Dientes, dientes: Trump responde con una sonrisa burlona a sus abucheos en la final de la NBA
El presidente de EEUU recibió más pitos que los San Antonio Spurs, los rivales de la noche de los New York Knicks locales.
Ni la nostalgia, ni el regreso de unas Finales de la NBA a la Gran Manzana tras 27 años de sequía, ni una racha histórica de 13 victorias consecutivas. Nada de eso pudo frenar lo que ya se ha convertido en el momento más viral (y tenso) del año en el mundo del deporte.
El Madison Square Garden dictó sentencia esta madrugada y su veredicto fue unánime: un sonoro, atronador y monumental abucheo a Donald Trump. El mandatario estadounidense hizo acto de presencia en el icónico pabellón neoyorquino para presenciar el tercer asalto de las Finales entre los New York Knicks y los San Antonio Spurs y sólo recibió abucheos. Y eso que también es neoyorquino. Su respuesta fue una sonrisa burlona, a lo "dientes, dientes".
Trump, que acudía como invitado VIP de James Dolan -dueño de la franquicia y conocido simpatizante republicano-, se convirtió formalmente en el primer presidente en funciones de la historia de EEUU en asistir a un partido de las Finales de la NBA. Sin embargo, los honores históricos duraron muy poco. El punto álgido de la tensión llegó justo antes del salto inicial. En el momento en que la realización del estadio mostró la figura de Trump en las pantallas gigantes del pabellón, coincidiendo con los prolegómenos del himno nacional, el Madison Square Garden estalló.
Lo que debía ser un momento de solemnidad patriótica se transformó en una ensordecedora tormenta de abucheos, pitidos y gestos de desaprobación de una grada visiblemente molesta. "Es un capullo. Ni siquiera le gusta el baloncesto. Por supuesto que lo he abucheado en cuanto lo he visto en la pantalla", declaraba a pie de calle un aficionado neoyorquino visiblemente indignado, reflejando el sentir generalizado de una ciudad mayoritariamente demócrata que sintió la visita como una provocación política en medio de su gran fiesta deportiva.
El 'gafe' presidencial: adiós a la racha y caos en las calles
La indignación de los neoyorquinos no solo venía motivada por la ideología. Horas antes del encuentro, el Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) se vio obligado a desplegar un dispositivo de seguridad sin precedentes para blindar las inmediaciones del Madison Square Garden. ¿La consecuencia? Las autoridades cancelaron por completo las tradicionales zonas de reunión y fiestas callejeras organizadas para que los miles de aficionados sin entrada pudieran empujar a su equipo desde fuera.
Obligados a desplazarse a eventos alternativos en Central Park o Brooklyn, o directamente a hacinarse en las aceras mirando el móvil, muchos neoyorquinos ya preveían el desastre: "Si los Knicks pierden, la culpa es de Trump por arruinar el ambiente", comentaban en las redes.
Y el "gafe" se cumplió. En la pista, los Knicks se mostraron imprecisos, descuidados y superados por la presión. Los San Antonio Spurs de un colosal Victor Wembanyama (32 puntos) y Stephon Castle (23 puntos) asaltaron Nueva York ganando por un ajustado 115-111. El equipo tejano no solo recortó distancias en las Finales (que ahora dominan los Knicks por 2-1), sino que fulminó de un plumazo la histórica racha de 13 victorias consecutivas que arrastraban los de la Gran Manzana en estos playoffs.
Políticos demócratas de la ciudad no tardaron en reaccionar al polémico desembarco del presidente. El líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes y ferviente seguidor de los Knicks, Hakeem Jeffries, fue tajante en declaraciones a la CNN: "¿Por qué Donald Trump siempre tiene que arruinar las cosas buenas? Literalmente, los Knicks no jugaban unas Finales en 27 años. La ciudad estaba intentando celebrar esto, hemos abrazado a este equipo, y este tipo tiene que venir a inyectarse en medio".
Trump logró lo que quería, su foto histórica en el templo del baloncesto, pero a cambio se llevó la música que Nueva York reserva para sus peores enemigos: un abucheo que se escuchó desde Manhattan hasta el Bronx.
La entrada del alcalde
Precisamente otro político demócrata fue también protagonista de la noche, pero por otro motivo. Se trata del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien explicó que estuvo en el pabellón tras haber pagado su propia entrada. "Compré mis tickets por casi 1.000 dólares", reveló el lunes por la mañana. "Y estaré de pie durante todo el partido", añadió.
El dinero es lo que ha escocido también a muchos aficionados, porque era muy muy difícil conseguirlas a ese precio nominal, disparada como estaba la demanda. "¿Dónde puede el público conseguir ese descuento? El alcalde Mamdani dice esto como si él mismo se hubiera gastado una fortuna en su entrada. ¡Ayer la entrada más barata que vi directamente del MSG costaba como 3700!", escribió un aficionado en redes sociales. "No. Ni de cerca. Ni siquiera puede ser honesto sobre algo tan absurdo como una entrada de baloncesto con precio excesivo", añadió otro. "No, necesito saber en qué número de cola estabas", reclamaba un tercero, poco confiado.
Otros, por supuesto, no ven sombra de sospecha alguna. "Opinión radical: creo que estaría bien que el alcalde de una ciudad recibiera entradas gratis para un gran evento deportivo en el que participe su ciudad", añadió otro usuario. Es, al fin, el jefe.