Ucrania saca provecho de los cazas originales de Polonia para asestar duros golpes a la ofensiva rusa
Su utilización por parte de Kiev ha hecho gran mella en puntos claves de las tropas rusas, que se han visto mermadas debido a la gran exactitud de los golpes asestados por Ucrania.

Rusia calculó que la aviación táctica ucraniana seguiría siendo un factor secundario en el campo de batalla, limitada por la escasez de aparatos, el desgaste acumulado y la presión constante de la guerra electrónica. Ese supuesto empieza a resquebrajarse.
La combinación de cazas MiG-29 procedentes de Polonia y su integración con municiones occidentales de precisión está permitiendo a Ucrania ejercer una presión aérea constante y quirúrgica sobre los puntos más vulnerables del despliegue ruso.
A finales de 2025, Varsovia debatió públicamente la posibilidad de liberar entre seis y ocho MiG-29 adicionales, ya retirados del servicio activo. No sería un gesto aislado.
En 2023, Polonia ya había transferido catorce unidades a Ucrania, estableciendo algo más importante que una simple donación: un canal estable de repuestos, mantenimiento, documentación técnica y experiencia acumulada. Esa infraestructura invisible es la que ahora multiplica el valor militar de cada avión adicional.
Ventaja inmediata: aviones conocidos, armas nuevas
A diferencia de otros sistemas occidentales que requieren largos procesos de adaptación, los MiG-29 polacos pueden entrar en combate casi de inmediato. Ucrania ya opera este modelo desde hace décadas y dispone tanto de pilotos como de personal de tierra plenamente cualificados, lo que elimina los retrasos habituales de conversión.
Además, estos cazas no llegan "vacíos". Los programas de modernización polacos y ucranianos los han preparado para emplear armamento guiado occidental, con el cableado, los pilones y las interfaces de aviónica ya integrados. Esto permite combinar una plataforma familiar con municiones de alta precisión como las bombas AASM Hammer.
Entre las ventajas clave de esta fórmula destacan:
- Incorporación casi inmediata al servicio operativo.
- Uso de municiones guiadas occidentales sin rediseños complejos.
- Alta precisión contra objetivos puntuales de alto valor.
- Menor exposición prolongada a defensas antiaéreas rusas.
- Capacidad de repetir ataques sobre el mismo sector en ventanas breves.
El resultado es una aviación que no busca dominar el cielo, sino castigar con exactitud los errores del enemigo.
Golpear antes de que empiece el ataque
En la frontera norte, los MiG-29 ucranianos se emplean para abortar incursiones rusas antes incluso de que comiencen. La inteligencia ucraniana detecta concentraciones de tropas todavía en fase de preparación, a menudo delatadas por fallos de seguridad operativa: teléfonos activos, antenas visibles o un tráfico repetido de vehículos hacia el mismo edificio.
Las imágenes geolocalizadas muestran ataques en los que una sola bomba de precisión impacta sobre casas utilizadas como puntos de reunión o puestos de mando, derrumbando la estructura y eliminando al personal reunido. El efecto no es solo táctico, sino también operativo: la incursión queda cancelada y las reservas deben redistribuirse, diluyendo el esfuerzo ofensivo ruso a lo largo de la frontera.
Pokrovsk, Uspenivka y Zaporizhia: el mismo patrón, distintos objetivos
En torno a Pokrovsk, Rusia sigue dependiendo de concentrar grandes grupos de tropas de asalto antes de lanzarlos al combate. Esa concentración es breve, pero suficiente. Los ataques aéreos ucranianos se centran precisamente en ese lapso, destruyendo edificios de reunión y forzando a Moscú a recomenzar una y otra vez, perdiendo tiempo, hombres e impulso.
En los flancos, los MiG-29 atacan rutas secundarias y cruces clave, detectados gracias a patrones de movimiento repetidos que revelan los drones ucranianos. Un solo impacto puede abrir un cráter que bloquea cualquier maniobra coordinada y obliga a desvíos más largos y expuestos.
Cerca de Uspenivka, esta lógica se aplicó a puentes y caminos fortificados tras la captura del asentamiento. Al destruir los cruces, el avance ruso quedó reducido a desplazamientos lentos por el barro, en gran parte a pie.
Más al sur, en dirección a Zaporiyia, el objetivo es impedir que los operadores rusos de drones FPV se acerquen lo suficiente como para amenazar la ciudad. Los MiG-29 atacan bases, refugios y puntos de parada en cuanto aparecen, derribando edificios antes de que las unidades puedan atrincherarse.
Los principales blancos de esta campaña aérea son:
- Puntos de concentración de tropas de asalto.
- Puestos de mando temporales.
- Rutas de aproximación y cruces clave.
- Bases y equipos de control de drones FPV.
- Infraestructura crítica para el ritmo ofensivo ruso.
La pérdida de operadores de drones, en particular, tiene un impacto desproporcionado: requieren meses de entrenamiento y no pueden reemplazarse con rapidez.
Una presión que no se agota
La aportación polaca no se mide solo en números, sino en continuidad. Cada MiG-29 adicional permite repetir ataques precisos sobre los mismos puntos débiles rusos, una y otra vez, justo cuando el enemigo es más vulnerable. No es una superioridad aérea clásica, sino una guerra de desgaste inteligente, donde cada error ruso puede convertirse en un edificio derrumbado.
Si llegan más cazas a tiempo, la ofensiva rusa seguirá encontrando el mismo destino: concentración detectada, impacto preciso y avance reducido a escombros.
