Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
250 años de la independencia de EEUU: la travesía hacia la libertad en plena marejada

250 años de la independencia de EEUU: la travesía hacia la libertad en plena marejada

Los Estados Unidos de América se separaron de Reino Unido el 4 de julio de 1776, cuando las 13 colonias aprobaron su Declaración, un texto de igualdad, derechos y esperanza. Hoy hay dudas y desencanto. Trump tiene buena parte de culpa de ello. 

Una aficionada, entre el público durante el UFC Freedom 250 Fan Fest, el megaevento histórico de artes marciales mixtas, el 14 de junio de 2026, en Washington, DC.
Una aficionada, entre el público durante el UFC Freedom 250 Fan Fest, el megaevento histórico de artes marciales mixtas, el 14 de junio de 2026, en Washington, DC.Matt Ferris / Zuffa LLC

"Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". Hace hoy 250 años que se adoptó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y, con ella, quedó negro sobre blanco uno de los compromisos políticos más formidables de la Historia. Nacía un país que no era fruto ni de conquistas ni de rebeliones, sino del compromiso común con un ideal de convivencia. Sin patrioterismos, con la humanidad y hasta la alegría por bandera. 

Tras aquel 4 de julio de 1776, las palabras míticas de Thomas Jefferson son hoy una realidad sólo en parte. Hay una convicción creciente entre los norteamericanos de retroceso o, cuando menos, de estancamiento. Ahora la libertad, la igualdad y el progreso son anhelos menos alcanzables. Es lo que sienten y afirman los ciudadanos, encuesta tras encuesta. Hay dudas sobre la supervivencia de la democracia como se ha conocido hasta ahora, de la transparencia de los gestores, de la división de poderes, de la justicia social como meta. 

Buena parte de esa inquietud tiene que ver con la crisis general del sistema y las instituciones (un hundimiento de credibilidad generalizado en el mundo), pero también, en concreto, con un hombre, el republicano Donald Trump. Sus políticas, de un presidencialismo asfixiante, han hecho que surjan manifestaciones al grito de "no kings" (reyes no), todo un eco anticolonialista, tres siglos más tarde de aquel evento fundacional. Los fuegos artificiales, los desfiles y las guirnaldas son el oropel del día. Lo serio es el debate que genera la independencia en un país polarizado. 

¿Colonias? Nunca más

Tras un periodo previo de cansancio colonial y, de seguido, de fiebre independentista, fue el 2 de julio de 1776 cuando los delegados de los diferentes territorios de Norteamérica, las 13 colonias, ratificaron una proclama de separación. John Adams, un de los llamados Padres Fundadores, ya se imaginaba esa fecha en todos los libros de Historia... pero no. La que iba a consolidarse era la del 4 de julio porque, tras el éxito de la votación, el Congreso decidió elaborar un comunicado impreso para anunciar a la población que EEUU se convertiría en un país independiente, pero había un problema: las 200 copias que se hicieron salieron de la imprenta del editor John Dunlap dos días más tarde, que la tecnología no era lo que es hoy. Por eso que la Declaración tiene las palabras "En el Congreso, 4 de julio de 1776" en su parte superior y por eso ese es el día de fiesta. 

El proceso de emancipación de las colonias respecto de Reino Unido representó, tanto por sus repercusiones inmediatas como futuras, uno de los hitos más cruciales del tramo final del siglo XVIII, una época bautizada como el Periodo de las Revoluciones. "Las ambiciones de expansión de las potencias de Europa, el auge del pensamiento ilustrado y liberal, junto al descontento de una burguesía que rechazaba seguir subordinada a los privilegios nobiliarios, configuraron un escenario de transformaciones planetarias. En este ecosistema, la sociedad comenzó a resquebrajar los sistemas absolutistas para dar paso a los primeros ensayos de Gobiernos democráticos", explica el americanista Sebastián Moreno.

El rey Jorge III de Reino Unido, que reinó entre 1760 y 1820, por el Estudio de Allan Ramsay, en 1763.
  El rey Jorge III de Reino Unido, que reinó entre 1760 y 1820, por el Estudio de Allan Ramsay, en 1763.National Galleries Of Scotland / Getty Images

Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, el mundo transitaba por una fase de profundas mutaciones estructurales y la insurrección de los territorios americanos se consolidó como uno de los pilares de este ciclo de insurgencia, de norte a sur. "Las demandas fiscales y de control de la corona británica, en concreto, colisionaron directamente con las emergentes corrientes de pensamiento basadas en la libertad individual y el racionalismo", y este choque de posturas resultó "determinante" para encender la mecha de diversos movimientos emancipadores a nivel global, siendo el caso norteamericano el modelo de referencia.

Las poblaciones de los territorios coloniales empezaron a manifestar su rechazo ante las directrices de Londres, que imponía "trabas comerciales y legislativas que asfixiaban su capacidad de autogestión", indica el experto. Esa disconformidad creció al amparo de las doctrinas filosóficas que cruzaban el Atlántico desde Europa, que defendían la equidad ciudadana, la autonomía y la representatividad. Así que, inspirados por esas premisas, los habitantes de las colonias pusieron en tela de juicio la legitimidad del monarca Jorge III y el derecho de la corona a gobernarlos. Empezó su verdadera resistencia. 

"Es una historia de trabajo comunitario fascinante. Conforme escalaba la fricción, los comerciantes y los sectores burgueses locales asumieron la vanguardia del levantamiento. Estas facciones, poseedoras de un notable músculo financiero pero desprovistas de voz en las decisiones del Estado, percibieron la ruptura como la vía idónea para instaurar un modelo político más equitativo", ahonda Moreno. Esta coyuntura de transformación y anhelo de soberanía propició el "escenario perfecto" para que los delegados provinciales coordinaran su separación definitiva de la tutela inglesa.

La imposible presión y el sabotaje del té en Boston

Uno de los detonantes más claros de la insurrección fue la determinación de Londres de aplicar gravámenes económicos a las provincias americanas sin concederles portavoces en el Parlamento británico. "No se les escuchaba, pero sí se les cobraba", resume Moreno. La premisa de que no se debían abonar tributos si no se contaba con representación política se transformó en la consigna de los colonos, que se consideraban desamparados ante una administración lejana. Las medidas que provocaron mayor crispación general fueron las normativas sobre impuestos al azúcar, al timbre y al té.

De ahí procede el célebre Motín del Té de Boston (1773), ese icono de los libros de Sociales. "Fue un episodio que supuso la expresión más radical de aquella indignación -dice el sevillano-. Como protesta frente a las ventajas monopólicas otorgadas a la Compañía Británica de las Indias Orientales, un grupo de colonos, que iban camuflados, abordó las embarcaciones del puerto y arrojó los cargamentos de té al océano. Este desafío directo a las leyes de la corona funcionó como un poderoso símbolo del camino irreversible hacia la desconexión política. Todo al agua, porque ya no nos vale". 

Grabado del Motón del Té de Boston, de 1773.
Grabado del Motón del Té de Boston, de 1773.Picturenow / Universal Images Group via Getty Images

Aquel sabotaje, expone, no sólo agudizó la confrontación con Reino Unido, sino que "amalgamó las diversas posturas de las colonias en un frente común de resistencia". El suceso operó como el "preludio de la guerra" que estallaría un bienio más tarde, demostrando que la población estaba "resuelta a tomar medidas extremas para salvaguardar su autonomía". La posterior réplica de la monarquía, basada en decretos de castigo conocidos como las "Leyes Intolerables", únicamente sirvió para radicalizar las posturas y apresurar la declaración de independencia.

Una declaración modélica

La Declaración de Independencia de 1776 constituye un escrito hermoso y, sobre todo, fundacional, que reconfiguró el devenir de la región y del pensamiento político global. En su contenido se consagraron nociones elementales que han mantenido su vigencia como la condición de igualdad de los ciudadanos y los derechos inherentes a la existencia, la libertad y la búsqueda del bienestar propio.

El texto oficializado el 4 de julio decretó la desvinculación formal de los 13 territorios respecto a la soberanía de la metrópoli. En sus apartados, los firmantes detallaron los agravios sufridos bajo el mandato de Jorge III, como la falta de representación y la tiranía ejercida por la Corona británica, para justificar ante el mundo la decisión de romper los viejos lazos políticos. Más allá de una resolución jurídica, funcionó como un manifiesto filosófico que reflejaba el espíritu de su época, actuando como un faro para futuras revoluciones en diversos continentes. La resonancia de este documento superó rápidamente la geografía estadounidense y pasó a ser estudiado y replicado por otras naciones que pretendían romper amarras con imperios dominantes o Gobiernos totalitarios.

Moreno destaca, sobre todo, la defensa de los "derechos naturales e inalienables": "eso tan famoso de que todos somos iguales y tenemos el derecho de pelear en paz por un futuro mejor nunca se había dicho hasta entonces", expone. También afina la influencia del "contrato social" de John Locke: "el texto se fundamenta en la teoría de que los Gobiernos derivan su poder del consentimiento de los gobernados. Si un Gobierno se vuelve tiránico y destruye estos fines, el pueblo tiene el derecho de alterarlo o abolirlo". Esa base acabó llevando a una nueva nación, "libre e independiente", desligándose de toda lealtad a la Corona. "Muchos de los que hemos dedicado nuestra vida a ese continente, desde luego, llegamos a nuestros estudios enamorados de la Declaración", asume. 

Grabado que representa la firma de la Declaración de Independencia de EEUU, con John Hancock, presidente del Congreso Continental, y dos futuros presidentes, Thomas Jefferson y John Adams, el 4 de julio de 1776.
Grabado sobre la Declaración de Independencia de EEUU, con John Hancock, presidente del Congreso Continental, y dos futuros presidentes, Thomas Jefferson y John Adams, el 4 de julio de 1776.Kean Collection / Archive Photos / Getty Images

Thomas Jefferson, que fue una de las figuras capitales de la fundación del país, asumió una tarea determinante en la redacción de la Proclama de Independencia. Como pluma principal, supo plasmar en el escrito las demandas de libertad que movilizaban a la sociedad colonial frente a las imposiciones de Londres. "Su destreza para formular estos ideales con un lenguaje directo y solemne convirtió al manuscrito en la piedra angular del nuevo Estado", asume el analista.

Jefferson elaboró la versión preliminar del documento en apenas 17 días, una proeza notable considerando la trascendencia de la materia. En las escuela es estudian sus traslados, su encierro, el escritorio construido ex profeso, el debate final. Aunque el texto experimentó enmiendas antes de recibir el visto bueno definitivo del Congreso Continental, el núcleo de su pensamiento permaneció intacto. "Su talento para coordinar las demandas de las colonias y estructurarlas de forma elocuente resultó vital para la aprobación y legitimidad de la declaración". 

Los Padres Fundadores

Junto a la figura de Jefferson, existieron otros líderes que desempeñaron roles de primer orden en el proceso de emancipación. Entre estos referentes destacan personajes de la talla de Benjamin Franklin, John Adams, Alexander Hamilton, John Jay y James Madison. Son los Padres Fundadores. Este colectivo de estadistas aportó su ingenio, dirección política y pericia en las negociaciones exteriores para encauzar a las colonias hacia la soberanía.

Franklin, célebre tanto por su faceta científica como por su agudeza diplomática, se posicionó como un firme promotor de la causa y fue "la pieza clave para granjearse la alianza militar con Francia". París nunca había sido muy amigo de Londres, claro. Su "carisma y capacidad de convicción" lo transformaron en el enviado ideal en el extranjero. Por otro lado, Adams se convirtió en el motor de los debates dentro del Congreso, operando "con tenacidad" para unificar los criterios de las diferentes provincias.

Hamilton, cuya fama posterior se asocia al diseño del engranaje financiero del país, demostró también "un férreo compromiso en el campo de batalla" como miembro del Ejército Continental, otra de las patas fundamentales de un Estado. Finalmente, Jay y Madison, enfocados más tarde en la estructuración de la Constitución (que entraría en vigor en el año 1789), resultaron vitales para "dotar de solidez institucional al nuevo gabinete". En conjunto, estos líderes sentaron los cimientos de la república federal que se mantiene en la actualidad.

El entonces príncipe de Gales y su esposa Camilla observan una escultura de los Padres Fundadores en el Centro Nacional de la Constitución de EEUU, en Filadelfia, en 2007.
El entonces príncipe de Gales y su esposa Camilla observan una escultura de los Padres Fundadores en el Centro Nacional de la Constitución de EEUU, en Filadelfia, en 2007.Ken Goff / Getty Images

Dolores de crecimiento: la guerra

Lógicamente, un levantamiento de semejante magnitud no iba a quedar sin respuesta. La confrontación armada entre los insurgentes americanos y el Imperio británico comenzó formalmente en 1775 y se prolongó hasta el año 1783. Los primeros enfrentamientos se produjeron en las localidades de Lexington y Concord, escenarios donde las milicias locales plantaron cara a los contingentes británicos para frenar el avance de las tropas reales. Estos combates supusieron el punto de no retorno hacia una guerra total que decidiría la soberanía del territorio.

Las escaramuzas iniciales evidenciaron el compromiso y la resistencia de las fuerzas coloniales. A pesar de medirse con una de las maquinarias bélicas más profesionales y mejor dotadas del planeta, las tropas rebeldes consiguieron sostener sus posiciones e "infligir derrotas parciales" al enemigo. "Estos logros tempranos sirvieron para robustecer el ánimo de la población y legitimar la insurrección armada, dando paso a una contienda que alteraría el rumbo de la historia moderna", reconoce el historiador. .

A lo largo del conflicto, los insurgentes optaron por emplear tácticas de guerrilla que descolocaron la rigidez del Ejército británico. En lugar de someterse a las formaciones clásicas y los combates a campo abierto característicos de la época, los locales recurrieron a métodos de combate asimétricos, sacando provecho de su profunda familiaridad con la geografía de la región y de su agilidad de despliegue. Estas maniobras, basadas en emboscadas rápidas y ataques sorpresa, desgastaron progresivamente las líneas de suministro de la metrópoli.

El fin de la guerra de independencia se oficializó el 3 de septiembre de 1783 con la firma del Tratado de París. Mediante este acuerdo, Reino Unido reconoció formalmente a las 13 colonias como los Estados Unidos de América. Por el camino, en 1977, fue adoptada la bandera que hoy conocemos como símbolo nacional, un diseño con 13 franjas rojas y blancas alternadas y 13 estrellas blancas sobre un fondo azul, representando a las colonias originales. Hasta hoy.

George Washington, a caballo, lidera el Ejército Continental estadounidense hacia Nueva York, el 25 de noviembre de 1783, en un grabado de A.H. Ritchie sobre la guerra contra Reino Unido.
George Washington, a caballo, lidera el Ejército Continental estadounidense hacia Nueva York, el 25 de noviembre de 1783, en un grabado de A.H. Ritchie sobre la guerra contra Reino Unido.PhotoQuest / Getty Images

Las claves de la Constitución

El nuevo país echó a andar y empezó a afianzar sus instituciones y sus leyes. La Constitución, la misma que tiene hoy y que lleva unas cinco décadas sin enmienda alguna (ha llegado a tener 27), fue aprobada en 1787 y entró en vigor dos años más tarde. Es una de las Cartas Magnas escritas más antiguas del mundo y se centra, sobre todo, en la soberanía popular: el poder emana de los ciudadanos y no de un monarca. El Gobierno obtiene su legitimidad del consentimiento de los gobernados, nada más. 

Para evitar la concentración de poder, la Constitución divide el Estado en tres ramas independientes: el poder legislativo: Congreso (Senado y Cámara de Representantes), el el ejecutivo (bajo la forma de un presidente) y el judicial (con un Tribunal Supremo y tribunales federales). Dibuja un sistema de controles y contrapesos (conocido como checks and balances) que ha sido copiado por medio mundo. Cada poder puede limitar a los demás para evitar abusos: el presidente puede vetar leyes, el Congreso puede rechazar vetos o destituir cargos mediante un impeachment o juicio político y el TS puede declarar inconstitucionales las leyes.

Con el federalismo como modelo, el poder se reparte entre el Gobierno federal (con sede en Washington, en la Casa Blanca) y los estados (50). Cada nivel tiene competencias propias, lo que permite una amplia autonomía estatal.

Esa es la forma, "funcional y ordenada", que Moreno aplaude. Pero más le gusta el fondo y, en particular, lo que muestran las diez primeras enmiendas, conocidas como Bill of Rights (1791), que garantizan libertades fundamentales como la de expresión y la de prensa, la religiosa, la de reunión y la del juicio justo. 

Las contradicciones de fondo

Una corriente de historiadores cada vez más caudalosa defiende, sin duda, la importancia del hecho histórico que ahora se festeja, pero también las contradicciones a las que se enfrentaron los propios Padres Fundadores. La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) o la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP) advierten de los riesgos de romantizar las cosas, porque da paso al olvido, por ejemplo, del hecho de que de los 56 firmantes que tuvo la Declaración de Independencia, sólo 15 no eran esclavistas. Son las cosas de su tiempo, dicen los más laxos. 

"Aquellos prohombres construyeron los cimientos de su nación sobre ideales ilustrados de libertad e igualdad, mientras mantenían prácticas sociales y económicas radicalmente opuestas y el sometimiento de seres humanos es la más sangrante de ellas", dice la ACLU. Para mantener la unión entre los estados del norte y del sur, toleraron y protegieron legalmente la esclavitud en la Constitución. Una enmienda en 1865 acabó con esta injusticia. El del poético Jefferson es el caso más llamativo, visto lo que parió su pluma: se cree que poseyó a 607 personas negras y mantuvo una relación secreta y larga con su esclava Sally Hemings, una mujer afroamericana con la que concibió al menos seis hijos, todos esclavizados. 

Los principios de soberanía y autodeterminación proclamados por los fundadores tampoco fueron para todos: no se aplicaron a los pueblos nativos. Sus políticas de expansión territorial resultaron en el despojo sistemático de tierras, el desplazamiento forzado y la violencia contra las tribus indígenas, los mal llamados indios. 

En la joven república, el derecho al voto también estaba estrictamente limitado. Inicialmente, sólo los hombres blancos que poseían propiedades podían votar, excluyendo por completo a las mujeres, los afroamericanos y las poblaciones sin bienes raíces. Y también estaba el dinero: muchos de los líderes revolucionarios, como Alexander Hamilton, combatieron la excesiva tributación británica, pero posteriormente diseñaron un sistema fiscal federal que también generó fuertes malestares y rebeliones internas.

Una familia se hace fotos ante una estatua de Thomas Jefferson derribada por unos activista del movimiento Black Lives Matter, el 13 de junio de 2020, en Richmond (Virginia).
Una familia se hace fotos ante una estatua de Thomas Jefferson derribada por unos activista del movimiento Black Lives Matter, el 13 de junio de 2020, en Richmond (Virginia).Andrew Lichtenstein/Corbis via Getty Images)

El ritual unificador en la era Trump

"Porque la bandera sigue siendo la libertad y no pueden quitarte eso", canta Lee Greenwood en God Bless the USA, una de las canciones que no van a faltar en los actos de este 4 de julio. Todos los aniversarios de independencia componen un ritual unificador del país, corran buenos o malos tiempos y mande quien mande, pero este año, con la tensión que añade Donald Trump, la división política pone a prueba la hermandad.  

Con Trump dejando su impronta en la conmemoración oficial, y con su segundo mandato en la Casa Blanca marcado por políticas polarizadoras en materia de inmigración, economía y política exterior, muchos estadounidenses se debaten sobre cómo separar la política de la celebración. La idea misma de celebrar se ha vuelto política y partidista y llama la atención lo generalizado que parece estar el pesimismo en la población.

Trump se ha colocado en el centro de la celebración del aniversario del país, dejando de lado el foco común. El año pasado, creó Freedom 250, una asociación público-privada, para organizar los eventos del aniversario, a pesar de la existencia de America250, una comisión creada por el Congreso que llevaba años planificando actividades. El evento principal de Freedom 250 es la Gran Feria Estatal Americana, una exposición de dos semanas en el National Mall. Trump celebró un mitin de campaña para inaugurar la feria y ofrecerá otro el 4 de julio, lo que ha generado críticas por convertir la celebración nacional en un evento político.

Varios estados gobernados por demócratas y varios artistas musicales se han negado a participar en esos fastos por la preocupación de que la feria estuviera demasiado vinculada al movimiento MAGA. Mientras tanto, la Casa de la Moneda planea emitir una moneda de oro conmemorativa del 250 aniversario... con la imagen de Trump. @Freedom 250 no es un proyecto nacional. Es un proyecto nacionalista cristiano blanco con fines comerciales y Trump en el centro", denuncia el Partido Demócrata. 

Michael Scherer, un analista político indispensable en EEUU, ha publicado un polémico artículo en The Atlantic en el que, directamente, sostiene que esta es "una fea batalla de cumpleaños de EEUU". Señala a Trump por desviar los focos y la atención a su persona -"toma de control multifacética", en sus palabras-, precisamente cuando su popularidad está en mínimos, entre el 34 y el 36%. Durante un año, ha estado examinando cómo avanzaba la programación de este aniversario y el rechazo a las maneras y decisiones es alto, constata. Ahí están el desfile militar a la norcoteana a mayor gloria del mandatario o el espectáculo de artes marciales en la Casa Blanca por su 80º cumpleaños. 

El periodista y analista Tim Dickinson, en The Contrarian, va más allá de las celebraciones y evalúa el contexto político. Se muestra perplejo ante los grandes avances sociales logrados por su país en 250 años apenas y, más aún, por el intento de la derecha ultra "de organizar una 'segunda revolución estadounidense' (...) para retroceder en el tiempo". Por supuesto, reconoce que no todo ha sido azúcar en la historia reciente de su país, de la guerra de Vietnam al frenazo en derechos civiles de la era de Ronald Reagan, cita. "Y, sin embargo, al menos hasta la llegada de Trump a la escena nacional, la larga trayectoria del universo moral estadounidense parecía seguir inclinándose hacia la justicia". Ya no cree que esa nación inclusiva sea la meta. 

"Trump construyó su movimiento al permitir que sus seguidores adoptaran prejuicios que habían sido reprimidos, no reformados. Para los seguidores de MAGA, EEUU es menos una idea que una identidad excluyente, reservada para quienes defienden las antiguas jerarquías que privilegian a los hombres blancos y los protegen de la competencia de personas más talentosas que no se parecen a ellos", denuncia.

"Para MAGA, EEUU es menos una idea que una identidad excluyente, reservada a quienes defienden las antiguas jerarquías que privilegian a los blancos y los protegen de la competencia de personas más talentosas que no se les parecen"

Frente a eso, el autor -una firma mítica de Rolling Stone- plantea "una nueva (bueno, una vieja) actualización de la declaración de derechos" de Franklin Delano Roosevelt. Se va a 1944 para rescatar el plan y cambiarle algunas cosillas: "Propuso que los estadounidenses tuvieran garantizado un empleo digno, un salario justo, una vivienda decente, atención médica adecuada y protección contra los abusos de los monopolios. Si sustituimos 'multimillonarios', esa agenda del New Deal parece idónea para los desafíos de nuestra era moderna. A sus 250 años, tal vez sea el momento de retomar lo que Roosevelt defendió hace 80 años: igualdad no sólo ante la sociedad o la ley, sino también "'igualdad en la búsqueda de la felicidad'".

El boxeador Justin Gaethje conversa con el presidente de EEUU, Donald Trump, durante la pelea en el evento UFC Freedom 250, en la Casa Blanca, el 14 de junio de 2026.
El boxeador Justin Gaethje conversa con el presidente de EEUU, Donald Trump, durante la pelea en el evento UFC Freedom 250, en la Casa Blanca, el 14 de junio de 2026.Chris Unger / Zuffa LLC / Getty Images

Lo que dice la calle

Es la filosofía que inspira las protestas contra el rey Trump, que empezaron en junio de 2025 y se han ido manteniendo de forma esporádica en EEUU, contra el creciente poder del presidente. Todos sus predecesores ensancharon sus competencias y atribuciones, pero el magnate está estirando las costuras dibujadas hace dos siglos y medio como pocos antes: ha intentado impedir que un nacido en USA sea norteamericano, saca a la Guardia Nacional contra los civiles para aplicar las redadas del ICE, presiona a los jueces, persigue a sus críticos con el Departamento de Justicia en avalancha, ejecuta políticas a base de órdenes y decretos, complica el comercio con socios de toda la vida... 

Tabitha Dell'Angelo, una la profesora universitaria de 56 años y exmiembro demócrata de la junta escolar en el condado de Bucks, explica a la agencia Reuters ese sentir. "Amo a mi país. Soy una estadounidense orgullosa, pero esta celebración no se siente como una celebración de EEUU, sino una celebración de Trump". Por eso, esta vez no habrá fiesta para ella. No está de humor cuando se vetan libros, se difunden noticias falsas sobre un fraude electoral que no es o se obliga a vender una versión de la historia limitada, argumenta.

"Amo a mi país. Soy una estadounidense orgullosa, pero esta celebración no se siente como una celebración de EEUU, sino una celebración de Trump"

Doreen Stratton, activista y escritora de Doylestown, cuyo tatarabuelo fue uno de los pocos residentes negros libres que vivían en 1776 en Filadelfia -considerada la cuna de EEUU- teme que años de progreso, especialmente para los afroamericanos, se estén estancando bajo la Administración Trump, que ha revertido algunas protecciones de derechos civiles para las minorías. "Casi lo veo como si estuviera de luto", afirma a la agencia británica sobre el 4 de julio. Su país ha pasado de sinónimo de sueños de libertad a trumpismo.

Estos días, la prensa norteamericana se ha llenado de encuestas que rezuman desencanto. IPSOS desvela que uno de cada cinco ciudadanos no va a festejar el aniversario, por redondo que sea, un porcentaje que se eleva casi al 25% de los demócratas pero que cosecha un 8% también entre los republicanos. Va en consonancia con el sondeo de Gallup en el que sólo un 31% de los jóvenes se siente "muy o extremadamente orgulloso" de ser norteamericano, cuando en 2015 el dato era del 78%. Otro 77% más cree que los Padres Fundadores no estarían hoy contentos con sus descendientes. 

Miles Rios, de dos años y residente en Arcadia, corre por la exhibición 'Campo del Honor' sobre la guerra de Vietnam en Los Ángeles (California), el jueves 25 de mayo de 2016.
Miles Rios, de dos años y residente en Arcadia, corre por la exhibición 'Campo del Honor' sobre la guerra de Vietnam en Los Ángeles (California), el jueves 25 de mayo de 2016.Sarah Reingewirtz / MediaNews Group / Pasadena Star-News via Getty Images

Cuando se le pregunta a los ciudadanos qué les hace sentir orgullosos de su nación, destacan, en este orden, las libertades fundamentales conquistadas (35%), la diversidad de su población (28%), las oportunidades individuales si se trabaja duro (24%), la resiliencia (19%) y la capacidad de unión ante las crisis (18%). Hay un 4% de personas que no se enorgullecen de nada. 

Del trabajo de campo de Gallup y de IPSOS se extrae además la común conclusión de que los ciudadanos quieren que este 4 de julio tan especial sirva sobre todo para la "reflexión" sobre la situación actual del país. Entre el orgullo y la preocupación, quieren respuestas a los grandes problemas, que son la reforma del sistema electoral, más transparencia institucional o más garantías de los derechos básicos para todos, para empezar. Si tuvieran que pedir un deseo, los norteamericanos apuestan por lograr la unidad nacional y superar la polarización. John Hancock, el presidente de aquel Congreso Continental, ya avisó de esos peligros en los albores del levantamiento: "Debemos permanecer unidos o, sin duda, seremos ahorcados por separado".

"El precio de la libertad es la vigilancia eterna"

El Pew Research Center sostiene, por su parte, que el 69% de los norteamericanos no están satisfechos con la situación actual del país y un 59%, que los mejores días de EEUU como potencia mundial han pasado. El centro afirma que estamos ante los niveles de confianza en la nación más bajos en 25 años, con un 51% de pesimistas en el futuro, en buena parte por las grietas internas que los separan. 

Cuando se cumplen esos 250 años de apuesta por la vida, la libertad y la felicidad, EEUU celebra, pero contiene el aliento. Lo dijo Jefferson: "El precio de la libertad es la vigilancia eterna". Nadie puede, hoy, darla por sentada.  

MOSTRAR BIOGRAFíA

Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

!
Los comentarios de esta noticia están cerrados
Rellena tu nombre y apellidos para poder comentar
completa tus datos
!
Comenta con respeto, tu opinión se publicará con nombres y apellidos