"Parecía una muñeca de trapo": Gisèle Pelicot narra en sus memorias los abusos de su exmarido
La mujer francesa, convertida en icono de la lucha contra la violación y la violencia machista, insiste por escrito en su idea de que la vergüenza tiene que cambiar de bando y aplastar al agresor. Lo dice desde el título: 'Un himno a la vida: Mi historia'.

Gisèle Pelicot está dando otra lección de valentía y serenidad al contar en sus memorias las violaciones de su exmarido, Dominique, el hombre en el que confiaba, con el que construyó una familia y que, durante décadas, la drogó para violarla él mismo y para ofrecérsela al menos a otra cincuentena de agresores.
El libro, que se publica en castellano bajo el título Un himno a la vida: Mi historia, se publicará el próximo martes ,17 de febrero, en 22 idiomas. En español lo podrás encontrar en la editorial Lumen. "Parecía una muñeca de trapo", explica la septuagenaria al recordar la primera vez que se vio bajo sumisión química en los vídeos que la Policía le mostró en comisaría. "El policía dejó caer un número. Cincuenta y tres hombres supuestamente vinieron a nuestra casa para violarme". Ahí estaba el otro choque, el de saber que no sólo su marido abusó de ella, sino que la vendió a otros, por placer.
El relato de las violaciones que sufrió por parte de su exmarido dio la vuelta al mundo y la convirtió en una figura destacada de la lucha contra la violencia sexual, sobre todo porque decidió que el juicio fuese público, con su declaración y asistencia a cara descubierta, en un intento, como defendió, de que "la vergüenza cambiase de bando", de las víctimas a los violadores. Ahora, Pelicot publica sus recuerdos de vida, que van desde su encuentro con Dominique hasta su vida después de los juicios.
Gisèle revela su historia bajo la pluma de la periodista y escritora Judith Perrignon. Los primeros extractos del libro se publicaron el martes en el diario Le Monde. La víctima, en el sentido jurídico, pero no ante la vida, según señala en las columnas del diario, retoma su historia sin pedir al lector que sienta pena, compasión o admiración por ella, tal como hizo durante su juicio por violación.
Todo comenzó con una llamada telefónica y una cita en la comisaría de Carpentras (Vaucluse), en la mañana del 2 de noviembre de 2020, que no va a olvidar. Un agente de policía la interrogó y luego le mostró fotos suyas dormida y violada por personas desconocidas. Gisèle Pelicot tampoco se reconoció entonces.
"Las mejillas estaban tan flácidas, la boca era tan blanda, que parecía una muñeca de trapo" describe, asegurando que se le paró el cerebro en el despacho del subteniente, apellidado Perret, y al que muestra todo su agradecimiento por su trabajo y su sensibilidad en el caso.
En su primera entrevista en televisión, a propósito de la promoción del libro, la señora ahonda en ese momento. "No me reconozco en esas fotos. Dije: 'Esa no soy yo (...) Después me puse las gafas y allí descubrí a esta mujer sin vida con un hombre que no conoce en su cama. Creo que mi cerebro se disoció", dijo en France 5.
Al final de la investigación, cuenta lo aturdida que se quedó cuando leyó los detalles de lo sucedido. "Las fechas me dolían. No dejaba de ver el momento anterior, el momento posterior, dónde estábamos, lo que estábamos viviendo y lo que yo creía que era un momento feliz. Era mi cumpleaños, era la noche de Nochevieja que habíamos pasado solos por una vez, era justo después de que nuestros hijos se hubieran ido", expone.
Señales de alerta
La mujer sufrió durante años extraños problemas ginecológicos que los médicos no podían explicar, y que se debían a los abusos constantes a los que estaba siendo sometida. Ahora, mirando atrás, cree que que hubo señales de advertencia, pero que en ese momento no se permitió enfrentarlas.
Recuerda haber notado una mancha amarilla en un pantalón poco después de que ella y Dominique Pelicot se mudaran al pueblo sureño de Mazan. "Le pregunté si acaso podría estar drogándome, y entonces él se puso a llorar. ¿Sería mi subconsciente? No lo sé".
Otro incidente implicó una cerveza clara, que pareció cambiar de color después de que Dominique Pelicot agregara lo que decía ser jarabe de menta. Cuando ella lo cuestionó, él arrojó el contenido por el fregadero. "En ese momento no pensé nada al respecto".

"Si hubiera tenido 20 años menos..."
Luego vino el juicio. En 2024, Gisèle Pelicot decidió negarse a ir a juicio a puerta cerrada, lo que la habría dejado sola para enfrentarse a sus 50 agresores, su exmarido y los abogados de éstos. Por miedo a protegerlos, explicó, pero también a enfrentarse a ellos sola.
"Me moría de ganas de verlos cara a cara. Tenía miedo por su elevado número", recuerda. "Tanto que, cada vez más, la puerta cerrada de la sala, que debía protegerme de las miradas, la prensa y los comentarios, me preocupaba. Sentía que debía enfrentarme sola a todos ellos".
Cuando compareció ante el tribunal de Aviñón, explicó que se negaba a ir a puerta cerrada "para que todas las mujeres violadas dejen de sentir vergüenza". Sigue manteniendo esta postura, pero en su biografía contextualiza esta elección. "Hoy, cuando pienso en el momento en que tomé mi decisión, me digo a mí misma que si hubiera tenido veinte años menos, quizá no me habría atrevido a negarme a ir a puerta cerrada", explica.
"Habría tenido miedo de las miradas, esas miradas molestas con las que una mujer de mi generación siempre ha tenido que lidiar, esas miradas molestas que te hacen dudar por la mañana entre los pantalones y el vestido, que te escoltan o te ignoran, que te halagan y te avergüenzan, esas miradas molestas que se supone que dicen quién eres, lo que vales, y luego te dejan caer cuando te haces mayor", escribe.
Agradecida por los apoyos
Durante sus siete semanas en el tribunal, Pelicot (es curioso, que le ha dado la vuelta y hoy el apellido del agresor es suyo y es luminoso) recuerda los "ataques incesantes", pero también el miedo que iba desapareciendo. Y la multitud, que durante los cuatro días de audiencias en el Tribunal de Primera Instancia de Gard, Gisèle fue aplaudida a cada paso.
"Llevaba cuatro años huyendo de los fuertes abrazos de la gente que me quiere, no quería la compasión de nadie, sólo contaba con mis propias fuerzas, y sin duda con el olvido. Pero esta multitud estaba harta del olvido, de la forma en que la vida nos trocea y nos deja solos, sin reconocer nuestro dolor. Esta multitud me salvó", reconoce ahora.
En diciembre, en Aviñón, Dominique Pelicot, que organizó violaciones bajo sumisión química a su exmujer durante una década, fue condenado a 20 años de cárcel, la pena máxima. Sus coacusados recibieron penas que oscilaban entre los tres y los 15 años de prisión. Uno de ellos recurrió, pero al final tendrá que pasar 10 años entre rejas.
Visita a su agresor y una nueva pareja
Además, en su entrevista en televisión, Pelicot afirma, a pesar del calvario que soportó, que aún tiene la intención de visitar a su exesposo en prisión como parte de su "proceso de sanación". Durante el juicio, nunca se dirigió a él directamente, siempre lo evitó. Ahora quiere "mirarlo directamente a los ojos y preguntarle: ‘¿Por qué hiciste eso?’".
Su visión de los 50 años de matrimonio es compleja. Aunque describe sentimientos de traición e indignación, también dice que aún quiere conservar los recuerdos felices, porque es todo lo que le queda de esa vida.
La entrevista fue una oportunidad para abordar las grietas que se han formado dentro de su familia desde que salieron a la luz estos terribles hechos. Es erróneo, sostiene, pensar que "una tragedia une a una familia". Ahora, su relación con su hija Caroline -que también ha denunciado abusos de su padre- se está reconstruyendo poco a poco, pero su hijo David "necesita más tiempo", afirmó. "Yo elegí vivir con el señor Pelicot. Ellos no eligieron a su padre, así que están en una posición diferente y creo que el camino tomará más tiempo", asume.
A sus años y tras la experiencia vivida, afirma que nunca imaginó que volvería a enamorarse, ni siquiera que lo desearía. Sin embargo, en 2023 conoció a un hombre a quien sólo identifica como Jean-Loup. "Conocerlo fue increíble", sostiene sonriente. "Conocí a este hombre, que también ha pasado por momentos difíciles, y nos ha cambiado la vida", concluye.
