El ataque a un navío iraní al comienzo de la guerra amenaza ahora un bosque de manglares protegido por la UNESCO: "El vertido de petróleo puede alterar el ecosistema durante décadas"
Aunque no existen cifras oficiales sobre la magnitud exacta del derrame, algunas estimaciones apuntan a que podrían ser unas cantidades elevadísimas.
El ataque contra un buque iraní al inicio del actual conflicto en la región no solo tuvo consecuencias militares inmediatas: semanas después, sus efectos se están trasladando al terreno ambiental. Un vertido de petróleo que no deja de expandirse amenaza ahora uno de los ecosistemas más valiosos del Golfo Pérsico, una zona protegida por la UNESCO y clave tanto para la biodiversidad como para la economía local.
Durante más de un mes, una mancha de crudo pesado ha permanecido a la deriva en el estrecho de Khuran, entre la costa de Irán y la isla de Qeshm. El origen está en el "Shahid Bagheri", un buque reconvertido para uso militar que fue alcanzado por fuerzas estadounidenses en los primeros compases de la guerra. Desde entonces, permanece encallado en aguas poco profundas, filtrando combustible de forma constante.
Aunque no existen cifras oficiales sobre la magnitud exacta del derrame, algunas estimaciones apuntan a que podría ser considerable. El propio diseño del barco sugiere que tenía una gran capacidad de almacenamiento, lo que aumenta la preocupación sobre el volumen total de hidrocarburos liberados.
Un vertido que no se dispersa, sino que persiste
El seguimiento por satélite ha permitido trazar la evolución de la mancha. Las imágenes muestran cómo el petróleo se desplaza lentamente hacia el oeste, impulsado por corrientes que conectan el océano Índico con el Golfo. A mediados de marzo, ya se había extendido decenas de kilómetros, y las lluvias posteriores han contribuido a mezclarlo con sedimentos, complicando aún más su comportamiento.
Sin embargo, el problema no es solo su expansión, sino su persistencia. A diferencia de otros vertidos más ligeros, el petróleo pesado tiende a no evaporarse ni disolverse fácilmente. En lugar de desaparecer, se fragmenta, se hunde parcialmente y acaba acumulándose en el fondo marino.
Expertos como Nina Noelle, de Greenpeace, advierten de que las corrientes en esa zona son variables, lo que impide prever con claridad hacia dónde se dirigirá el vertido. Esto genera una situación de incertidumbre: el petróleo no se aleja definitivamente, sino que circula dentro de un área relativamente acotada, aumentando el riesgo de impacto prolongado.
Un ecosistema único en peligro
El mayor temor se centra en los manglares del estrecho de Khuran, un enclave reconocido internacionalmente por su valor ecológico. Se trata del mayor bosque de manglares del Golfo Pérsico, un entramado de canales y vegetación adaptada a la salinidad que sirve de refugio y zona de cría para numerosas especies.
Allí conviven peces, crustáceos, aves como garzas o flamencos, y especies amenazadas como la tortuga verde. Este equilibrio, ya de por sí delicado, podría romperse si el petróleo alcanza de lleno la zona.
Un impacto que puede durar décadas
El riesgo no es solo inmediato. Según especialistas como Martin Zimmer, del Centro Leibniz de Investigación Marina Tropical, los efectos de un vertido de estas características pueden prolongarse durante décadas. El crudo pesado se adhiere a raíces, sedimentos y superficies, dificultando procesos básicos como el intercambio de oxígeno.
Cuando las raíces de los manglares quedan cubiertas, su capacidad para respirar se reduce drásticamente, lo que puede provocar la muerte de grandes extensiones de vegetación. A su vez, esto afecta a toda la cadena ecológica: menos manglares implican menos zonas de desove, menos peces y, en consecuencia, un golpe directo a la biodiversidad.
Además, estos ecosistemas desempeñan un papel clave como sumideros de carbono. Alterarlos supone liberar parte del CO₂ almacenado y debilitar una barrera natural frente al cambio climático.
Consecuencias humanas invisibles
Más allá del impacto ambiental, hay una dimensión social que a menudo pasa desapercibida. En la región viven decenas de miles de personas repartidas en pequeñas comunidades costeras, muchas de las cuales dependen casi exclusivamente de la pesca.
Si el vertido daña los manglares, las capturas podrían reducirse drásticamente, afectando a medios de vida ya vulnerables. A esto se suma el riesgo de contaminación del agua, tanto marina como subterránea, lo que podría comprometer el acceso a recursos básicos durante años.
Un riesgo que no ha terminado
El caso del "Shahid Bagheri" no es necesariamente un episodio aislado. La historia reciente de la región, desde la Guerra del Golfo de 1991 hasta los enfrentamientos actuales, demuestra que los conflictos armados suelen ir acompañados de desastres ambientales de gran escala.
Analistas y organizaciones como The Conflict and Environment Observatory advierten de que otros buques dañados podrían liberar sustancias peligrosas en cualquier momento. No solo petróleo, sino también compuestos tóxicos persistentes, metales pesados y contaminantes que permanecen en el entorno durante décadas.
En este contexto, el vertido en el estrecho de Khuran podría ser solo el principio. Y, como subrayan varios expertos, la verdadera dimensión del daño —tanto ecológico como humano— probablemente no se conocerá hasta dentro de años.