Cuba vuelve poco a poco de otro apagón total: luz en hospitales y oscuridad en miles de hogares
La isla logra reactivar parte del sistema eléctrico tras su séptimo colapso en año y medio, pero la crisis energética sigue golpeando con cortes de hasta 48 horas y un creciente malestar social
Cuba intenta volver a la normalidad, pero lo hace a medias. Tras sufrir su segundo apagón nacional en apenas una semana -y el séptimo en año y medio-, la isla ha comenzado a recuperar el suministro eléctrico de forma progresiva, aunque todavía muy lejos de una recuperación total.
Las autoridades han logrado reactivar varias centrales térmicas clave, entre ellas algunas de las más importantes del país, lo que ha permitido reconectar gran parte del sistema eléctrico nacional.
De hecho, el servicio ya vuelve a funcionar, al menos parcialmente, en buena parte del territorio, desde el extremo occidental hasta el oriente de la isla. Sin embargo, aún quedan zonas completamente desconectadas, como Guantánamo, donde se depende de sistemas aislados para cubrir servicios básicos. Una situación que no deja de ser complicada, pese a las "buenas" noticias.
En La Habana, la capital y uno de los puntos más sensibles, la electricidad ha regresado a cerca del 70 % de los clientes. Pero el dato es engañoso si no se contextualiza: la prioridad se ha centrado en hospitales, sistemas de agua y servicios esenciales, mientras miles de hogares siguen a oscuras y decenas de circuitos continúan pendientes de recuperación. Si, pero no.
Un proceso más que complejo
El proceso de reconexión no es inmediato ni sencillo. Para levantar el sistema eléctrico, los técnicos tienen que reconstruirlo prácticamente desde cero, creando pequeñas "islas" de generación con energías más fáciles de activar, como solar o motores, que poco a poco se van conectando entre sí hasta reactivar las grandes centrales. Es un proceso lento, delicado y vulnerable a nuevos fallos.
Y ese es precisamente el problema de fondo: la fragilidad del sistema. El apagón se produjo tras una avería en una central térmica que desencadenó un efecto en cadena, dejando sin servicio a buena parte del país. Un patrón que se repite cada vez con más frecuencia en una red eléctrica envejecida y sobrecargada.
Pero la crisis no es solo técnica. También es energética y política. La falta de combustible, agravada por las restricciones a la importación de petróleo, ha dejado a muchos generadores fuera de servicio, limitando la capacidad de respuesta del sistema. El resultado es una situación crítica que ya se venía arrastrando: cortes diarios de hasta 15 horas en la capital y apagones que superan las 48 horas en otras provincias.
La paciencia se va acabando
En este contexto, la paciencia de la población empieza a agotarse. En los últimos días se han registrado protestas en distintos puntos del país, especialmente en La Habana, y una manifestación en Morón que terminó con detenidos. La electricidad, más que un servicio, se ha convertido en el termómetro de una crisis que va mucho más allá de la luz.
Mientras tanto, Cuba avanza en una recuperación parcial que alivia, pero no resuelve. Porque aunque la corriente vuelva poco a poco, el problema sigue ahí: un sistema al límite que amenaza con apagarse de nuevo en cualquier momento.