Científicos descubren que el Atlántico estaba 10 veces más caliente de lo normal cuando las tormentas arrasaron España este invierno
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Científicos descubren que el Atlántico estaba 10 veces más caliente de lo normal cuando las tormentas arrasaron España este invierno

Las fuertes tormentas que golpearon la península desde inicio de año tienen un origen claro y una solución muy complicada.

Costa atlántica de PortugalGetty Images

Una nueva investigación apunta a que las tormentas que golpearon con fuerza a España y Portugal este invierno no fueron solo un episodio meteorológico extremo, sino el reflejo de un océano profundamente alterado. 

Según científicos internacionales, el Atlántico presentaba temperaturas anormalmente elevadas —hasta diez veces más probables debido al cambio climático— cuando una sucesión de temporales provocó inundaciones masivas en la Península Ibérica.

Entre mediados de enero y febrero, nueve tormentas encadenadas dejaron un balance devastador con seis fallecidos en Portugal, más de 12.000 evacuados en España y por supuesto enormes daños materiales en ambos países.

El impacto económico también ha sido notable. España ha movilizado unos 7.000 millones de euros en ayudas, mientras que Portugal estima pérdidas cercanas a los 6.000 millones, lo que supone más del 1,5% de su PIB.

Lluvias más intensas en un clima más cálido

El análisis fue realizado por el grupo científico World Weather Attribution, especializado en estudiar la influencia del cambio climático en fenómenos extremos.

El equipo examinó dos episodios concretos de lluvias intensas:

  • Uno en el noroeste de España y Portugal
  • Otro en el sur de la Península y el norte de Marruecos

Los resultados muestran un aumento significativo en la intensidad de las precipitaciones, con casi un 40% más de lo esperado en el norte y un 30% en el sur. En términos simples, los días más lluviosos ahora descargan aproximadamente un tercio más de agua que antes de que las emisiones humanas calentaran el planeta.

Para medir el impacto del cambio climático, los científicos compararon simulaciones del clima actual con escenarios sin calentamiento global. En el norte, los modelos fueron claros: las lluvias extremas son hoy más intensas debido a la influencia humana.

El papel del Atlántico

Uno de los factores más decisivos fue la temperatura del océano. Las tormentas estuvieron alimentadas por un fenómeno conocido como río atmosférico: una corriente de aire cargada de humedad que transporta vapor de agua a grandes distancias.

En este caso, el sistema atravesó una zona del Atlántico excepcionalmente cálida. Ese calor permitió que absorbiera más humedad antes de alcanzar tierra.

El resultado:

  • Más vapor en la atmósfera
  • Mayor carga de agua en las nubes
  • Lluvias más intensas al tocar suelo

Según los investigadores, esta ola de calor marina era diez veces más probable en el contexto del cambio climático actual que en una situación normal.

Tormentas encadenadas

Además, un patrón atmosférico persistente —una zona de alta presión que desvió las corrientes de aire— contribuyó a que las borrascas se sucedieran sin tregua durante semanas.

Este tipo de bloqueo:

  • Canaliza tormentas hacia una misma región
  • Prolonga los episodios de lluvia
  • Incrementa el riesgo de inundaciones

Los científicos aún investigan si el calentamiento global está aumentando la frecuencia de estos patrones.

Menos víctimas, pero grandes pérdidas

A pesar de la magnitud del fenómeno, el número de fallecidos —49 en total entre España, Portugal y Marruecos— fue relativamente bajo.

Esto se debió en gran medida a los sistemas de alerta temprana, las evacuaciones preventivas y a la mejor preparación ante emergencias climáticas que existen en la actualidad.

Sin embargo, estas medidas no pueden proteger infraestructuras ni economías, ya que las consecuencias pueden ser devastadores en cuanto a viviendas destruidas, cultivos arrasados e infraestructuras colapsadas, que ocasionaron un caos generalizado.

En Portugal, por ejemplo, una de las principales carreteras se hundió durante una tormenta y su reparación llevará semanas.

Un riesgo que va más allá de las personas

Expertos del Centro Climático de la Cruz Roja subrayan que, aunque las evacuaciones salvan vidas, no eliminan el riesgo estructural. Se puede apartar a la población del peligro, pero no a las casas, ni carreteras, ni lugares de trabajo ni tampoco el patrimonio cultural.

A medida que el océano continúa calentándose, episodios como el de este invierno podrían volverse más frecuentes, recordando que la verdadera vulnerabilidad no siempre está en las personas, sino en el entorno que las sostiene.

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