El 'juguete' de 33.000 millones que Trump ha enviado a Oriente Medio: el USS Abraham Lincoln es más rápido que un coche y más letal que un ejército entero
Este monstruo de los mares tiene 333 metros, que no le impide alcanzar los 35 nudos y un poder militar valorado en 33.000 millones, incluidos cazas F-35.

Un portaaviones nuclear estadounidense, escoltado por tres buques de guerra, ha entrado en Oriente Medio en un momento de máxima tensión regional. Mientras Irán afronta protestas continuadas que, según estimaciones citadas por Time, habrían dejado decenas de miles de muertos, Washington ha decidido exhibir músculo militar. El protagonista es el USS Abraham Lincoln, uno de los mayores buques de guerra jamás construidos.
El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó en la red social X que el portaaviones está "actualmente desplegado en Oriente Medio para promover la seguridad y la estabilidad regional".
Pocos días antes, el presidente Donald Trump justificó el envío de barcos “por si acaso”, tras advertir de que EEUU estaba "armado y listo" para proteger a los manifestantes iraníes.
Detrás de esa frase hay algo más que retórica: un sistema de armas flotante valorado en unos 33.000 millones de dólares (unos 27.400 millones de euros), capaz de proyectar poder militar a cientos de kilómetros sin pisar tierra firme.
Uno de los mayores buques de guerra del mundo
El USS Abraham Lincoln pertenece a la clase Nimitz, el núcleo duro de la flota estadounidense de portaaviones nucleares. Son buques de 333 metros de eslora, con un desplazamiento cercano a 100.000 toneladas, diseñados para operar durante décadas sin repostar combustible nuclear.
Estados Unidos dispone actualmente de diez portaaviones de este tipo, cada uno concebido como una base aérea móvil. En el caso del Abraham Lincoln, puede embarcar hasta 65 aeronaves, además de sistemas de defensa propios y el apoyo de su grupo de escolta.
Su velocidad máxima alcanza los 35 nudos, unos 65 kilómetros por hora, más que suficiente para dejar atrás a muchos coches en carretera. A bordo viven y trabajan unas 5.600 personas, entre tripulación y personal aéreo: una pequeña ciudad flotante.
Cazas, misiles y defensa antiaérea
La principal arma del portaaviones no está en su casco, sino en su cubierta. El USS Abraham Lincoln opera aviones capaces de atacar objetivos aéreos y terrestres, lo que le permite intervenir en conflictos sin depender de bases aliadas.
Entre sus escuadrones figuran:
- El F-35 Lightning II, caza de quinta generación con capacidad furtiva.
- Los F/A-18 Super Hornet, columna vertebral de la aviación naval estadounidense.
Estas aeronaves permiten realizar ataques de precisión, misiones de superioridad aérea y operaciones de vigilancia a gran distancia.
Pero el portaaviones también se protege a sí mismo. Los buques de la clase Nimitz pueden ir equipados con:
- Misiles Sea Sparrow de la OTAN, diseñados para defensa antiaérea.
- El sistema Phalanx CIWS, un cañón automático guiado por radar que dispara miles de proyectiles por minuto contra misiles entrantes.
- El sistema de misiles RAM, un arma supersónica de tipo "dispara y olvida" desarrollada por RTX.
Guerra electrónica y protección submarina
El USS Abraham Lincoln no solo se defiende de amenazas aéreas. Según bases de datos militares especializadas, puede llevar sistemas como el AN/SLQ-25A Nixie, un señuelo acústico que engaña a torpedos submarinos desviándolos del buque.
Además, está equipado con radares avanzados que permiten:
- Detectar y seguir amenazas cercanas.
- Gestionar el tráfico aéreo en su cubierta.
- Guiar misiles y coordinar la defensa del grupo naval.
A esto se suman helicópteros SH-60 Seahawk y hasta nueve escuadrones aéreos, lo que convierte al portaaviones en una plataforma integral de combate, vigilancia y disuasión.
Un mensaje político más que militar
Aunque su capacidad destructiva es enorme, el despliegue del USS Abraham Lincoln tiene un objetivo claro: enviar un mensaje. En un contexto de protestas internas en Irán y de creciente inestabilidad regional, Washington recurre a uno de sus símbolos de poder más reconocibles.
Un solo portaaviones de la clase Nimitz puede hacer más daño que el ejército completo de muchos países medianos, sin necesidad de cruzar fronteras ni declarar una guerra formal. Por eso, más allá de su tecnología, el Abraham Lincoln funciona como una advertencia flotante.
