Una nueva noche de furia se extiende por Oriente Medio: ¿qué opciones tiene Trump?
EEUU ataca más de 80 objetivos esta madrugada, dejando tres muertos. La Guardia Revolucionaria constata ataques en Kuwait, Baréin y Qatar. La encrucijada de la Casa Blanca es si intensifica la guerra o trata de revivir el alto el fuego.
Oriente Medio enfrenta una drástica intensificación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, en una crisis que ya ha dejado en papel mojado el memorando de entendimiento entre las partes con el que se esperaba tener un marco de paz en el que dibujar, con paciencia y diplomacia, un acuerdo mayor, concreto y duradero. Hoy por hoy, eso no se ve en el horizonte.
El Comando Central norteamericanos (CENTCOM) anunció esta noche que ha completado una nueva ronda de ataques aéreos en territorio iraní, alcanzando aproximadamente 90 objetivos militares. La ofensiva, ejecutada apenas un día después de que el presidente Donald Trump diera por terminada la tregua con Teherán (lo hizo de forma estrambótica y sin detalles en plena cumbre de la OTAN), ha dejado al menos tres muertos en el suroeste de Irán y ha provocado una represalia con misiles hacia bases estadounidenses en el golfo Pérsico.
Según el mando militar de EEUU, citado por agencias como AP, su operación más reciente ha tenido como propósito mermar la capacidad de Irán para atacar buques comerciales y civiles que navegan por el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el mercado mundial de energías fósiles, por el que antes de la guerra pasaba el 20% del crudo mundial. Entre los objetivos alcanzados se encuentran depósitos de misiles y drones, sistemas de defensa aérea, activos de vigilancia costera, infraestructura logística y capacidades navales.
Esta última incursión se suma a un bombardeo previo en el que las fuerzas estadounidenses golpearon otros 80 objetivos, incluyendo más de 60 botes rápidos de la Guardia Revolucionaria de Irán. El presidente Trump declaró mediante su red Truth Social que estas acciones responden al bombardeo iraní contra tres embarcaciones mercantes y lanzó una advertencia clara: "¡Si vuelve a ocurrir, será mucho peor!".
Por su parte, Teherán denunció que la ofensiva representa una "violación clara" del acuerdo de alto el fuego permanente que ambas naciones habían pactado apenas semanas antes, el pasado 17 de junio. Y las consecuencias humanas de los bombardeos comienzan a salir a la luz. Autoridades de la provincia de Juzestán, en el suroeste de Irán, confirmaron que al menos tres personas murieron y varias resultaron heridas debido a un ataque perpetrado en las inmediaciones de la ciudad de Ahvaz.
Valiollah Hayati, subdirector de seguridad del gobierno regional, calificó la acción como un ataque del "régimen sionista-estadounidense" y señaló que la magnitud de los daños materiales y personales continúa bajo investigación, destaca la agencia EFE. Hasta el momento, el Gobierno iraní no ha reportado afectaciones mayores en otros puntos del país.
Represalia e intercepciones en el Golfo
La respuesta de la Guardia Revolucionaria de Irán ha sido contundente. El cuerpo militar reivindicó el lanzamiento de 85 ataques con misiles y drones dirigidos a "importantes infraestructuras" en las bases estadounidenses ubicadas en los países vecinos del Golfo Pérsico. Específicamente, aseguraron haber alcanzado las instalaciones de Arifjan y Ali al-Salem en Kuwait, así como las de Juffair y Sheikh Isa en Baréin. La Guardia ha pasado de anunciar que abría un canal de comunicación inédito con Washington a hacer balance de daños contra sus intereses.
Y esa andanada supone, también, ampliar la mancha de aceite de la guerra, porque su lluvia de proyectiles obligó a las naciones vecinas a activar de urgencia sus sistemas de defensa antiaérea durante la madrugada. Por ejemplo, en Kuwait, sus Fuerzas Armadas confirmaron la intercepción de varios misiles en su espacio aéreo y notificaron diversas explosiones. El Gobierno ha prohibido estrictamente a los ciudadanos acercarse a los lugares donde cayó la metralla, así como difundir imágenes de los impactos en redes sociales.
En Baréin, el Ministerio del Interior ha activado también las sirenas antiaéreas e instó a la población civil y a los residentes extranjeros a mantener la calma y buscar refugio inmediato, mientras que en Qatar las autoridades locales emitieron una alerta por un "nivel alto de amenaza a la seguridad", aunque horas después comunicaron que el peligro había pasado y se autorizó el retorno a la normalidad.
La Guardia Revolucionaria iraní advirtió a la Casa Blanca que extenderá sus "contundentes respuestas" a otras bases de la región si las agresiones continúan. En junio de 2025, cuando se produjo la Guerra de los Doce Días, un funcionario de defensa estadounidense afirmó que había unos 40.000 militares en Oriente Medio, muchos de ellos a bordo de buques en la región.
Horizonte sombrío
Lo cierto es que el toma y daca de ataques y de amenazas nos pone en un bucle que parece infinito. Se sabía que las negociaciones serían duras, a cara de perro, que quedaba mucho por matizar y pactar, pero no que iban a estar jalonadas, tan pronto, de crisis tan serias. Trump ayer dio por hundido el marco, pero no por cerradas las negociaciones, pese a su pesimismo.
Esta difícil situación es responsabilidad del propio Trump, después de que lanzara una guerra, con Israel, el pasado 28 de febrero, que nunca prometió una salida definitiva. También redactó un memorando de entendimiento que no abordó las razones del conflicto y eso acrecienta las urgencias. Está, pues, ante un dilema serio: ¿intensifica la guerra -con un coste humano, económico y político potencialmente elevado- para intentar romper un nuevo statu quo que le otorga a Irán la mayor ventaja? ¿O intenta reactivar un alto el fuego defectuoso que le paga a Irán miles de millones solo por dialogar?
El último estallido de violencia, apenas tres semanas después de que Trump firmara el memorando de entendimiento con Teherán, que él mismo calificó como un acuerdo que solo él podía lograr, puso de manifiesto la evidente inutilidad del esfuerzo bélico estadounidense hasta el momento.
En esencia, al lanzar una nueva oleada de misiles y ataques aéreos, se arriesgó a iniciar una segunda guerra para corregir el daño -el control de Irán sobre el estrecho de Ormuz- causado por la primera. Es así de duro: no ha caído el régimen de los ayatolás, no ha habido protestas masivas para echar a los religiosos, Irán aún tiene 450 kilos de uranio altamente enriquecido y se desconoce el estado de sus silos, pero desde luego misiles siguen disparando. Todo eso se empeoró con el cierre de Ormuz.
Los ataques de Irán contra buques, la pasada semana, pusieron de manifiesto su determinación de preservar esa influencia, que, además de la supervivencia de su régimen represivo, fue su principal baza bélica. Amenazaron con aplicarla durante años, nunca lo hicieron, y la andanada de Trump y su amigo, el primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu, los ha llevado al fin a cumplir con su amenaza. Su objetivo es convertir la crucial ruta de tránsito de petróleo y gas en una fuente de ingresos mediante el cobro de peajes. Los ataques contra varios buques parecían tener como fin obligar a las embarcaciones a navegar únicamente por sus rutas preferidas, confirmando así su dominio.
Los ataques y las represalias estadounidenses, de seguido, parecen contradecir el memorando de entendimiento ya firmado. Pero el documento, negociado por el equipo del enviado estadounidense Steve Witkoff y el yerno del mandatario, Jared Kushner, es tan vago, carece de mecanismos de cumplimiento y se muestra tan contento con las intenciones de Irán que no sorprende que ya haya fracasado, a ojos de los analistas.
Un furioso Trump declaró durante su viaje a la cumbre de la OTAN en Turquía que el memorando de entendimiento había terminado y arremetió contra Irán, calificándolo de "loco". Sin embargo, afirmó que sus negociadores podían seguir dialogando si así lo deseaban. Reforzando la impresión de incoherencia estratégica, añadió: "Nunca construirán un arma nuclear bajo nuestro acuerdo, pero no sé si llegaremos a un acuerdo. Quizás lo hagamos sin acuerdo porque, ¿saben qué?, es más fácil".
Intensificar la guerra acarrearía costes enormes y Trump sabe que tiene en contra a la opinión pública de EEUU (al menos un 67% se opone a esta guerra, en la encuesta menos dura) y hay elecciones de mitad de mandato en noviembre, en la que puede pagar su belicosidad.
A falta de algún plan innovador que a nadie se le haya ocurrido, las opciones de Trump son limitadas y podrían no funcionar. Podría ordenar una escalada masiva. Una invasión de Irán es impensable, pero quizá sí podría contemplar ataques aéreos contra infraestructura civil o centrales eléctricas iraníes, o una invasión de distritos costeros a lo largo del estrecho para repeler a las fuerzas iraníes. Otra posibilidad es una operación para apoderarse del centro petrolero iraní de la isla de Jark .
Pero los costos podrían ser enormes y podrían desencadenar la reacción económica adversa que, según explicó específicamente, intentaba evitar al firmar el memorando de entendimiento. Un asalto de los marines o las fuerzas especiales a Jark conllevaría el riesgo de numerosas bajas estadounidenses. "A pesar de todos sus otros errores, Trump no ha imitado hasta ahora a los presidentes que intentaron recuperar su credibilidad ordenando acciones que causaron la muerte de muchos militares y civiles estadounidenses", recuerda Stephen Collinson en la CNN.
Cualquier escalada por parte de EEUU no se produciría en el vacío, tampoco. La ampliación de las listas de objetivos en Irán probablemente provocaría ataques de represalia contra los aliados estadounidenses del Golfo y las bases regionales estadounidenses. Las plantas de petróleo y gas podrían estar en el punto de mira, con la posibilidad de desencadenar una crisis energética mundial. Ya esta noche se ha visto esa extensión en la zona.
Trump se enfrentaría a una fuerte reacción en su país, incluyendo el regreso a los altos precios de la gasolina que contribuyeron a minar su posición política durante la guerra y perjudicaron las ya precarias perspectivas del Partido Republicano antes de las elecciones en las que se juega el control del Senado y la Cámara de Representanbtes. Ni siquiera está claro que una guerra a gran escala pudiera destruir la capacidad de Irán para amenazar el estrecho, dado que unos pocos drones podrían detener el transporte marítimo comercial desde plataformas de lanzamiento situadas a kilómetros de distancia.
El representante Adam Smith, el demócrata de mayor rango en el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, declaró ayer que la difícil situación de Trump demostraba por qué los halcones que le pedían que "terminara el trabajo" en Irán estaban equivocados. "No va a poder, entre comillas, terminar el trabajo, fin de las comillas, hasta el punto de que Irán se desmorone", dijo. "Ese siempre fue el error en el argumento para iniciar esta guerra. Y ahora estamos en ese mismo aprieto".
En teoría, Trump podría restablecer el bloqueo estadounidense a los buques y puertos iraníes tras haber revocado la exención de las sanciones petroleras acordada en el memorando de entendimiento. Sin embargo, tras semanas de sufrir el primer embargo de este tipo, Irán no se acercó ni remotamente a la "rendición incondicional" que Trump exigía.
Una posibilidad sería que Trump simplemente se retirara, dejando al mundo con la realidad de un estrecho de Ormuz en disputa. Esto implicaría energía más cara y un paso marítimo más peligroso y costoso. Los mercados podrían ajustarse, pero no podría proteger a Estados Unidos de las consecuencias económicas, incluidos los índices bursátiles que utiliza como barómetro de su éxito personal. A la larga, una menor oferta de petróleo en el mercado podría agotar drásticamente las reservas. Ignorar el problema supondría una humillante derrota para el presidente y dañaría la percepción global del poder estadounidense. Irán podría hacer gala de su principal ventaja bélica indefinidamente.
Esa oportunidad es ahora tan valiosa que ha llevado a los nuevos gobernantes de Irán a arriesgar un acuerdo que proporcionaba miles de millones de dólares en exenciones de sanciones estadounidenses y fondos para la reconstrucción. Una vez más, la premisa de una administración liderada por magnates de que todos pueden ser persuadidos por el beneficio económico -ya socavada en Ucrania- parece cada vez más insostenible.
Sin embargo, al mismo tiempo, la postura de Irán conlleva serios riesgos. Un posible exceso de presión podría reforzar el apoyo regional a cualquier postura más intransigente por parte del Pentágono. También podría evidenciar divisiones dentro del régimen, ya que los oficiales nacionalistas de la Guardia Revolucionaria Islámica, recientemente ascendidos, intentarían desacreditar a sus colegas más moderados que buscan negociar.
Las limitadas opciones de Estados Unidos ofrecen una posible explicación de por qué Trump, recién salido de ordenar los ataques del miércoles, pronto volvió a proferir amenazas. «Si vuelve a ocurrir, la situación empeorará mucho», escribió en las redes sociales. Sin embargo, Irán no cedió ante tales advertencias durante los bombardeos estadounidenses e israelíes, mucho más sostenidos y agresivos, que tuvieron lugar al inicio de la guerra.
A bordo del Air Force One, de regreso a casa desde Turquía, Trump recurrió a otra táctica ya muy utilizada en su repertorio. "Llamaron hace un rato; tienen muchísimas ganas de cerrar un trato", ha dicho, retomando un estribillo que lleva meses repitiendo, pero que nunca parece hacerse realidad.