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03/12/2016 10:13 CET | Actualizado 03/12/2016 10:13 CET

Las claves de la semana: Abrir los ojos

susanaComo dicen los sociólogos, casi siempre los diagnósticos en los partidos se hacen de parte y no se construyen análisis serios de la sociedad, sino que se fija un relato en el que cada parte se presenta como la solución. Esa es la construcción que una mayoría del PSOE ha hecho del liderazgo de Díaz, un referente orgánico y político con dificultades serias para serlo en una mayoría social joven, urbana y cosmopolita.

Foto: EFE

Se acerca el día. 6 de diciembre. Como cada año, volvemos a donde estuvimos. La misma efeméride, las mismas palabras, los mismos sonidos. Si la Constitución española hubiera sido reformada tantas veces como se nos dijo que urgía, España sería otra España, no invocaríamos en vano el consenso del 78 y la Carta Magna tendría más de un cumpleaños.

Prepárense para la semana que entra porque volverán a oír lo mismo. La que acaba ya apuntaba maneras. Ahora resulta que la Declaración de Granada que impulsó Rubalcaba para una reforma federal es hoy un documento que explorar para el mismo Gobierno que antaño la despreció sin miramientos. ¡Tranquilos! Todo seguirá como sigue. En tiempos de tribulación, mejor no hacer mudanzas, si acaso, cambios mínimos. Y en eso están de acuerdo, Rajoy y Javier Fernández, por mucha portada fabricada a mayor gloria de Sáenz de Santamaría. Si difícil es que entre socialistas se pongan de acuerdo sobre si España debe ser una federación plurinacional, un estado federal o una nación discutida y discutible, mucho más lo es que izquierda y derecha coincidan en qué se debe reformar y hasta dónde deben llegar las correcciones.

El PP da oxígeno a un PSOE en tránsito

Foto: EFE

De momento, el nuevo PP, no el de los Casado, las Levy, los Maroto o los Maillo sino el del Gobierno en minoría, está por dar oxígeno a un PSOE en tránsito: que dicen que hay que reformar la Constitución, lo vemos; que dicen que es suyo el éxito de la subida del SMI, que lo digan; que hay que pulir la Ley Mordaza, que se pula; que hay que cargarse las reválidas, pues nos las cargamos... Todo con tal de rearmar el bipartidismo. El PSOE facilita a Rajoy una mayoría que no le garantiza Ciudadanos, y el PP, a cambio, le concede tiempo para su reconstrucción interna. Y ya si, eso cuando Podemos decida si prefiere el juego del parlamentarismo o el de Tronos, ya se verá quién se queda con la hegemonía de la izquierda. De momento, la actitud de Pablo Iglesias se presenta más como una oportunidad que como un problema para los socialistas. Todo dependerá de cómo jueguen sus propias cartas.

El rearme del bipartidismo

La música del consenso sobre el techo de gasto, el déficit de las Comunidades autónomas y la subida del SMI suena a rearme del bipartidismo, que es lo que Rajoy le ofreció exactamente a Pedro Sánchez tras las elecciones de diciembre y el ex secretario general del PSOE rechazó con aquello de "qué parte del 'no' no ha entendido". Ni la gran coalición, ni un Gobierno de amplio apoyo parlamentario, ni un plan de reformas por consenso. Y él dijo no, no y no, que antes estoy yo y mi supervivencia orgánica que una subida salarial para los trabajadores que menos cobran o el dinero que necesitan las autonomías para atender la sanidad, la educación o la dependencia.

Ya cumplidos los dos meses de dirección interina, el PSOE ha elegido lo segundo: poner sus 85 diputados al servicio de una causa, aunque algunos no tengan claro si ésta es la de los problemas de los españoles o la de hacer de muleta de la derecha. Lo de esta semana ha dado más bien para lo primero que para lo segundo: la mayor subida del SMI en 30 años, 4.000 millones más de liquidez para los gobiernos autonómicos y nuevas reglas de gasto para los ayuntamientos, que no se consensuaron en la mañana del jueves como se contó, sino en la tarde del miércoles en una reunión que Montoro mantuvo como Antonio Hernando en las dependencias del Congreso de los Diputados. Para cuando los medios de comunicación anunciaban a las ocho de la mañana un ultimátum del PSOE con la subida de un 8 por ciento del SMI a cambio de apoyar el techo de gasto, las cifras ya estaban más que estudiadas y acordadas.

Primera semana blanca en Ferraz

De no ser por la meliflua pregunta del portavoz socialista en la sesión de control al Gobierno del miércoles y la encuesta de la Cadena ser, en Ferraz hubieran tenido una semana blanca, y no negra, como acostumbran. La empresa My Word puso negro sobre blanco lo que se percibe más allá de las paredes de la calle Ferraz: que el PSOE tiene un problema de credibilidad; que sus votantes perciben a Podemos como un partido que defiende mejor que el suyo los intereses de los ciudadanos, aunque esto no se traduzca en un trasvase de voto, y que si mañana se celebraran elecciones, perderían la mitad de los apoyos recibidos en junio, además de la primacía de la izquierda. Ahí es nada.

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Pues había más: que Pedro Sánchez es el candidato con más apoyos para tomar las riendas del PSOE entre los votantes de todos los partidos, pero mayoritariamente entre los suyos, seguido de Patxi López, que adelanta en el ranking a Susana Díaz, relegada a la tercera posición. La presidenta de Andalucía es la favorita, pero sólo entre los votantes de la derecha. Lo dice el sondeo de My Word, pero lo saben, aunque callan, muchos en el PSOE. La de Triana tiene serias dificultades para conectar con el voto que los socialistas necesitan recuperar para volver a ser un partido de gobierno. Y eso que esta semana en su intensivo por Bruselas dicen que ahormó un discurso de altura en todos los encuentros políticos de la gira comunitaria con la que ha pretendido intensificar su agenda de aspirante al liderazgo socialista.

Como dicen los sociólogos, casi siempre los diagnósticos en los partidos se hacen de parte y no se construyen análisis serios de la sociedad, sino que se fija un relato en el que cada parte se presenta como la solución. Esa es la construcción que una mayoría del PSOE ha hecho del liderazgo de Díaz, un referente orgánico y político con dificultades serias para serlo en una mayoría social joven, urbana y cosmopolita. "Lo mejor de este país ha venido del PSOE y puede que se quede en un partido pequeño durante años por no entender la sociedad", se lamentaba un estudioso de la demoscopia tras reconocer que la presidenta de Andalucía tiene un problema mayor del que algunos cuadros dirigentes están dispuestos a ver.

La expansión de la "ceguera blanca"

Es como si la "ceguera blanca" de Saramago se hubiera expandido también de manera fulminante también entre los cuadros socialistas. En Ensayo sobre la ceguera, el premio Nobel de Literatura, nos alertó sobre la responsabilidad de tener ojos cuando otros los han perdido, una obligación que, hasta hoy, en el PSOE nadie se atreve a ejercer, aún a sabiendas muchos de que la invidencia mental les puede llevar al destierro.

Prefieren seguir ciegos a la realidad, desacreditar los trabajos demoscópicos y buscar culpables a todos sus males en factores exógenos. Una práctica muy extendida en nuestra política. Si el PSOE cree que la imagen de Susana Díaz responde a apriorismos sobre procedencias geográficas, manías persecutorias o culturas machistas, qué decir de la de Podemos a las críticas que recibió Pablo Iglesias por su desafortunada reflexión sobre la "feminización de la política" y la función cuidadora de las mujeres en la esfera pública.

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La culpa, siempre está en el otro. En el caso de Pablo Iglesias, el otro es un grupo de comunicación que le tiene ojeriza. Parecido a lo del alcalde popular de Alrcorcón, David Pérez, que ha dicho que las feministas son mujeres frustradas y fracasadas. ¡Todo un montaje! ¿Alguien dispuesto a abrir los ojos? Como escribió Saramago, quizá la ceguera también sea esto: vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza.

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