La guerra desbarata los planes de calma y negocios del Golfo: quedan la soledad y la incertidumbre
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La guerra desbarata los planes de calma y negocios del Golfo: quedan la soledad y la incertidumbre

Arabia Saudí, Emiratos, Qatar, Kuwait, Baréin... Eran paraísos de estabilidad hasta que comenzaron los ataques de Irán. La burbuja se ha roto, con la falsa garantía de seguridad de EEUU o la ilusión de que Teherán los respetaría. ¿Qué espera ahora?

Vista de los daños causados ​​por un dron kamikaze de Irán que impactó varios edificios, entre ellos un hotel, en Manama (Baréin), el 1 de marzo de 2026.Anadolu via Getty Images

En buena parte de los países del Golfo Pérsico hay embriagadoras coincidencias: el calor, la amabilidad hasta el extremo, la fiabilidad y calidad de los servicios, la efervescencia comercial, hasta el lujo. También hay algunas más dolorosas, como las violaciones de ciertos derechos humanos y libertades. Pero, por encima de todo ello, estaban la seguridad y la estabilidad, la certeza de que allí todo puede ir bien, sin alteraciones, como si no estuvieran en el rincón caliente del mapa en el que están. 

Sin embargo, los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán han roto esa calma, que no era un espejismo, porque el espacio de convivencia es real, pero sí una burbuja. Lejos de visiones occidentales de que, claro, en Oriente Medio ya se sabe cómo acaban siempre las cosas, queda la certeza de que, de nuevo, la falta de voluntad política y el cumplimiento del derecho internacional para resolver problemas viejos en la zona ha llevado a una crisis formidable. Eso, y los intereses personalistas de Donald Trump y Benjamin Netanyahu.  

Esta escalada es nueva y es mayor, tiene más actores, más extensión y más aristas que otras. Y eso ha desbaratado los esfuerzos de los estados de la región por proteger a sus poblaciones y sus economías. Su soledad geopolítica ha quedado en evidencia: ni estaban tan protegidos por el amigo americano en cuestiones defensivas ni habían alcanzado el nivel de respeto por parte de los ayatolás como para no ser tocados. Y así están, evaluando daños y a verlas venir, mientras las negociaciones de paz encallan. 

Lo nunca visto

En la Guerra de los 12 Días de junio de 2025, Irán sólo se atrevió a disparar contra bases norteamericanas en Irak y en Qatar de forma limitada, casi como un aviso a navegantes. Podían devolver el golpe si querían, venían a decir. Ahora, en cambio, desde que comenzó la operación Furia Épica, el 28 de febrero pasado, el régimen de los ayatolás tenía claro que debía atacar no sólo los intereses de EEUU en la zona, sino dianas jugosas de estos países. También, incluso, aunque fueran civiles, lo cual se cataloga como un crimen de guerra. 

A las pocas horas, comenzaron a llegar noticias de ataques a instalaciones defensivas, pero también a infraestructura energética crítica (refinerías, plantas petroquímicas, gasísticas y redes eléctricas), buques comerciales (al menos 21), embajadas aeropuertos, oficinas, zonas residenciales... No se ha salvado ni un país. El Armed Conflict Location & Event Data Project (Proyecto de datos sobre la ubicación y los eventos de conflictos armados o ACLED) señala que, a 8 de abril, el saldo era de 660 incidentes, que han dejado al menos 41 muertos. 

Emiratos Árabes es el país más atacado y el que ha sufrido el mayor número de impactos efectivos, mientras que Kuwait registró el mayor número de víctimas. Omán, que mantiene estrechos canales diplomáticos con Teherán, fue el menos atacado. Las cosas habían mejorado en estos días: la proporción de ataques interceptados aumentó del 46% de la primera semana a más del 70%, "lo que refleja una menor cantidad de ataques y una mayor previsibilidad de los objetivos iraníes". 

Vista satelital del aeropuerto internacional de Dubái tras el incendio de un tanque de combustible provocado por un ataque con dron iraní, el 16 de marzo de 2026.Gallo Images / USGS / NASA Landsat data processed by Orbital Horizon / Getty

El resultado de esta presión ha sido la salida de miles de trabajadores internacionales, en su mayoría de sectores financieros y tecnológicos, que ya no se sentían seguros, además del desvío o anulación de vuelos, cuando Dubái y Doha, por ejemplo, sirven como puertas de enlace cruciales entre Europa, Asia, África y Oceanía, más cancelaciones de paquetes turísticos ya comprometidos. "Las vacaciones en la playa se vuelven más difíciles de vender tras semanas de alertas por misiles", resume Reuters. Y está la fatiga del sistema de alerta aérea para intentar proteger sus propiedades. Pérdidas por un lado, gasto por otro.

La guerra también ha desestabilizado el impulso del Golfo por posicionarse como un centro global para la inteligencia artificial y la infraestructura de datos. Los centros de datos y las empresas tecnológicas han sido el objetivo claro y los fabricantes de chips y las empresas de computación en la nube, al sopesar la energía barata frente al riesgo geopolítico, pueden decidir asumir otros precios más altos, pero en lugares a salvo.

Están las personas, por supuesto: si el modelo económico del Golfo depende de persuadir a los profesionales para que se establezcan en estas naciones, que compren en comercios locales, eduquen a sus hijos en colegios privados e inviertan en bienes raíces, todo tiembla ahora. La gente se está marchando. Los grupos de WhatsApp de expatriados y los mercados en línea están repletos de ofertas de venta. Permanente o temporal, quién sabe. 

Pero en lo económico, por encima de todo, pesa que, durante 40 días, y aún hoy, se ha interrumpido o ralentizado en extremo el paso en uno de los corredores de transporte marítimo y energético más importantes del mundo, por donde pasaba antes de la guerra el 20% del crudo del mundo, disparando los costes de los seguros y obligando a los buques comerciales a detener o desviar su tráfico por la región. La actividad portuaria en el Golfo se ha ralentizado drásticamente, incluso en importantes centros logísticos como Jebel Ali en Dubái, ya que las navieras retrasan o suspenden las escalas y las cadenas de suministro globales se adaptan al creciente riesgo. 

Según el Middle East Institute (Instituto de Oriente Medio, MEI) de Washington, el bloqueo "ha detenido unos 15 millones de barriles diarios de envíos de crudo" y apenas ha pasado entre un 2 y un 5% del petróleo habitual, en los mejores días. "No está saliendo ningún gas natural licuado" de Qatar por el Estrecho y su recuperación tardará "entre tres y cinco años" para volver a niveles previos. Kuwait Petroleum explica que "el reinicio completo de la producción tomaría meses", debido al proceso escalonado: cargar crudo desde reservas, reactivar pozos, mover combustible a refinerías y reiniciar petroquímicas. En este país, hasta las transacciones inmobiliarias han bajado más de un 33%, aporta el MEI.

Las previsiones de los expertos de Oxford Institute Energy, viendo los daños que han sufrido algunas plantas de gas bombardeadas durante estas semanas, es que la normalidad total no se recuperará hasta 2030. Eso, si hay productivas negociaciones de paz en algún momento. 

El buque granelero Albina, anclado en el puerto Sultan Qaboos de Mascate (Omán), el 22 de marzo de 2026, a causa del bloqueo parcial de Ormuz.Elke Scholiers / Getty Images

Una estrategia por los suelos

Son abundantes los comentarios de quienes viven en estas naciones sobre lo bien que han reaccionado las autoridades ante lo desconocido (no hay más que ver las redes sociales) pero eso no evita que se hayan visto desbordados, porque se les hace trizas una estrategia de décadas por ser lo que eran, un epicentro del dinero, un destino turístico al alza, una meca del deporte, un nido para probar nuevas energías o tecnologías. 

"Los estados del Golfo han buscado protegerse de los ciclos de conflicto de la región mediante una combinación de diversificación económica, diálogo diplomático y alianzas de seguridad cuidadosamente gestionadas. Dicha estrategia se basaba en tres pilares: la confianza en las garantías de seguridad estadounidenses, un acercamiento prudente a Irán y la expansión de los lazos económicos con Israel. La guerra está revelando la fragilidad de los cimientos de estos tres pilares", expone Sanam Vakil, directora del programa de Oriente Medio y Norte de África en Chatham House, un tanque de pensamiento londinense. 

La especialista sostiene en un análisis publicado por su think tank que los países del Golfo llevaban mucho tiempo tratando de desligarse de la economía del petróleo para divertificarse, y que lo estaban consiguiendo. Cita los proyectos Visión 2030 de Arabia o el papel de los Emiratos como "centro global de aviación y logística", pero todo depende de la estabilidad. "La guerra amenaza precisamente la reputación que estos estados han cultivado durante años". 

Añadían una apuesta más: los llamados Acuerdos de Abraham, un invento de Jared Kushner, el yerno de Trump, que apostaba por recomponer las relaciones entre los estados árabes e Israel, con los intercambios económicos como base, que incluía inversiones millonarias como consolación para los palestinos, mientras esperaban en la cuneta su estado y sus derechos. Actualmente, hay cuatro firmantes de esos pactos: Emiratos, Baréin, Sudán y Marruecos. 

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras firmar los Acuerdos de Abraham en Washington, el 15 de septiembre de 2020.Tom Brenner / Reuters

No obstante, los contactos eran intensos para se sumara el Golfo y, sobre todo, Arabia, que podía generar un efecto arrastre sobre los demás. El proceso quedó frenado por los ataques terroristas de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el genocidio posterior de Israel, pero se mantenía latente. Si la paz en Gaza se lograba (hoy se mantiene un teórico alto el fuego, mientras entra ayuda humanitaria a cuentagotas, no salen ni enfermos y la reconstrucción no ha comenzado), se podía ir a unos Abraham II. Todo eso queda ahora complicado de nuevo, tanto por las complicaciones de los ataques iraníes como las de los israelíes en Líbano, supuestamente hermanos árabes. 

En lo defensivo, también se les hunde el plan. Durante décadas han confiado no sólo en sus compras de armamento y material (altas y de calidad, como se puede ver con lo que le han encargado a España, por ejemplo), sino, sobre todo, en el paraguas norteamericano. La mayor garantía. Son el suelo de decenas de bases del Pentágono, tienen acuerdos militares preferentes para compra de material de primera y cooperan hasta en entrenamientos. Pero eso no ha servido ante los misiles y drones de Irán. 

"La confrontación actual también revela la asimetría inherente a este acuerdo. Cuando Washington intensifica las tensiones con Irán o apoya las operaciones militares israelíes, lo hace en función de sus propios cálculos estratégicos. Los Estados del Golfo, en cambio, deben afrontar las consecuencias que ahora afectan a sus ciudades, ciudadanos, economías e infraestructuras", sostiene la Vakil. Una postura que desconocemos cómo hubiera sido de estar otro presidente en la Casa Blanca pero que, con este, es transparente: todo depende de la transaccionalidad, de los intereses y los negocios. La decepción en el Golfo debe ser grande. Una verdad incómoda. 

Y otra más: el chasco de saber que, pese a los esfuerzos hechos con la República Islámica, tampoco en Teherán los han respetado. El acercamiento entre Arabia Saudí e Irán, mediado por China en 2023, fue un reflejo del esfuerzo de toda la región, con pasos más o menos públicos, para "reducir las tensiones y evitar la confrontación directa" con los ayatolás. Emiratos había reabierto los canales diplomáticos bilaterales, mientras que Qatar y Omán han mantenido el diálogo con funcionarios iraníes. 

No ha sido suficiente. En un momento de rabia, cuando se imponen los radicales, cuando la meta es la supervivencia del sistema instaurado en 1979, ha ganado la violencia, el reproche por ser plataformas norteamericanas y el ataque hasta a 14 países. El Golfo no ha quedado aislado, porque ni unos los han descartado ni los otros los han protegido. 

Un hombre sostiene un cartel con la imagen del líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, durante una manifestación antiestadounidense, el 22 de marzo de 2026, en Teherán.Majid Asgaripour / WANA (West Asia News Agency) via REUTERS

Siguen los mismos

En el caso de Irán, se suma que, si no cambian las cosas, al mando siguen los mismos, esto es, los que han atacado a los países del Golfo. Trump y Netanyahu prometieron un cambio de régimen, pero no, ha habido un magnicidio y una sucesión, ahora capitanea el país Mojtaba Jamenei (aunque se teme que su estado de salud sea precario) y se impone, dicen las inteligencias occidentales, una camarilla radical, no más flexible ni negociadora. 

Eso quiere decir que en aguas del Pérsico seguirá vigente la amenaza de que se cierre Ormuz y, con eso, retorne el caos comercial y energético, el desabastecimiento o la inflación, o todo a la vez. 

Lo explica Allison Minor, directora del Proyecto para la Integración de Oriente Medio del Atlantic Council norteamericano. Según la que fuera exdirectora de asuntos de la península Arábiga en el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU durante la primera Administración Trump, los ataques en el Golfo que estamos viendo de forma esporádica aún tras el anuncio del alto el fuego y que dan tan mala espina podrían ser consecuencia de "problemas persistentes de mando y control iraníes". Sin embargo, esta realidad "envía señales preocupantes sobre el nuevo umbral para la negación plausible de ataques iraníes". O sea, sobre la voluntad y las apuestas. 

Resulta "aún más preocupante" el hecho de que Irán mantenga el control efectivo del estrecho mientras inicia las negociaciones, como ha garantizado que seguirá haciendo, con su Ejército como supervisor de todo. "Para los países del Golfo, esta peligrosa nueva normalidad significa que Irán podrá mantener una soga alrededor de sus economías de forma indefinida", señala Minor en un dossier facilitado por su tanque de pensamiento.

"Para los países del Golfo, esta peligrosa nueva normalidad significa que Irán podrá mantener una soga alrededor de sus economías de forma indefinida"

Esa espada de Damocles es el centro de un intenso debate en estas semanas sobre si estas naciones quieren o no la paz. Por supuesto, que cesen las armas es lo que desea todo el mundo pero ¿ya? ¿En qué condiciones? ¿Con qué conquistas o cesiones? Sulaiman Al-Hattlan, presentador del programa The Arab Talks en Sky News Arabia y de gran influencia en la zona, ha escrito una columna en el Washington Post en la que manifiesta, desde el terreno, sus miedos a que no haya un cierre claro en el "día después". 

"Una declaración prematura de victoria estadounidense corre el riesgo de dejar a las naciones del Golfo expuestas a un vecino resentido y envalentonado, que ya ha demostrado su disposición a escalar mucho más allá de los límites convencionales. La imprevisibilidad de Trump agrava esta inquietud. Su historial sugiere que es un líder que trata la guerra menos como un compromiso estratégico sostenido que como un espectáculo político: un escenario donde declarar el triunfo, independientemente de si las amenazas subyacentes se han resuelto o no", reconoce.

No sabe qué pasaría con Ormuz, con las reservas de 450 kilos de uranio enriquecido al 60% (que es la base para una hipotética arma atómica), con los silos de misiles de largo alcance o las órdenes de la poderosa Guardia Revolucionaria moviendo a milicias armadas en la región. "A pesar de haber ejercido una notable moderación, el Golfo no puede permitirse un resultado inconcluso", previene. Como mínimo, cualquier acuerdo de paz duradero debe abordar las causas fundamentales de la inestabilidad, que a su entender son "el programa nuclear iraní, su creciente arsenal de misiles y drones y su uso reiterado de puntos estratégicos marítimos como instrumentos de presión". 

Pero va más allá y recuerda que estamos ante algo más grande, "un choque de modelos" en Oriente Medio, el de la apertura y el de la represión, el del progreso y el de la cerrazón, a su entender. Concluye que no apoya la sugerencia de Trump de borrar una civilización de la faz de la tierra pero sí "la neutralización decisiva de los riesgos y amenazas que plantea Irán, en interés del pueblo iraní y sus vecinos, y en aras de la seguridad y la estabilidad globales". 

Un edificio dañado por un ataque con dron iraní, tras los ataques aéreos de Israel y EEUU contra Irán, en Juffair, Manama (Baréin), 1 de marzo de 2026.Hamad I Mohammed / Reuters

Tres maneras de verlo

Omar H. Rahman, miembro del Middle East Council on Global AffairsMiddle East Council on Global Affairs (Consejo de Oriente Medio sobre Asuntos Globales), con sede en Qatar, expone en otro análisis que se puede hablar de tres posturas en la región, al hilo justamente del razonamiento de Al-Hattlan. "La primera es una estrategia de contención, reflejada con mayor claridad en Qatar y Omán", dice. Se base en la condena enérgica a los ataques, pero enfatizando los peligros de una escalada y pidiendo que actúe la diplomacia. Se ha criticado a Israel por arrastrar a los demás países a la guerra, por agigantar su poder regional, y hasta asumen que Irán devuelva el golpe para subsistir. "Desde esta perspectiva, entrar en la guerra solo agravaría el dilema de seguridad del Golfo", resume.

Luego están los que "se inclinan hacia la escalada", representado principalmente por los Emiratos. Son muchos los ataques recibidos y varios altos funcionarios han manifestado "la disposición de su país a unirse a los esfuerzos militares para confrontar a Teherán", al menos para liberar Ormuz, "y lograr un resultado decisivo que ya no se limite a contener las amenazas de Irán". Creen que deben alinearse más con Washington y Tel Aviv y saben que tienen un poderío para resistir mayor que otros vecinos. 

En el tercer caso estarían los ambiguos, como Arabia Kuwait y, "en cierta medida", Baréin. "Han evitado alinearse públicamente con la escalada o la contención, pero parecen estar facilitando discretamente las operaciones estadounidenses", destaca el autor. Funcionarios occidentales e israelíes han declarado que estos líderes apoyan en privado la presión militar continua sobre Teherán. Por sí mismos no van a buscar la guerra con Irán, por descontado. "En cualquier caso, su silencio podría perjudicarles, ya que permite que otros definan la narrativa de su participación y las implicaciones que de ella se derivan".

Qué pueden hacer para salir y mejorar

Esa es la radiografía pero, ¿qué se puede hacer para recomponerse y salir a flote? El análisis de Chatham House se apuesta por más integración defensiva entre los estados para cuando vengan mal dadas (mañana o pasado mañana o nunca), una mejora en los sistemas de alerta temprana y de protección aérea (para lo que ya están en contacto con Ucrania, país que se ha entrenado a base de sangre por el uso de drones iraníes por parte de su ocupante, Rusia) y más cooperación en seguridad marítima. 

Entre los pasos concretos que se pueden dar, está la reducción de la dependencia del estrecho de Ormuz prácticamente a cero, con un cambio masivo y coordinado hacia los puertos del Golfo de Omán, el mar Rojo y el mar Arábigo.

Mediante la expansión de oleoductos y redes de transporte hacia centros como Yanbu, en Arabia, Fujairah en los Emiratos, y Salalah y Duqm en Omán, el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) puede "reducir significativamente" su adicción a Ormuz, tambnién. Como ha demostrado la crisis actual, la verdadera soberanía económica hoy en día se mide por el número de puntos de salida que controla un país. 

Horizonte de Dubái (Emiratos Árabes Unidos), en una imagen de archivo.Getty Images

En lo energético, se pueden utilizar las aún abundantes reservas de hidrocarburos de la región, no como exportación de combustible, sino como materia prima para los productos de alto valor que el mundo moderno necesita. Eso implica transformar el petróleo y el gas natural en la enorme capacidad de procesamiento necesaria para los centros de datos globales y utilizar energía barata para dominar la producción de aluminio con bajas emisiones de carbono y productos químicos especializados. Pero eso lleva tiempo y dinero, claro. 

Son cuestiones que, hasta ahora, las capitales han llevado de forma nacional y hay urgencia en que se aborden desde lo regional, porque el problema es general. Sin embargo, apunta la autora que de poco servirá si no se resuelven los problemas de base que elevan la temperatura de guerra en todo Oriente Medio cada poco: empezando por Palestina, siguiendo por Líbano, con los hutíes de Yemen o las milicias armadas de Irak (lo que quede del Eje de Resistencia de Irán) y el propio Irán, contra el que no se han presentado pruebas sobre su programa nuclear pero que sigue represaliando a quien, dentro, reclama libertades y derechos. 

Rahman añade que tiene que haber un debate profundo en estas naciones sobre sus relaciones de seguridad con EEUU, sobre su acercamiento a Israel, sobre cómo tratar con el Irán que surja de esta contienda, que nadie sabe cómo será aún. Es un contexto que ellos "ni eligen ni controlan", pero ante el que tienen que hacer sus apuestas. 

El primer reto es contener esta situación de crisis. El segundo, pensar en un día después fiable y duradero, para que la prosperidad retorne, pero sobre bases seguras. Eso pesa más que las promesas de una "Edad de Oro" que anunciaba Trump a las horas del precario acuerdo con Irán. Ahora mismo, sobre las cabezas de los dirigentes y ciudadanos del Golfo lo que hay es miedo e incertidumbre ante la posibilidad real de que las amenazas, que antes estaban latentes, sean abiertas y constantes. 

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Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

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