Alerta en la industria del metal: el 15% de los hornos europeos ya están parados porque se llevan a China la chatarra
Novelis, el mayor reciclador de aluminio del mundo, alerta de que Europa corre el riesgo de un "declive terminal" si Bruselas no actúa con rapidez.

Que China va acaparando poder político, económico, comercial y militar no es un secreto ni es discutible. Sus datos son impresionantes para muchos, inquietantes para algunos, pero nadie se libra de su influencia creciente y de las consecuencias para casi todos los países y sectores, como en este caso el del metal. El 15% de los hornos están parados y la chatarra se va al gigante asiático.
La industria europea del aluminio está en zona roja. Cerca del 15% de la capacidad de los hornos de reciclaje de la Unión Europea están actualmente fuera de servicio por falta de chatarra, un déficit que ronda los 2 millones de toneladas anuales.
El motivo no es técnico ni coyuntural: la chatarra que Europa recoge y recicla de forma eficiente está saliendo del continente, sobre todo a China y Estados Unidos, para regresar después convertida en aluminio "nuevo", más barato y con ventaja competitiva.
La advertencia llega desde dentro del propio sector. Novelis, el mayor reciclador de aluminio del mundo, alerta de que Europa corre el riesgo de un "declive terminal" si Bruselas no actúa con rapidez. Así lo explica Emilio Braghi, vicepresidente ejecutivo del grupo, en declaraciones al Financial Times: "Hemos perdido producción primaria. Ahora corremos el riesgo de perder también la chatarra de aluminio", ha declarado.
Energía cara, chatarra barata… y fuga del material
El problema tiene varias capas, comenzando por el precio de la energía. Los productores europeos pagan hasta cuatro veces más que algunos de sus competidores internacionales, lo que ha llevado al sector a apostar de forma masiva por el reciclaje, mucho menos intensivo en consumo energético que la producción primaria.
Ese giro encaja con los objetivos climáticos de la Unión Europea, que aspira a alcanzar la neutralidad climática en 2050 y reducir la dependencia de materias primas externas. El reciclaje de aluminio es clave: consume hasta un 95% menos de energía que producir metal primario y permite reducir de forma drástica las emisiones de CO₂.
Pero esa fortaleza se ha convertido en debilidad. Europa recoge mucha chatarra, la clasifica bien y tiene la mejor tecnología, pero no la retiene. Los comerciantes compran ese material y lo exportan allí donde se paga más.
China y Estados Unidos aprietan el mercado
El fenómeno está impulsado en China por una sobrecapacidad industrial subsidiada. Pekín ha animado a sus empresas a invertir en reciclaje para reducir el uso de materias primas vírgenes y las emisiones. El resultado es una competencia desleal, según Braghi: "Puede permitirse pagar precios mucho más altos por la chatarra", ha dicho.
En Estados Unidos, el incentivo es distinto. El presidente Donald Trump ha impuesto aranceles del 50% al aluminio importado, lo que ha empujado a muchas empresas a importar chatarra, sujeta a gravámenes mucho más bajos, para transformarla localmente en metal nuevo.
Mientras tanto, Europa pierde el material que ella misma genera.
Un sistema demasiado eficiente para su propio bien
Los datos ilustran el desequilibrio. Según Novelis, alrededor del 70% de las latas de bebidas en Europa se recolectan, frente a solo el 40% en Estados Unidos. Además, el consumidor europeo está dispuesto a pagar más por productos con alto contenido reciclado, desde automóviles hasta envases, algo que apenas ocurre en otros mercados.
Ese comportamiento responsable tiene un efecto perverso: cuanta más chatarra se recoge, más atractiva resulta para compradores externos, que la absorben a precios superiores.
La asociación European Aluminium pone cifras al problema. El sector del aluminio en Europa factura unos 40.000 millones de euros al año, emplea directamente a 250.000 personas y genera alrededor de un millón de puestos de trabajo indirectos.
Con un 15% de los hornos parados, el riesgo ya no es teórico. Es industrial, laboral y estratégico. Y afecta no solo al aluminio, sino a toda la cadena metalúrgica europea.
Bruselas promete medidas… pero el tiempo corre
La Comisión Europea es consciente del problema. El comisario de Comercio, Maroš Šefčovič, prometió en noviembre limitar las exportaciones de chatarra para garantizar que las industrias europeas puedan acceder a este material "estratégicamente importante" a precios competitivos.
Sobre la mesa hay varias opciones: un impuesto a la exportación, cuotas, u objetivos obligatorios de contenido reciclado dentro del propio mercado europeo. Las propuestas formales llegarán en los próximos meses.
Pero el sector avisa de que el margen de maniobra se estrecha. "No sé cuántos sectores industriales en Europa pueden ofrecer un ecosistema tan desarrollado, con la mejor tecnología y el mejor conocimiento", advierte Braghi, y añade que "si esto fracasa, las consecuencias irán mucho más allá del aluminio y afectarán a los objetivos climáticos del bloque".
