Péter Magyar, el hijo contestatario de Orban que lo ha destronado tras 16 años
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Péter Magyar, el hijo contestatario de Orban que lo ha destronado tras 16 años

El ganador indiscutible de las elecciones en Hungría fundó un partido nuevo a partir del Fidesz, algo más moderado y abierto. La lucha contra la corrupción es su bandera. Más proUE, habla poco de Ucrania y mantiene la misma política migratoria.

Peter Magyar, líder del partido opositor Tisza, ondea una bandera húngara tras ganar las elecciones al primer ministro, el ultra Viktor Orbán, el 12 de abril de 2026 en Budapest.Leonhard Foeger / Reuters

La anécdota es tan repetida como representativa: cuando Péter Magyar era un chaval, en plena transición democrática de Hungría, en la pared de su cuarto no tenía imágenes de los grupos de rock del momento, sino un póster de Viktor Orbán. Clavado en la pared de su dormitorio, ese hombre prometedor, que reclamaba libertades y democracia para su pueblo, que pronunció un discurso que ilusionó a un pueblo entero, era su verdadero ídolo. Entonces aún era un liberal anticomunista que exigía, desmelenado, la retirada de soldados soviéticos de Hungría. Un héroe. 

Han pasado las décadas y todo ha cambiado. El país, su primer ministro y aquel adolescente en potencia. Ayer, Hungría celebró elecciones y las ganó Magyar de forma arrolladora, logrando 138 de los 199 escaños en liza. Y lo hizo con un partido político conservador, Tisza, que fundó anteayer, precisamente cuando escapó de la formación de Orban, Fidesz, escandalizado por la corrupción. El hijo contestatario matando al padre, tras 16 años en el poder. 

Las encuestas lo daban como favorito desde poco después de que se fuera del partido ultra, en 2024, porque tuvo claro que no se marchaba para ocultarse, sino para dar la batalla, para contarle a los húngaros lo oscuro que había visto desde dentro y para articular una alternativa que idelógicamente es algo más abierta y respetuosa con las libertades individuales y con el estado de derecho, que es claramente más proeuropea que la de su antecesor y que, en cuestiones clave como la inmigración o los valores cristianos, sigue siendo bastante parecida. 

Lo tenía duro, porque Magyar (1981, Budapest), llegaba a la pelea electoral con un sistema sesgado en su contra. Las modificaciones de la Constitución y de las leyes electorales hechas por Orban en estos años, con más de dos tercios de mayoría en el Parlamento (o sea, puro rodillo), le pintaban un panorama complicado para lograr mayorías de peso, a lo que se sumaba un panorama mediático progubernamental. Y, sin embargo, ha vencido, lo cual añade mérito a su terremoto. 

Para muchos húngaros, especialmente aquellos que han crecido sin conocer mucho más que el gobierno de Orbán, este momento lleva años gestándose. "Hemos estado esperando esto durante mucho tiempo. Mucho tiempo", decía Dora, una abogada de 30 años, a la cadena norteamericana NPR. Ella es una de las miles de personas que se reunieron el domingo en las orillas del Danubio en Budapest para escuchar los resultados electorales. 

Para estallar de alegría con el vuelco histórico, el que promete que el país dejará de estar bajo la influencia rusa y que los "títeres" del "régimen de Orbán" saldrán de las instituciones. Garantiza mejores servicios públicos (sobre todo, hospitales), más transparencia, más modernidad en la economía, más respeto a la separación de poderes. En lo social, las revoluciones no son esperables. Es conservador, lo lleva por bandera, como la familia y el nacionalismo.

¿Pero quién es el nuevo líder de Hungría, el hombre que la expulsado al todopoderoso Orban, el aniquilador del mito, que ha logrado tantos apoyos que tendrá las manos libres para hacer y deshacer en un sistema altamente contagiado de ultraderecha?

Casta, pero más flexible

Magyar no es un recién llegado ni un outsider. Un verso suelto que escapó del férreo control de Fidesz, eso sí, porque afirma que la corrupción y las malas artes lo "asfixiaban". Pero es un dirigente que ha crecido y aprendido en un entorno familiar y profesional netamente político, desde la cuna. Sabe de qué va el juego, aunque nunca antes hubiese apostado tan fuerte. Esencial para empezar de cero, hasta creando un partido de donde no había nada. 

Sobre su know-how, además de su imagen enérgica y elegante y su juventud respecto a Orban (45 años, 17 menos que el hasta ahora primer ministro), ha levantado una estructura creíble para los ciudadanos. Allí donde se decía que sólo Orban podía seguir poniendo al país en lugares de privilegio, como determinando votos en Bruselas o haciendo pactos con la OTAN, ha explicado que hay otro camino, menos rudo, más sensato.

Magyar -cuyo apellido significa "húngaro", precisamente- proviene de una acomodada familia de Budapest. Entre sus parientes hay diputados, abogados y jueces, así como el expresidente Ferenc Mádl, que se desempeñó su cargo entre 2000 y 2005, durante el primer mandato de Orban como primer ministro. Era el hermano de su abuela y su padrino. Su padre era abogado, su madre tuvo cargos destacados en el Tribunal Supremo y su hermana es jueza. Hasta su exmujer es Judit Varga, que fuera ministra de Justicia con Orban, una de las carteras clave, dada la guerra contra la independencia judicial del extremista de derechas). Con ella tiene tres hijos. 

Siguiendo la tradición familiar, Magyar se graduó en leyes en una escuela católica de élite. Fue ahí donde se encontró por primera vez con Orbán, dijo en una entrevista en la BBC. 

Quedó convencido tras escucharlo citar a Churchill, diciendo aquello de que es normal tener ideas de izquierda de joven y conservadoras en la madurez. Pocos años después, se afilió al Fidesz.

El camino de Magyar, de leal a Orbán a su némesis, fue rápido. Hace apenas dos años, era miembro del partido gobernante Fidesz. Aún siendo pareja de Varga, vivió durante cerca de una década en Bruselas (Bélgica), donde Magyar era diplomático en la oficina permanente de su país ante la UE y entonces esposa era diputada en el Parlamento Europeo por Fidesz. Regresaron a Budapest con sus hijos -todos varones- en 2018. Al año siguiente, Varga fue nombrada ministra y él encadenaba cargos en varias agencias nacionales. Varga fue en 2023 (año del divorcio de la pareja) para encabezar a Fidesz en las elecciones a la Eurocámara de 2024. 

La entonces ministra de Justicia húngara, Judit Varga, habla con la prensa antes de una reunión de Asuntos Generales de la UE en la sede del Consejo, en Bruselas, el 10 de julio de 2023.Thierry Monasse / Getty Images

Sin embargo, el plan se vio trastocado por un escándalo que sacudió a Fidesz a comienzos de ese mismo año. La presidenta de Hungría en ese momento, Katalin Novák, había indultado a un exfuncionario condenado por ayudar a encubrir un caso de pederastia y abuso de niños menores de edad en un hogar infantil. 

La revelación del perdón hundió una percepción del Gobierno de Orbán, sostenida en el tiempo y muy arraigada, como defensor de los valores cristianos y familiares. "El núcleo de la autodefinición de Fidesz es que son conservadores, favorables a la familia, y que protegen a los niños", dijo a CNN Péter Krekó, un politólogo que dirige Political Capital, un tanque de pensamiento de Budapest.

Para muchos votantes, el escándalo expuso la "hipocresía" del proyecto de Orbán, enfatiza el experto. Varga, también involucrada en el indulto, renunció, y muchos vieron su salida como impuesta por Orbán. Cabeza de turco. Fue en este momento -cuando, según Krekó, había una "enorme demanda de alguien que pudiera desafiar a Orbán"- que Magyar irrumpió en el escenario político. Estaba harto. 

En febrero de 2024, el ahora ganador de las elecciones dio una explosiva entrevista en vídeo a Partizan, un medio húngaro, acusando a Orbán y sus aliados de "esconderse detrás de las faldas de las mujeres" en la crisis del indulto. También aprovechó la entrevista para compartir información que había obtenido por su cercanía al Gobierno, por vía pareja, familiar y orgánica. "Unas pocas familias poseen la mitad del país", dijo en la entrevista, que ahora ha sido vista casi tres millones de veces, en un país de menos de diez millones de personas.

Más tarde, ese mismo año, Magyar ayudó a fundar el partido Tisza (acrónimo de Partido del Respeto y la Libertad y nombre del segundo río más importante de Hungría, de paso) y rápidamente ascendió en sus filas hasta convertirse en su líder. Desde el primer momento había descartado sumarse a cualquier otro partido de la oposición, con los que siempre había sido muy crítico, especialmente con las izquierdas residuales. Bajo su liderazgo, Tisza ganó inesperadamente casi el 30 % de los votos húngaros en la elección al Parlamento Europeo en junio de 2024, convirtiendo a Magyar en un eurodiputado. 

Los húngaros, cada vez más cansados de Orbán pero sin partidos de oposición creíbles como alternativa, se encontraron de pronto con una derecha más clásica, que en lo social venía a ser parecida, pero mejorando lo público y prometiendo limpieza. Que no iba a tensionar la cuerda con Bruselas, lo que ha llevado incluso a la retención de esenciales fondos comunitarios, y de la guerra de Ucrania hablaba poco, por espinosa, tampoco de los acuerdos energéticos con Rusia, que pretende mantener porque los dos candidatos los ven como vitales. 

Habla de patria y tradición y con eso le vale, por ahora. O sea, una de cal y una de arena, pero quitando lo que ya no gustaba de Orban y su gente: el amiguismo, el clientelismo, los oligarcas y familiares que se benefician del sistema, el ordeno y mando. Iliberalismo, lo llaman. Desde entonces, se ha disparado el número de ciudadanos que se han afiliado a su formación, al que a menudo se hace referencia como si estuviera "barriendo" o "inundando" Hungría.

Mientras que la campaña de Orbán este año giró en su mayoría en torno a la política exterior y sus relaciones con líderes mundiales, la de Magyar se enfocó fundamentalmente en asuntos internos, como la economía y la corrupción. En los últimos dos años, también ha trabajado para construir una relación directa con los votantes, visitando decenas de pueblos y ciudades, y a menudo quedándose durante horas después de sus discursos para reunirse con la gente local.

Desde el principio, la corrupción fue un tema central de la campaña electoral de Magyar. En su entrevista con Partizan, sugirió que la autoimagen de Orbán como defensor de la soberanía nacional era un "maquillaje para ocultar el funcionamiento de la maquinaria del poder y adquirir inmensas fortunas". Orbán ha utilizado a menudo esta "maquinaria del poder, como la llama su opositor, para desacreditar a sus oponentes. En 2022, truncó la candidatura de Péter Márki-Zay al retratarlo como un peligroso enemigo de la paz, avivando el miedo entre los húngaros por la guerra en la vecina Ucrania. 

Más piedras en el camino

El aspirante sabía a lo que se enfrentaba y, de hecho, no todo ha sido un camino de rosas, porque en estos meses su expareja, la exministra Varga, lo acusó en campaña electoral de maltrato en casa y de chantaje político por ser un "traidor" a sus principios políticos. Ella sigue siendo aliada del defenestrado primer ministro. 

"¿Qué clase de persona es esta? Cuando su mujer ya no puede soportar más el increíble drama y maltrato que está viviendo y anuncia que quiere divorciarse, él recurre a una vil manipulación. Y mientras llora y suplica, aterrorizándola alternativamente con que no puede divorciarse, empieza a chantajearla", dijo Varga en una vista judicial relacionada con un caso de soborno en su ministerio, en julio pasado. 

Más troncos en el camino: en junio de 2024, poco después de su éxito electoral en las europeas, se abrieron diligencias contra él después de que lanzara al Danubio el teléfono de un hombre que lo filmó bailando en una discoteca de Budapest. Magyar dijo que la Fiscalía debía haber sido tan tan rápida en abrir investigaciones contra la corrupción como lo había sido contra él en aquel incidente. Finalmente, el Parlamento Europeo se negó a quitarle su inmunidad y el caso quedó en nada.

Peter Magyar, candidato principal del partido Tisza, emite su voto en las elecciones parlamentarias húngaras, el 12 de abril de 2026, en Budapest.Janos Kummer / Getty Images

Orbán no logró encontrar una línea de ataque fiable contra Magyar, pese a todo. El nuevo aspirante ganada en redes, en dinamismo, en ganas. El primer ministro lo intentaba con los más jóvenes -que han sido claves en el cambio, cansados de no ver a nadie más que a Orban en su vida-, pero sólo lograba vídeos en TikTok soltando el volante del coche mientras conduce y canta. O sea, todo mal. Magyar supo anticiparse a los golpes antes de que llegaran y tenía armas nuevas. Más en cansancio popular, una gran cama elástica sobre la que proyectarse.

En febrero, por ejemplo, Magyar dijo que Fidesz planeaba chantajearlo difundiendo un vídeo de él durante "un momento íntimo" con su "entonces novia”, que había grabado en secreto y supuestamente consumiendo drogas. "Sí, soy un hombre de 45 años; tengo vida sexual. Con una pareja adulta", se defendió. "Queridos cobardes de Fidesz, adelante y saquen todo". Hasta ahora, si existe algo, no se ha hecho público.

Dice sobre el terreno la Agencia EFE que se le ha llamado estos días el "candidato de teflón", precisamente porque nada le hacía mella o le parecía importar, algo que encaja con su carácter personalista, dicen sus menos críticos, u oportunista o populista, dicen sus detractores. 

Magyar también dificultó que Fidesz lo retratara como un liberal. Cuando Orbán, como parte de sus esfuerzos de años por señalar al movimiento LGBTQ, prohibió la marcha del Orgullo de Budapest el año pasado, Magyar se negó a morder el anzuelo. En una declaración cuidadosamente redactada, evitó mencionar al movimiento por su nombre, diciendo en cambio que el gobierno de Orbán buscaba "infundir miedo y dividirnos" y subrayando que Hungría necesitaba un primer ministro que "protegiera y representara a todos los húngaros".

Ha sido igual de cauto con Ucrania, que Orbán también ha vilipendiado. Magyar, en esencia, se negó a hablar de política exterior durante su campaña, para evitar que lo retrataran como el tipo de político europeo liberal al que Fidesz ha atacado durante mucho tiempo. Se entiende que mantendrá los acuerdos con Moscú en lo energético, pero no los reforzará. 

El casi silencio de Magyar sobre Ucrania ha llevado a algunos a especular que su Hungría, al igual que la de Orbán, obstaculizará los esfuerzos de la Unión Europea para apoyar a Kiev. Pero Mujtaba Rahman, director general para Europa en Eurasia Group, una consultora de riesgo político, dijo que muchos en Bruselas entendían que Magyar simplemente buscaba negar a Fidesz formas de atacarlo. "Entienden que Magyar será una propuesta totalmente diferente", señala. "Magyar no es Orbán. No encaja en el molde populista y nacionalista", escribe. 

Magyar esperará tener mejores relaciones con Bruselas, ya que la Comisión Europea, el brazo ejecutivo de la UE, actualmente retiene alrededor de 18.000 millones de euros en fondos para Hungría por preocupaciones sobre su retroceso democrático bajo Orbán. La congelación de esos fondos -equivalente a alrededor del 10 % de la producción nacional del país- ha profundizado el malestar económico de Hungría.

Muchos húngaros, incluso aquellos que se oponen a Orbán, siguen siendo algo cautelosos con Magyar. Reunió un campo muy amplio desde la derecha bastante conservadora hasta los liberales más acérrimos y los izquierdistas. El voto por Péter Magyar es predominantemente un voto anti-Orbán. Y eso no lo debe olvidar a la hora de gestionar. No es que lo adoren, es que querían fuera a Orban. 

Queda por ver si Magyar puede sostener esta coalición. En su campaña, recalcó sin cesar que la tarea de "reconstruir" Hungría llevaría tiempo. Prometió desmantelar el sistema político iliberal de Orbán "paso a paso, ladrillo a ladrillo". En su primer mensaje tras su triunfo dijo que "los que robaron el país tienen que afrontar las consecuencias". Ahora le toca ponerse a trabajar para cumplirlo. 

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Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

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