Julio Iglesias y la batalla del relato: redes sociales, mensajes privados de WhatsApp y la estrategia de hacerlos públicos
El cantante cuestiona la actuación de la Fiscalía española publicando en Instagram conversaciones privadas con las extrabajadoras que lo han denunciado por presunta trata de blancas, acoso y agresión sexual.

Julio Iglesias ha dicho "todo tiene un límite", pero no lo ha hecho a través de un abogado o en una rueda de prensa, sino donde hoy se decide casi todo: en su perfil de Instagram. En un movimiento con el que nadie contaba, el artista ha decidido pasar al contraataque en un espacio donde se construyen y destruyen reputaciones o se libran muchas batallas por el relato. Allí, el cantante ha decido publicar parte de las conversaciones privadas de WhatsApp que habría mantenido con las dos ex trabajadoras del servicio doméstico que lo han denunciado por un presunto delito de trata de blancas, acoso y agresión sexual, así como otro contra los derechos de los trabajadores.
El cantante no se corta y justifica el haber aireado estos mensajes privados de WhatsApp como una respuesta directa, casi desesperada, a la Fiscalía de España, que ha rechazado, por el momento, su personación en la investigación abierta a partir de la denuncia que se ha presentado tras la publicación de la investigación periodística de Eldiario.es y Univisión con los testimonios de dos extrabajadoras de sus residencias en Punta Cana y Bahamas que aseguraban haber vivido un ambiente de "control, acoso y terror" así como repetidas presuntas agresiones sexuales. “Es el único medio que me permite ejercer legítimamente mi defensa", sostiene el cantante, convencido de que se ve obligado a defenderse en las stories de su cuenta de Instagram porque no puede defenderse en los tribunales.
En esas publicaciones, Julio Iglesias insiste en que todas las conversaciones mantenidas durante el tiempo que duró la relación laboral y después de la salida de las trabajadoras de su casa “demuestran que la información difundida carece de veracidad”. Pero el artista va más allá y denuncia que se están usando “la mentira y la desinformación como armas para atacar a personas", aunque según explica en el comunicado "todo tiene un límite”, ya que está convencido de que se desenmascararán las "falsedades” para contar su verdad.

Mientras Iglesias sube stories y comunicados, su equipo de abogados también se mueve, pidiendo a la Fiscalía de la Audiencia Nacional que les entregue de una vez una copia de la denuncia, ya que consideran “insólito” que el principal afectado no sepa todavía de qué se le culpa oficialmente. En un escrito que se ha conocido estos días, la representación legal de Julio Iglesias califica su situación de “paradoja” dentro del ordenamiento jurídico español, por lo que reclama el acceso a unas diligencias a las que, por ahora, el Ministerio Fiscal no le ha permitido personarse.
Ese bloqueo judicial y el rechazo de la Fiscalía a que se pueda personar en el caso es lo que ha llevado al entorno del cantante a reforzar la estrategia comunicativa, empujando al cantante a volcarse en las redes sociales. De hecho, el viernes pasado publicaba otro mensaje en Instagram en el que calificaba las acusaciones de “absolutamente falsas” y confesaba que le causan "una gran tristeza". “Nunca había sentido tanta maldad”, escribió el artista entonces, antes de asegurar que aún le quedan “fuerzas” para la gente conozca “toda la verdad” y que la gente conozca “toda la verdad”.
Las denuncias que niega el artista se apoyan en una investigación periodística publicada por elDiario.es en colaboración con Univisión Noticias. En ese trabajo, dos exempleadas relatan presuntas agresiones sexuales ocurridas en 2021, cuando una tenía 22 años. La joven asegura que sufrió presiones para mantener relaciones sexuales, que incluyeron penetraciones, bofetadas y vejaciones físicas y verbales. “Me usaba casi todas las noches”, afirma en una de las entrevistas. “Me sentía como un objeto, como una esclava”.
La investigación se ha desarrollado durante tres años y recoge testimonios de 15 extrabajadoras del entorno doméstico y profesional del cantante, que prestaron servicio entre 1990 y 2023 en propiedades situadas en República Dominicana, Bahamas y España. Los relatos describen un entorno laboral marcado por el aislamiento, una estructura jerárquica rígida y un clima de tensión constante. Según la publicación, las declaraciones de las dos mujeres que denuncian agresiones se mantienen “consistentes y estables” y se han contrastado con documentación como mensajes, registros de llamadas, visados, informes médicos y otros documentos.
Los hechos narrados habrían ocurrido en residencias del artista en Punta Cana y Lyford Cay, con el supuesto conocimiento de responsables de la gestión del hogar y de la contratación del personal. Frente a ese marco, Iglesias opta por exponer fragmentos de su propia versión en abierto, consciente de que, más allá de los tribunales, el conflicto también se juega en el terreno de la opinión pública.
Así, el caso se mueve entre dos planos que se cruzan y se tensionan: el de la investigación judicial, todavía en una fase preliminar, y el de la narrativa pública que el propio protagonista ha decidido activar. En esa batalla del relato, los mensajes privados dejan de serlo y las redes sociales se convierten en escenario central de una defensa que ya no se limita a los despachos ni a los escritos legales.
