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Sánchez rechaza que España participe en la Junta de Paz impulsada por Donald Trump

Sánchez rechaza que España participe en la Junta de Paz impulsada por Donald Trump

El presidente del Gobierno considera que la propuesta que ha presentado el presidente de Estados Unidos en el Foro de Davos está "fuera del marco de la ONU"

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras la reunión informal en Bruselas sobre la intención de Donald Trump de adquirir Groenlandia.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras la reunión informal en Bruselas sobre la intención de Donald Trump de adquirir Groenlandia.Yves Herman

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha rechazado este jueves que España se una a la Junta de Paz para Gaza presentada en Davos por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, al considerar que la iniciativa impulsada por el magnate republicano “está fuera del marco de la ONU”, además de no haber "incluido a la Autoridad Palestina" entre los países propuestos por el inquilino de la Casa Blanca. 

Pedro Sánchez ha explicado en una rueda de prensa en Bruselas, al término del Consejo Europeo extraordinario en el que los Veintisiete han abordado, entre otros asuntos, las últimas iniciativas internacionales de Donald Trump que la decisión del Ejecutivo español se ha tomado después de semanas de reflexión interna y ha apelado a la "coherencia" del Gobierno para desmarcarse de una propuesta concebida inicialmente para supervisar el alto el fuego en Gaza y que ahora Washington quiere ampliar a otros conflictos globales.

“Agradecemos la invitación, pero declinamos el participar en esa Junta propuesta por la Administración estadounidense”, ha recalcado el presidente del Gobierno antes de dejar claro que la decisión responde, sobre todo, a la coherencia de la política que el Ejecutivo ha venido defendiendo respecto a que deben de ser "los palestinos los que deben dirimir el futuro de Palestina en su conjunto”, además de que la coexistencia pacífica con Israel debe resolverse "en un proceso dialogado en el que se implemente la solución de los dos Estados, que también permita la entrada de ayuda humanitaria y garantice la paz”.

Bruselas también pone reparos

Las reticencias a la Junta de Paz impulsada por Donald Trump no se limitan a la posición española. También los líderes de la Unión Europea han trasladado sus “serias dudas” sobre la iniciativa promovida por Washington, tanto por su encaje jurídico como por su diseño institucional. El presidente del Consejo Europeo, el luso António Costa, ha asegurado que los Veintisiete cuestionan aspectos clave del ente, como “la compatibilidad con la Carta de Naciones Unidas”, su gobernanza y su ámbito de actuación.

“Tenemos serias dudas sobre varios elementos de los estatutos de la Junta de Paz relacionados con su ámbito de actuación, su gobernanza y su compatibilidad con la Carta de Naciones Unidas”, ha señalado António Costa al término del Consejo Europeo que se ha convocado tras la crisis abierta con Estados Unidos por Groenlandia. No obstante, el presidente del Consejo Europeo ha recalcado que la Unión Europea está “preparada” para trabajar con la administración estadounidense para que se logre la paz en Gaza.

Según ha explicado, los Veintisiete estarían dispuestos a colaborar en la aplicación de un Plan de Paz Integral para Gaza con una Junta de Paz “que lleve a cabo su misión como administración de transición”, siempre que lo haga de conformidad con la resolución correspondiente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Fuentes comunitarias han precisado que entre las dudas figuran también cuestiones de formato, como el número de países participantes, que es mayor del esperado, y posibles incompatibilidades jurídicas tanto con Naciones Unidas como con el Derecho de la UE.

Una Junta de Paz a la medida de Trump

La negativa española se produce en un contexto de creciente debate internacional sobre el alcance y la naturaleza de la Junta de Paz promovida por Trump. El organismo apunta, según varios analistas, a un orden internacional más crudo y transaccional, en el que la legitimidad multilateral cede terreno frente a la fuerza y los equilibrios de poder. De imponerse como alternativa a la Naciones Unidas, advierten, la ONU quedaría aún más debilitada y relegada a un papel casi simbólico.

Trump firmó en Davos el acta de constitución de la Junta, que ya cuenta con la adhesión de al menos 35 países, como Israel, Argentina, Arabia Saudí y Egipto. Otros países, como Francia, Noruega y Suecia, han optado por no sumarse a la iniciativa. El estatuto de este nuevo ente le otorga amplios poderes a su presidente, como el derecho de veto y poder para fijar el contenido de la agenda, además de puestos permanentes a los principales contribuyentes financieros.

“La Junta de Paz que ha esbozado Estados Unidos no representa, en términos de derecho internacional, una alternativa seria a la ONU. Se parece, más bien, a un club de países con mucho poder", ha señalado a Reuters el analista Richard Gowan, del International Crisis Group. A su juicio, que Washington impulse este organismo “evidencia que no se toma muy en serio el ecosistema de la ONU” y contribuye a restarle credibilidad y autoridad.

La reacción de la ONU ha sido prudente, aunque distante. Reconocen dudas sobre esta propuesta de Donald Trump y temen que funcione como un “coto privado” de los países que estén alineados con la voluntad de Washington. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha descrito esta Junta de la Paz como un ente "amorfo", antes de precisar que el organismo que preside solo se ciñe a su mandato, a la Carta de la ONU y a sus propios mecanismos.

Trump, por su parte, ha defendido en Davos que el mundo es gracias a su liderazgo "más rico, seguro y pacífico", convencido de que la combinación de la Junta de la Paz y la ONU en Gaza sería “algo único en el mundo”. Para Gowan, ese planteamiento envía el mensaje de que EEUU no piensa tener en cuenta la diplomacia multilateral y refleja una visión del mundo basada en “concentrar demasiado poder en una sola persona para minar la idea de que las decisiones se toman por consenso”.

Organizaciones como Human Rights Watch coinciden en fijar el foco en la necesidad de una ONU más fuerte, “no un organismo liderado por un solo presidente” que se olvida de hacer referencias a los derechos humanos en sus estatutos, además de concentrar una autoridad difícil de someter a control. El riesgo, advierten, es que se consolide un sistema internacional “fragmentado y volátil”, en el que las normas compartidas se sustituyan por la ley del más fuerte.