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No es una nueva línea roja que Israel pisotea: así empezó el plan para anexionar Cisjordania

No es una nueva línea roja que Israel pisotea: así empezó el plan para anexionar Cisjordania

Tel Aviv culmina su enésima violación del derecho internacional con la propuesta de que varias zonas de este territorio palestino bajo ocupación pasen a ser "propiedad del Estado", pero la realidad es que forma parte de un proceso que arrancó hace dos años, paralelo a la invasión y destrucción de Gaza.

Soldados israelíes vigilan una demolición de una vivienda palestina en el barrio de Silwan, en Jerusalén en la parte de la Cisjordania ocupada, mientras pasan varios escolares palestinos.
Soldados israelíes vigilan una demolición de una vivienda palestina en el barrio de Silwan, en Jerusalén en la parte de la Cisjordania ocupada, mientras pasan varios escolares palestinos.Mostafa Alkharouf/Anadolu via Getty Images

Podría decirse que el otro crimen empezó cuando todos los focos apuntaban a las columnas de humo sobre la Franja de Gaza, pero sería otro reduccionismo más que menospreciaría a la historia. En parte, como los gestos de sorpresa cuando, este pasado domingo, trascendía que el Gobierno de Benjamin Netanyahu había cruzado una nueva línea roja del derecho internacional, aprobando una proposición que le permitiría apoderarse -la Kneset, el Parlamento israelí, todavía debe pronunciarse- de varias áreas de la Cisjordania que ocupa militarmente desde 1967.

No es una cuestión inesperada ni que pilla a nadie por sorpresa, a pesar de representar un ataque frontal, un órdago a la Administración Trump y a las escasas reglas que impone a su mayor aliado en Oriente Próximo. Una de ellas, en virtud del plan de 'paz' acordado para la Franja de Gaza, pasa por la prohibición de que Tel Aviv se apropie de más terreno palestino. No solo en ese enclave reducido a escombros y sobre el que se proyecta la edificación de lujosos resorts hoteleros y casinos. Sin garantías para los gazatíes.

Netanyahu ha vuelto a alinearse con los socios de la coalición que sustenta al Likud, el sionismo radical encarnado en el ministro de Finanzas, Belazel Smotrich (Partido Sionista Religioso) y el ministro de Seguridad Interior, Itamar Ben-Gvir (Poder Judío). ¿Qué demandan? Que la tierra de las provincias bíblicas de Judea y Samaria sea 'legalmente' -en términos del derecho israelí, claro- propiedad de Israel. ¿Judea y Samaria? Son los nombres hebreos de lo que hoy conocemos como Cisjordania.

Con todo, este último paso no es otra nueva línea roja más que Israel pisotea. Forma parte de una misma estrategia que no ha sido ocultada en los últimos años y que se ha desarrollado de forma paralela a la invasión y destrucción de la Franja a golpe de intervención militar y policial, pero también sancionando leyes que han ido allanando el terreno... para la anexión del terreno palestino. Así comenzó el plan y estrategia para satisfacer la que había sido la gran demanda del sionismo, los radicales y, al parecer, del actual Gobierno israelí: anexionar todas las tierras necesarias para construir el 'Gran Israel'.

Lo que el Ejército israelí permite a los colonos: asesinatos, palizas, incendios y robos

La primera pata de la estrategia israelí para la Cisjordania ocupada en los últimos años pasó por un refuerzo sin precedentes de las operaciones que vienen realizando desde finales de la década de los '60 en este territorio. A las continuas redadas y control a través de distintos checkpoints a los que someten a la población palestina se sumó una radicalización y aumento vertiginoso de los ataques de los colonos israelíes sobre esa mima población.

Para hacerse una idea de lo que ha ocurrido fuera de las fronteras de una Gaza que todavía ocupa Israel, desde que tuvieron lugar los brutales atentados del 7-O de Hamás y se inició la campaña militar israelí en respuesta a estos, en Cisjordania han sido asesinados 1.054 palestinos. En una Cisjordania ocupada bajo control de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y en la que el anterior grupo armado palestino no tiene poder.

Las denuncias y los documentos gráficos sobre la connivencia entre integrantes de las Fuerzas de Defensa de Israel -IDF, en inglés- y colonos israelíes han sido constantes en los últimos tres años. Se han registrado ataques incendiarios contra hogares de palestinos, así como robos de sus propiedades y zonas de cultivos. Además, se ha hecho con un especial recrudecimiento que evidencia que cada vez importa menos el factor de la opinión pública. Se ha secuestrado y golpeado a figuras públicas y de renombre internacional como el director del oscarizado documental No Other Land.

El tapón que comenzó con la ampliación de las colonias en Jerusalén Este

El segundo pilar sobre el que se sustenta la estrategia israelí para la anexión de Cisjordania se encuentra en la otra gran demanda histórica de Israel: la ciudad de Jerusalén. Los bombardeos sobre Gaza -que no han cesado- se acabaron traduciendo en una reacción encarnada por un grupo de países -entre ellos España, Canadá o Reino Unido- que dio el paso y acabó reconociendo el Estado palestino, pero dando un espaldarazo al mayor temor de Israel. Que esa nación palestina acabase conformando un territorio conectado de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este.

E Israel reaccionó, de nuevo, en un gesto muy similar a lo ocurrido este fin de semana. Comprando el plan de las formaciones radicales en el Ejecutivo de coalición. Concretamente, el del ministro de Finanzas, un Smotrich que dejó claro que lo que estaba presentando entre mapas no era una promoción urbanística más para colonos, a costa de viviendas palestinas. En sus propias palabras, "el Estado palestino está siendo borrado de la mesa".

El pasado verano, el Gobierno israelí violó una línea roja que ya había intentado cruzar hace dos décadas con un plan que tuvo que enterrar en un cajón. En medio del auge de los postulados más ultras, se ha recuperado el proyecto para levantar 3.401 viviendas de colonos en Jerusalén Este (West Bank). Más allá de entroncar con una parte que ha sido clave en todo lo que rodea al conflicto árabe-israelí, la gestión y convivencia en Jerusalén, este proyecto urbanístico busca impedir que ese Estado palestino tenga conexión. 

"Cada asentamiento, cada barrio, cada vivienda es un nuevo clavo en el ataúd de esta peligrosa idea", dejó caer Smotrich. La realidad es que desde que se inició la ocupación de Cisjordania y de Jerusalén Oriental la cifra de colonos asciende a 700.000. Por ejemplo, en el área C de Cisjordania, lo que equivale al 80% de este territorio, son 300.000 los palestinos residentes. Precisamente, el tercer pilar de la estrategia de control territorial israelí tiene mucho que ver con esa zona.

De cómo legalizar el robo de hogares a quienes sean considerados "terroristas" y obligar a demostrar que tu casa es tuya

Más allá de esa campaña de terror a la que es sometida la población civil en la Cisjordania ocupada, el Gobierno de Netanyahu ha logrado sacar adelante en la Cámara Baja israelí leyes y normas que ahondan en esa expulsión de los palestinos de sus tierras. La principal de ellas ha sido una ley que permite arrebatarle la propiedad de una vivienda a un palestino que sea condenado por "terrorismo". Y eso incluye a toda la familia, a sus padres, a sus hijos, independientemente de que no hayan cometido delito alguno.

Así, un total de 32.000 personas han sido expulsadas por la fuerza de los campamentos de Yenín, Tulkarem y Nur Shams. Pero da igual que fuese gente ya hacinada en campamentos de refugiados o familias que llevasen toda su vida residiendo en sus casas. Israel también acaba de aprobar otra figura legal que obligará a los palestinos a que tengan que demostrar la propiedad de sus viviendas. Y sí, también supone volver a otra línea roja que ya se pretendió cruzar hace dos décadas.

Cuando se produjo la ocupación de Cisjordania en 1967, las autoridades israelíes impulsaron lo que denominaron como "regularización de títulos de propiedad de la tierra", básicamente un registro de terrenos que obligará a los palestinos a tener que demostrar que son los legítimos propietarios de dichas viviendas o parcelas. Lo que Israel llama 'registro', desde la oficina del mandatario palestino, Mahmud Abbás, se ha calificado como "anexión de facto".

Básicamente, se obligará a los palestinos que, en ocasiones ya han perdido la documentación en incendios, ataques o cualquiera de los violentos episodios que ha acompañado a su historia tengan que someterse a procesos burocráticos largos y muy complicados de concluir. A este polémico registro se suman otras medidas también desarrolladas en los últimos meses como la aprobación de nuevos puestos de avanzada militares.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost, donde cada día realizo un seguimiento de todo lo que está pasando y marcando la jornada, con el único objetivo y árdua tarea de trasmitírselo a nuestros lectores de una forma en la que conozcan el contexto y el trasfondo más allá de un mero titular. Es decir, para que tu cuñado no pueda colártela otra vez.

 

Sobre qué temas escribo

Aunque en el día a día acabe escribiendo de cualquier cosa que suceda en el mundo, “puede que me recuerdes” de algunas temáticas que suelen quitarme el sueño con especial frecuencia. Me gusta escribir de política internacional, sobre todo cuando esta es eufemismo de atroces injusticias contra los derechos humanos o el medio ambiente, así como para acercar causas sociales que pasarían inadvertidas (la siguiente podría ser la tuya, así que escríbeme). La morriña también me devuelve en ocasiones a Galicia, sobre todo para que sus historias no se pierdan en el camino a la meseta.

 

Mi trayectoria

Antes de llegar a El HuffPost en 2021, fui periodista en La Voz de Galicia durante cinco años. En aquella etapa también pasé por los micrófonos de ‘Radio Voz’, en distintos programas radiofónicos. Y, aunque parezca poco probable, bebía más café que en la actualidad.


Soy de Ribeira, una bella localidad coruñesa que probablemente recuerdes del marisco, las páginas de sucesos o de personalidades de las que solemos presumir (tenemos a la triplista olímpica Ana Peleteiro y a una de las Tanxugueiras).


Aunque bromeo con que soy doctorado en Periodismo Gonzo, en realidad solo soy licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), pero, eso sí, tengo la orla de la misma tienda que la que se la hizo al rey Felipe VI. Aquellos años en Madrid me sirvieron para conocer la ciudad, pero también para entender que el mercado de la vivienda aún podía ir a peor. Ah, también tengo otra identidad secreta bajo la que hago rap o escribo poesía y que solo revelé en la redacción para que me dejasen entrevistar a artistas.

 


 

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