"Un riesgo que ninguna democracia debería tolerar": el aviso del NYT sobre el poder de Trump para iniciar una guerra nuclear
Expira New START y crece el temor a una nueva carrera nuclear. El presidente de EEUU mantiene autoridad en solitario para ordenar un ataque nuclear.

Donald Trump continúa con su hoja de ruta y deriva que no hace si no desestabilizar aún más el ya incierto panorama geopolítico, pero ¿es para tanto? Para el New York Times sí y lo exponen en este artículo que advierte sobre la posibilidad de que el presidente republicano de EEUU inicie una escalada nuclear.
El tablero nuclear acaba de perder uno de sus últimos "frenos". El tratado New START III, que durante años fijó límites verificables a los arsenales estratégicos de EEUU y Rusia, expiró el pasado 5 de febrero de 2026, sin un acuerdo sustituto, aunque ya antes los rusos se habían desmarcado del mismo.
Todo ello supone que, en la práctica, por primera vez en más de medio siglo, ya no hay un marco bilateral vigente que imponga topes legalmente vinculantes a las dos mayores potencias nucleares.
Además, el NYT pone el foco en algo aún más incómodo: en EEUU solo el presidente puede ordenar el uso de armas nucleares. Sin votación del Congreso, sin una autorización previa "formal" de los mandos militares, y con un margen de minutos si el escenario es de respuesta rápida.
Qué cambia tras el fin de New START: menos límites, menos transparencia
New START (firmado en 2010 y en vigor desde 2011) se prorrogó cinco años en 2021 y se extendió hasta febrero de 2026, como reconoce el propio Departamento de Estado. Su papel era muy concreto: capar el número de ojivas nucleares estratégicas desplegadas y los sistemas de lanzamiento, además de sostener mecanismos de verificación e intercambio de datos.
Las cifras clave del tratado (las que de verdad ordenaban el tablero) eran estas:
- 1.550 ojivas estratégicas desplegadas como límite por cada parte.
- 700 lanzadores desplegados (ICBM, SLBM y bombarderos pesados), con un total de 800 entre desplegados y no desplegados.
El problema no es solo "cuántas". Deja de medirse y verificarse. Incluso antes de expirar, el tratado ya venía tocado: las inspecciones se frenaron durante la pandemia y Rusia suspendió su participación en 2023, aunque el marco siguió formalmente en pie hasta 2026.
El punto más delicado: la "autoridad en solitario" para usar armas nucleares
Aquí está el núcleo del miedo que plantean varios análisis: si el mundo entra en una fase de carrera armamentística y señales agresivas, el riesgo de error también sube. Y en EEUU, el diseño del sistema prioriza la velocidad.
El presidente es el único con autoridad para ordenar un ataque nuclear. El proceso pasa por autenticar su identidad y transmitir una orden operacional, y una vez lanzado el procedimiento, no hay un "botón de deshacer" real.
Esto no es teoría. Es doctrina de funcionamiento desde la Guerra Fría, pensada para un posible ataque sorpresa y para garantizar represalia inmediata. El debate político (que reaparece cuando el presidente es una figura especialmente polarizadora) es si esa arquitectura tiene sentido en 2026, con riesgos añadidos como ciberamenazas, falsas alarmas o escaladas rápidas.
Más ojivas y vuelta a los ensayos: lo que se está discutiendo (y por qué inquieta)
Con New START fuera, la pregunta pasa de "¿Qué permite el tratado?" a "¿Qué decide cada país?". En los últimos días han aparecido informaciones y análisis sobre si la administración Trump podría aumentar el despliegue y reabrir el debate de las pruebas nucleares subterráneas. Aquí conviene separar hechos verificables de escenarios:
EEUU no realiza una prueba nuclear explosiva desde 1992 (dato ampliamente documentado y repetido en análisis recientes). Sin embargo, en 2025 reapareció el ruido político sobre "volver a probar" (aunque con mucha discusión sobre qué significa exactamente test en boca de Trump: explosivo, subcrítico, de sistemas, etc.).
Muchos expertos subrayan un punto que no es ideológico, sino práctico: si Washington rompe la norma de facto de no testar explosivamente, abre la puerta a respuestas recíprocas y a que rivales ganen experiencia que hoy no tienen en la misma medida.
Y en paralelo, la expiración del tratado alimenta el escenario de carrera a tres bandas (EEUU-Rusia-China), algo que también señalan centros de análisis como el CFR.
