leyenda para la segunda estrella de España
El valenciano, nacido un 29 de febrero y reconstruido tras tocar fondo en el Barça, remató en el minuto 106 de la prórroga el 1-0 ante Argentina para sellar la segunda estrella de España.

Hay páginas que el fútbol se empeña en escribir dos veces. España ha sido la última protagonista. La primera de esas páginas se escribió un 11 de julio de 2010, en Johannesburgo, en el minuto 116 de un partido en el que todo un país contuvo la respiración. La segunda se ha escrito este domingo, en Nueva Jersey, en el 106 de otra prórroga agónica hasta el pitido final. Las dos acabaron 1-0. Las dos las decidió en la prórroga un jugador de 26 años. En Sudáfrica la leyenda fue don Andrés Iniesta; en Estados Unidos la superestrella fue Ferran Torres.
"El destino estaba escrito", dijo Ferran Torres cuando todo terminó. Su gol, el que hizo vibrar literalmente a todo un país, trasladó a millones de españoles a lo que vivieron en 2010. Entonces, el gol se cocinó desde muy atrás, en una salida por banda derecha de Jesús Navas que se cruzó medio campo hasta que le desviaron del camino los holandeses. El balón lo rescató Iniesta, que con un taconazo jugó con Cesc, el balón quedó de nuevo en los pies de Navas.Y, a partir de ahí, lo que todos tenemos grabado a fuego en la retina: Fernando Torres centra desde la banda izquierda pero el balón se queda corto, Cesc Fábregas la rebaña y abre a la derecha para Andrés, que controla y define con una volea que jamás olvidará el fútbol español.
En Nueva York, el gol también se cocinó desde atrás, en una jugada que define a esta España de Luis de la Fuente, paciente, convencida de su superioridad con balón. Zubimendi, con la manija tras sustituir a Rodri, abre a la banda derecha hacia Lamine, que juega hacia Pedro Porro, extraordinario durante todo el torneo, que pone el balón de primeras en el área, muy pasado, donde Nico Williams cabecea hacia atrás casi desde la línea de fondo y Ferran aparece en el corazón del árean para soltar un zurdazo ante el Dibu Martínez que como dijo tras el partido habían rematado millones de españoles.
El final de la jugada de 2010 la empezó un Torres, Fernando; la de 2026 la terminó otro, Ferran Torres. En Johannesburgo la remató con la derecha de un manchego en el 116; esta, la izquierda de un valenciano en el 106. Ambos goles, por ciertos, marcados en la portería de la izquierda a ojos de los millones de españoles que lo siguieron por televisión. Y hay más: Holanda encaró aquella prórroga con diez por la doble amarilla a Heitinga, y Argentina jugó esta entera con diez por la de Enzo Fernández. El destino, que decía Ferran.
El Tiburón de Foios
El paralelismo tampoco se detiene en la jugada, aunque aquí conviene presentar al héroe: a Iniesta lo conoce España entera; a Ferran, quizá no tanto. Nació un 29 de febrero de 2000 en Foios, en l'Horta Nord valenciana, se crió en la cantera del Valencia y pasó por el Manchester City antes de recalar en el Barça, donde conoció el reverso de la élite: los silbidos y las críticas lo llevaron a tocar fondo, se puso en manos de psicólogos y de aquella reconstrucción salieron el apodo que él mismo se impuso, el Tiburón, y una franqueza sobre la salud mental poco habitual en el fútbol. Un hombre que nació un día que solo existe cada cuatro años estaba obligado a entender que las citas grandes no llegan cuando uno quiere, sino cuando tocan.
Por eso los dos llegaron a su gol desde un túnel. Iniesta, saliendo del año más oscuro de su carrera, entre lesiones y el duelo por la muerte de su gran amigo Dani Jarque, al que dedicó el gol en la camiseta más famosa de la historia del fútbol español. Ferran, tras una temporada señalado: "He sido muy criticado a lo largo del Mundial, pero el destino estaba escrito", dijo tras la final, después de reconocer que este ha sido "un Mundial duro a nivel personal".
Y como Iniesta regaló su gol a Jarque, Ferran repartió el suyo entre todos: "Es el gol de 47 millones de españoles". Ni siquiera la frase del destino le pertenece en exclusiva. "Estaba escrito y ha pasado lo que tenía que pasar", repitió Luis de la Fuente unos minutos después. Un equipo que siempre es un equipo, incluso más allá del pitido final.
Monólogo y sufrimiento, como en Sudáfrica
Las estadísticas de la final dejan claro que la gran noche de España fue un monólogo: 65% de posesión, veinte remates y un sinfín de pases. Y no solo fueron números, sino juego y sensaciones: Argentina se aferró a la final por su tesón y por las paradas de El Dibu, los árbitros anularon un gol a Nico por un ¿pisotón? de Mikel Merino invisible en el área y otro a Ferran, que hubiera cerrado el partido, por medio codo en fuera de juego.
Aun así, fue otra final interminable, como la de Sudáfrica en la que España se encomendó a Casillas. Messi, anulado durante todo el partido por el planteamiento de España, intentó aparecer en los minutos finales con un par de fogonazos. Giuliano Simeone incluso perdonó una ocasión clara en el añadido para forzar los penaltis. Pero el destino estaba escrito para la segunda estrella. Se hizo esperar, sí, pero nadie dijo que fuera a ser fácil contra un equipo que siempre lucha hasta el último gramo de aliento y que juega con el plus de la varita de Messi.
Ese destino de España se empezó a dibujar, quizás, poco antes del show inaugural de la final, cuando fue el propio Iniesta quien sacó y presentó el trofeo de la Copa del Mundo al césped del Metlife. El hombre que firmó el primer capítulo la trajo en las manos; el que iba a firmar el segundo tardó 106 minutos en aparecer.
Dieciséis años, dos prórrogas, dos goles zurdo y diestro, dos estrellas. La leyenda de España se escribe al filo del final: la firmó don Andrés con la derecha y la ha rubricado don Ferran con la izquierda. España ya tiene su segundo Mundial. Ferran ya es eterno.
