Cuando la Tierra se queda pequeña: Elon Musk fusiona su imperio para poner la IA en órbita
SpaceX absorbe xAI en una operación valorada en más de un billón de dólares con la que el hombre más rico del mundo busca integrar y consolidar infraestructuras de lanzamiento, satélites y computación avanzada.
El hombre más rico del mundo, Elon Musk, ha decidido unir bajo un mismo techo dos de las piezas centrales de su entramado empresarial. SpaceX ha adquirido xAI, la empresa de inteligencia artificial que controla desde 2023, en una operación de la saldría la compañía privada más valiosa del mundo, cuya valoración se estima superior al millón de millones de dólares, construida alrededor de un conglomerado que reunirá infraestructuras de lanzamiento, la red de satélites Starlink y el ecosistema digital formado por Grok y X.
La operación se produce en un momento clave para ambas compañías. Por un lado está SpaceX, que se prepara para su salida a bolsa y que en distintos medios estadounidenses sitúan en torno al próximo mes de junio, con la que Musk aspira a captar cerca de 50.000 millones de dólares. Por otro lado está xAI, que ha tenido que pisar el acelerador en sus inversiones para no quedarse atrás en la carrera por desarrollar modelos de inteligencia artificial, lo que ha llevado a la empresa a buscar nuevas vías de financiación tras cerrar en enero una ronda de 20.000 millones de dólares.
En un mensaje dirigido a todos los empleados de SpaceX y xAI, Elon Musk ha presentado la operación como un paso más en la integración de sus negocios para "crear el motor de innovación integrada más ambicioso que se conoce, dentro y fuera de la Tierra, en la que se concentrará inteligencia artificial, infraestructuras de lanzamiento, conexión a internet vía satélite, comunicaciones directas con dispositivos móviles y la plataforma líder global de la información en tiempo real y de la libertad de expresión”, señala en referencia a la red social X, que se compró hace cuatro años y que está integrada en xAI desde 2025.
En ese mismo texto, el multimillonario que una vez fue parte de la Administración Trump vincula la fusión de ambas compañías a la necesidad de replantearse dónde y cómo se desarrollan las infraestructuras que sostienen la inteligencia artificial. "La demanda de electricidad que requiere la IA ya no puede atenderse desde la Tierra, ni siquiera a corto plazo, sin costes sociales y ambientales", afirma el comunicado antes de defender que el espacio ofrece un entorno más adecuado para escalar esa capacidad a largo plazo.
El planteamiento de Musk pasa por desplegar grandes constelaciones de satélites que tengan la capacidad de operar como centros de datos orbitales, autónomos gracias a la energía solar y con la aspiración de reducir las necesidades de mantenimiento. Según sus cálculos, desplegar cada año una constelación de satélites Starlink, cuyo peso rondaría el millón de toneladas, permitiría añadir hasta 100 gigavatios de capacidad de computación de IA, una cifra muy alejada del alcance que tienen ahora los centros de datos terrestres.
De hecho, la idea de trasladar parte del desarrollo de la inteligencia artificial al espacio ha ganado peso estos meses en el discurso de Elon Musk. Es más, SpaceX ha comunicado recientemente a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos sus planes para desarrollar un sistema de "centros de datos orbitales" que podría llegar a contar con hasta un millón de satélites, una cifra muy superior a los aproximadamente 17.000 que ya orbitan alrededor de la Tierra, según la Agencia Espacial Europea.
El propio Musk ha ligado ese despliegue a las capacidades de Starship, el súpercohete con el que SpaceX trata de multiplicar su capacidad de transporte de grandes cargas al espacio. Una tecnología que no solo permitiría ampliar su constelación de satélites, sino también avanzar hacia objetivos que van más allá de la órbita terrestre: “Las capacidades que desbloquearemos al hacer realidad los centros de datos espaciales permitirán bases autosuficientes en la Luna y, en última instancia, la expansión de la humanidad más allá de la Tierra”, señala el comunicado conjunto de ambas compañías.
La fusión de SpaceX y xAI refuerza una forma de operar que Musk ha empleado en otras etapas de su trayectoria empresarial: tratar sus compañías como piezas intercambiables de un mismo sistema, moviendo capital, tecnología y personal según las necesidades de cada momento. En 2016 utilizó acciones de Tesla para adquirir SolarCity, la compañía de energía solar de la que era accionista mayoritario. El año pasado integró la red social X en xAI con el objetivo de concentrar datos, capacidad de computación y equipos humanos bajo una misma estructura. A diferencia de Tesla, que cotiza en bolsa y está sujeta a obligaciones de transparencia y control por parte de los accionistas, la mayoría de sus empresas son entidades privadas, lo que le permite ejecutar estos movimientos con mayor margen de maniobra y sin rendir cuentas públicas de forma inmediata.
La fusión de SpaceX, uno de los principales contratistas del Gobierno de EEUU, con una empresa de inteligencia artificial a la que investigan por el uso de Grok, ha despertado recelos entre algunos inversores. Según recoge la agencia Reuters, algunos analistas han interpretado la operación como un movimiento en el que pesa más lo financiero que lo industrial y advierten del riesgo de diluir responsabilidades entre compañías con perfiles muy distintos. El mensaje que ha publicado en redes sociales el consejero delegado de la firma de inversión Gerber Kawasaki, Ross Gerber, resume con ironía esa idea: “X se quedó sin dinero. Se fusionó con xAI. xAI se quedó sin dinero. Se fusiona con SpaceX. SpaceX se queda sin dinero. Se fusiona con… Tesla”.
Sin embargo, Daniel Hanson, gestor de Neuberger Berman y responsable de un fondo con una inversión de 200 millones de dólares en SpaceX, considera que la operación puede reforzar la posición competitiva del grupo, aunque no espera que los centros de datos espaciales formen parte del negocio a corto plazo. “Estoy seguro de que han medido tres veces antes de cortar”, señaló a Reuters.
Más allá de las cifras y del discurso futurista de Musk, la operación consolida bajo una misma estructura privada infraestructuras clave de lanzamiento, comunicaciones y desarrollo tecnológico. Un movimiento que, en palabras del dueño de Tesla, no marca “el siguiente capítulo”, sino “el siguiente libro” de su conglomerado de empresas.