No a la ONU, no a la CIJ, no a EEUU: ¿algo puede movilizar a lsrael? Se llama sanciones

No a la ONU, no a la CIJ, no a EEUU: ¿algo puede movilizar a lsrael? Se llama sanciones

La relatora especial de Naciones Unidas para Palestina apuesta por esta salida para que Tel Aviv deje de apretar en Gaza, visto que no surte efecto ningún llamamiento.

Traslado de los cuerpos de los trabajadores de World Central Kitchen en Rafah, por sus compañeros locales.Ahmad Hasaballah / Getty

Francesca Albanese, la relatora especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados, es una de las voces más duras contundentes Israel y su ofensiva sobre Gaza. Dice que la "monstruosidad" de la guerra, con ataques contra la población civil y restricciones al ingreso de ayuda humanitaria, muestra que no se están acatando las órdenes provisionales dictadas por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de proteger a la población civil. 

Ya hay incluso una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU, reclamando un alto el fuego, votada a finales de marzo y aún sin cumplir. También críticas por parte del mayor aliado que tiene y tendrá Israel, Estados Unidos, pidiendo que se paren los ataques. Ahora, tras el ataque al convoy humanitario de World Central Kitchen (WCK) que ha dejado siete muertos, Albanese ha vuelto a decir que lo que se debe hacer en este momento es implementar sanciones y un embargo de armas, porque Israel no está haciendo lo suficiente para evitar víctimas inocentes. Así pues, queda un margen de actuación, pero que los aliados de Tel Aviv no quieren usar. 

Imponer sanciones obliga a un consenso amplio y hoy, en Occidente, no lo hay. O sí, hay consenso para mantener la postura actual sobre Israel, la petición de prudencia, de proporcionalidad y de respeto al derecho internacional humanitario. Se ha endurecido el lenguaje, se ha pasado de la tregua temporal a la necesidad de un alto el fuego real, estable, porque 33.000 muertos sobre la mesa son "demasiados", como repiten los líderes europeos. Pero no hay un paso más, las famosas sanciones. 

¿Pero qué es una sanción, para empezar? Pues un elemento esencial en las relaciones internacionales de hoy, una herramienta coercitiva que se aplica contra Gobierno, entidades no estatales como empresas o bancos e individuos particulares. Si un país supone una amenaza y la diplomacia no ha conseguido aminorar el riesgo, se puede acudir a esta vía para modificar su comportamiento, reducir su capacidad de maniobra o debilitar su posición y exponer ante el mundo los males de determinados mandatarios.

Son una alternativa a la fuerza armada y, por tanto, aplaudidas por su carácter preventivo y forzosamente proporcional. Por algo se idearon en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial, de los que se extrajeron lecciones imborrables. Siempre tienen que contemplarse exenciones, para que no sea el grueso de la población el que sufra en sus espaldas por el mal de quien les gobierna, con revisiones constantes por si las cosas han cambiado y un final, un calendario. No es una sanción sine die.

Normalmente, suelen ser económicas o financieras, como los embargos de armas o de cuentas bancarias, vetos al acceso a determinados países, congelación de activos... Pero también pueden ser deportivas o ambientales. Pueden imponerse en bloque, como los 13 paquetes que lleva ya la UE contra Rusia por invadir Ucrania, o individuales, aunque en este caso se pierde fuerza de acción y las razones pueden ser más domésticas, menos sustentadas, más interesadas. Estudios universitarios que analizan prácticamente todo el pasado siglo hablan de un éxito del 40% de las sanciones impuestas y en la memoria hay casos que las avalan, como en la Sudáfrica del apartheid.

En el caso de Israel, estamos ante un aliado esencial de Occidente, en lo político, lo defensivo, lo militar, lo cultural... Sancionar a un socio no es sencillo y más cuando se defiende que tiene "derecho a defenderse" por la agresión brutal de Hamás, que le ha costado 1.400 muertos y más de 240 rehenes en Gaza. Por ahora, la postura general, individual y en conjunto, ha sido la de esperar a que los llamamientos a Benjamin Netanyahu, pero no han surtido efecto. 

Fuera de las aisladas voces que reclaman sanciones, Irán, benefactor de Hamás, también ha reclamado este castigo, entendidle cuando es el mayor enemigo del país y su desaparición en su objetivo declarado. En una reunión en Riad (Arabia Saudí) entre la Organización de Cooperación Islámica (OCI) y la Liga Árabe, su presidente, Ebrahim Raisi, reclamó en noviembre a sus compañeros que se sumaran a su petición, pero nadie pasó de la condena por la "guerra bárbara" y la "catástrofe humanitaria". Sí hay países como Argelia que han abogado por romper lazos diplomáticos, pero la mayoría, en pleno proceso de acercamiento a Israel, sostienen que es mejor tener canales abiertos para hablar.

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La Autoridad Nacional Palestina -legítimo interlocutor, que reconoce a Israel y aboga por la vía pacífica- rogó desde primera hora a la comunidad internacional que imponga esas "sanciones disuasorias" para que su Ejército ponga fin a las incursiones en los hospitales de la Franja de Gaza, al menos. Una violación "flagrante y atroz" del Derecho Internacional, destacan. Por ahora, otro grito en el desierto.