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¿Qué está pasando en Irán? Las claves de una protesta que traspasa lo económico

¿Qué está pasando en Irán? Las claves de una protesta que traspasa lo económico

El desplome del rial y la elevada inflación han sacado a las calles a los comerciantes en las mayores manifestaciones en tres años. El ansia de libertad frente a los ayatolás se contagia de esta lucha y revive, pese a la represión implacable. 

Protestas en las calles de Teherán (Irán) publicadas en redes sociales, pese al corte de comunicaciones decretado por los ayatolás, el 3 de enero de 2026.
Protestas en las calles de Teherán (Irán) publicadas en redes sociales, pese al corte de comunicaciones decretado por los ayatolás, el 3 de enero de 2026.YOUTUBE

Irán es una olla a presión. Pese a que el régimen de los ayatolás mantiene una importante base de apoyos, 47 años después de la Revolución Islámica, las costuras del totalitarismo estallan cada poco. El líder supremo, Ali Jamenei, no consigue reprimir, pese a su dureza, a los ciudadanos que claman por derechos humanos básicos, por libertad, por democracia. 

Ahora, hay un nuevo brote de protestas tanto en la capital, Teherán, como en otras ciudades del país, por el deterioro de la situación económica, el desplome del rial -la moneda local- y la elevada inflación. Muchos iraníes se encuentran en dificultades para llegar a fin de mes y eso azuza el descontento con la respuesta insuficiente del Gobierno, atrapado por las sanciones internacionales

El resultado son las mayores manifestaciones en el país en tres años, tras las generadas por el asesinato a manos de la Policía de la Moral de la joven Mahsa Amini, apaleada por no llevar el velo puesto como mandan los islamistas. Entonces, fue el movimiento Mujer, vida, libertad el que aglutinó a todos los descontentos, con el pelo al aire de las iraníes por bandera. Ahora son las cosas de comer. La grieta por la que entra la luz de la rebeldía, respondida con mano dura por la dictadura: ya van, al menos, 45 manifestantes asesinados, según la ONG Iran Human Rights (IHRNGO), radicada en Oslo (Noruega). 

Por el principio: de dónde vienen las protestas

A finales del mes pasado, comenzaron a vivirse las primeras protestas organizadas en los bazares de Teherán, con la crisis económica como raíz: el país arrastra una inflación anual superior al 42 % y una inflación punto a punto que en diciembre superó el 52 % respecto al mismo mes del año anterior, marcada por las severas represalias de Estados Unidos y la ONU contra el país por sus investigaciones nucleares, esas que ahora no se sabe en qué punto están tras los ataques del verano por parte de Israel y EEUU. 

"Irán ha sido saqueado y ya no existe como tal. El 40% de los activos del sistema bancario iraní existen sobre el papel, pero no en la realidad. El crecimiento económico del país es cero", declaró el economista Saeed Laylaz dos días antes de que estallaran las primeras manifestaciones callejeras, cita la BBC. En una entrevista con el medio Khabar Online, aseguró que "la República Islámica de Irán ha llegado a su nivel más bajo de legitimidad y está corrompida", por lo que "serían necesarias medidas gigantescas para resolver los problemas económicos".

El director del Banco Central ha sido reemplazado y se espera que su nuevo sucesor tecnócrata pueda resolver el problema de la fluctuación, pero hasta que eso ocurra, si ocurre, Irán seguirá bajo sanciones y sin poder vender su petróleo a una amplia gama de clientes. Complicado de superar. 

Ese movimiento de protesta se ha extendido con los días, ya entrado enero, a todo el país, incluyendo entornos más rurales, ciudades más pequeñas, hasta cien. Para empeorar la situación, la decisión del banco central, la semana pasada, de poner fin a un programa que permitía a algunos importadores acceder a dólares estadounidenses más baratos que el resto del mercado, generó que los comerciantes aumentaran los precios, aumentando el resentimiento. 

La marea, sin líderes ni coordinación, se ha ido tornando más violento a medida que las protestas económicas se han ido entrelazando con las políticas, siempre a flor de piel. Ha habido serios enfrentamientos entre civiles y militares y policías, pero es difícil verificar el alcance de la represión, en un entorno absolutamente controlado por el régimen. 

"Esto se ve diferente porque se trata del poder adquisitivo de la gente y la gente realmente no puede permitirse nada", dijo un residente de Teherán de 30 años que habló con la cadena norteamericana CNN bajo condición de anonimato. "Los precios siguen subiendo casi hora tras hora, pero nadie sabe cómo terminará esto… Todos están preocupados", resume.

El coste de productos básicos como el aceite de cocina y el pollo se dispararon drásticamente de la noche a la mañana y algunos productos han desaparecido por completo de las tiendas. La volatilidad llevó a los comerciantes a cerrar sus negocios, una medida nada habitual para un grupo tradicionalmente partidario de la República Islámica. Tras los primeros días de protestas y violencia, el Gobierno -de tendencia reformista dentro de lo reformista que se puede ser-, intentó aliviar la presión ofreciendo subsidios directos en efectivo (casi siete euros al mes), reconociendo al mismo tiempo que no puede resolver la crisis por sí mismo. "No debemos esperar que el Gobierno se encargue de todo esto solo", dijo el presidente Masoud Pezeshkian en un discurso televisado, el lunes pasado.

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, en una imagen de archivo.Morteza Nikoubazl / Reuters

La mancha de aceite

Como una mancha de aceite, las manifestaciones se han ido extendiendo y las multitudes ha empezado a incendiar las calles y a corear lemas como "Muerte a Jamenei", que no se escuchaban desde las mayores movilizaciones por la kurda Amini. Los civiles están desafiando directamente al líder supremo de Irán, quien ostenta la máxima autoridad sobre los asuntos religiosos y estatales de la nación, todo a la vez. 

Se han dado casos literalmente sangrantes que han enfadado aún más a los ciudadanos, como el traslado de varios manifestantes heridos a un hospital, donde las fuerzas de seguridad irrumpieron poco después y se los llevaran a rastras, arrestados. Es un incidente que ha provocado una condena generalizada por parte de grupos de derechos humanos y ha llevado al Gobierno a prometer una investigación, en un raro gesto. Países occidentales como Francia y alianzas como la Unión Europea han pedido, a la luz de estos hechos, moderación a las autoridades iraníes. Ha ocurrido en Ilam, una ciudad del oeste del país, uno de los epicentros de las protestas.

La agencia de noticias iraní Fars, afiliada al Estado, informó que 950 agentes de Policía y 60 miembros de la fuerza paramilitar Basij resultaron heridos en las protestas, principalmente en enfrentamientos con "alborotadores", en las provincias occidentales: iban "equipados con armas de fuego y granadas", denuncia. 

IHRNGO sostiene que, muertos aparte, son ya 2.000 al menos los detenidos en estas dos semanas. De muchos de ellos se desconoce en este momento la prisión o comisaría en que se encuentran y su estado de salud. 

Por qué esto es diferente

Los iraníes llevan años tratando de escapar del yugo del régimen, jugándose en la calle la libertad y la vida por reclamar derechos. En 1999, en 2009, en 2023 y 24... Sin embargo, esta vez hay algunos factores que hacen las protestas diferentes. 

A saber: 

  • Esta vez, los comerciantes del Gran Bazar de Teherán, una fuerza poderosa para el cambio en la historia de Irán y considerada leal al régimen, son los iniciaron las protestas. La duradera alianza entre los comerciantes del bazar y el clero en Irán ha hecho que los comerciantes desempeñen un papel crucial como actores clave en la historia del país. Fue su apoyo a esos mismos clérigos lo que finalmente contribuyó al éxito de la Revolución Islámica de 1979, proporcionando a los rebeldes un respaldo financiero que condujo a la caída del Sha de Persia, Mohamed Reza Pahlavi.
  • Además, está el llamado "estado de suspensión". Tras la reciente Guerra de los 12 días, Irán se encuentra en una situación de "pausa", con amplios sectores de la sociedad y del propio Gobierno están a la espera de un gran acontecimiento, mientras en la práctica no se actúa ni se toman decisiones. En un contexto de crecientes amenazas externas, su debilidad es mayor. Y la población, desde aquel ataque, lleva encima una enorme losa de ansiedad por si puede repetirse. Además de los objetivos atómicos, hubo pérdidas entre los civiles que nunca han salido a la luz. 
  • De hecho, el presidente de EEUU, Donald Trump, ha amenazado a los ayatolás con atacar el país de nuevo si siguen reprimiendo a los manifestantes. Si Irán "asesinara violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, Estados Unidos acudiría en su ayuda", publicó en redes sociales. Jamenei ha acusado a los manifestantes de actuar en nombre de la Casa Blanca, afirmando que  no tolerará que la gente actúe como "mercenarios de extranjeros". El líder supremo iraní ha instado así a Trump a "concentrarse en los problemas de su país".
  • No es desdeñable que, de entonces a ahora, ha perdido también a su aliado más poderoso, parte de esos aliados proxy de la región: Hezbolá, muy dañado por Israel en su territorio, Líbano, y huérfano de amparo tras la marcha del dictador Bachar el Assad de Siria, en diciembre de 2024. 
  • También hay que tener en cuenta la variable de la "monarquía", como la llama el analista político Navid Kalahroudi. Sostiene que durante el movimiento de Mahsa Amini todos los grupos opositores se presentaron como actores en la escena política, mientras que en las protestas actuales se han replegado. En este contexto, ha aparecido un nuevo rostro, el del hijo y príncipe heredero del Sha, Reza Pahlavi, que ha vivido toda su vida en el exilio. Junto a sus partidarios, se presentan como los principales aspirantes y alternativa a los clérigos y el comportamiento del propio régimen sugiere que considera al sucesor del sha en el exilio como su principal amenaza, rival y potencial reemplazo. Aún así, hay muchos grupos opositores que no lo avalan como un líder unificador, o no por ahora. Se han escuchado cánticos a favor de la monarquía en videos de las manifestaciones, pero se desconoce el alcance del apoyo monárquico en todo el país.
  • Tras las protestas por la muerte de Amini, se han intensificado las posturas radicales en la sociedad y distintos sectores sociales, incluidos los artistas, se han visto obligados a trazar líneas claras de separación con el Gobierno. Es un sentimiento muy asentado. La nueva generación, especialmente los estudiantes, no se siente vinculada ni al reformismo ni al conservadurismo, y la incapacidad de Pezeshkian para resolver los problemas ha transformado las últimas esperanzas de mejora en desaliento.

El papel del régimen

Durante su campaña, Pezeshkian se posicionó como defensor de la clase trabajadora, prometiendo alivio económico mediante una menor intervención gubernamental en el mercado de divisas, al tiempo que culpaba a las sanciones estadounidenses, la corrupción y la excesiva impresión de dinero.

Pero la corrupción, la mala gestión de los fondos y la convergencia de problemas ambientales y un liderazgo estancado tienen al Gobierno al borde del colapso. Más de un año después de su elección, la misma clase trabajadora que prometió proteger y la clase media que constituye la columna vertebral de la sociedad iraní, están pasando apuros.

Ahora se ha quedado prácticamente aislado, como ha intentado que estén sus ciudadanos del mundo exterior: las autoridades bloquearon Internet para frenar las protestas en expansión, con llamadas telefónicas que no llegaban al país, vuelos cancelados y sitios web de noticias iraníes que se actualizan sólo de forma intermitente.

El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, durante el 36º aniversario de la muerte del líder de la Revolución Islámica de Irán de 1979, Ruhollah Khomeini, el 4 de junio de 2025.Office of the Iranian Supreme Leader / WANA (West Asia News Agency) / Reuters

Las autoridades, por un lado, siguen afirmando que las protestas por la economía son legítimas y serán atendidas mediante el diálogo, poco a poco, mientras que responden con gases lacrimógenos y cargas violentas contra quienes consideran alborotadores de injerencia externa.

Pezeshkian ha ordenado a las fuerzas de seguridad que no actúen contra manifestantes pacíficos, si bien reclamó que se actúe contra los implicados en "disturbios", tal y como desveló el vicepresidente iraní, Mohamad Yafar Gaempaná, quien apeló a que haya "distinción" entre los manifestantes y los implicados en actos de violencia.

Ya ha pasado por estos levantamientos antes y, por ahora, siempre ha salido victorioso, por su enorme aparato represor. Los opositores, en el exilio, en la cárcel o muertos, pueden hacer poco. Sin embargo, el descontento generalizado pone de manifiesto las profundas crisis que enfrenta la autoridad iraní. Habrá que esperar a la evolución de esta nueva marea verde. 

MOSTRAR BIOGRAFíA

Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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