Jorge Ángel Heras, enfermero, sobre las consecuencias que tiene dormir poco: "El cerebro se devora a sí mismo por falta de sueño"
"Las neuronas se comen su propia estructura para poder seguir funcionando".
Dormir menos de lo necesario no es tan inocente como mucha gente cree. No solo provoca cansancio o tener ojeras, ya que si se convierte en un hábito puede tener graves consecuencias mucho más profundas sobre el cerebro.
En uno de sus últimos vídeos publicados, el enfermero Jorge Ángel Heras, quien ha compartido una explicación sobre los efectos que la falta de descanso tiene sobre el sistema nervioso y recuerda la importancia de dormir entre siete y ocho horas cada noche.
"El cerebro se devora a sí mismo por falta de sueño", afirma el profesional sanitario al resumir una investigación que relaciona la privación continuada de sueño con alteraciones en la estructura cerebral.
El cerebro necesita dormir para repararse
Según explica Heras, los estudios muestran que cuando una persona duerme de forma insuficiente durante largos periodos, "las neuronas se comen su propia estructura para poder seguir funcionando". Este proceso acabaría favoreciendo daños en el tejido cerebral y se asociaría con problemas de memoria, dificultades de concentración y deterioro de las funciones cognitivas.
El enfermero recuerda que el sueño desempeña un papel esencial en el mantenimiento del cerebro. "Mientras duermes, el cerebro se está reparando, se está limpiando de toxinas y restaurando las diferentes conexiones", señala. Por ello, insiste en que un adulto debería dormir entre siete y ocho horas diarias, ya que "sin sueño y sin dormir el cuerpo no funciona".
Un problema que afecta a millones de personas
La falta de sueño se ha convertido en uno de los trastornos de salud más frecuentes. Se estima que más del 30% de la población adulta en todo el mundo no duerme las horas suficientes de forma habitual.
En España, la situación es similar. Aproximadamente uno de cada tres adultos experimenta problemas para conciliar el sueño, despertares frecuentes o un despertar demasiado temprano. Entre los niños, estas dificultades afectan aproximadamente a uno de cada cuatro.
Mucho más que cansancio
Los especialistas recuerdan que dormir poco no solo provoca somnolencia. Durante el descanso nocturno el organismo lleva a cabo procesos fundamentales para la reparación de tejidos, la consolidación de la memoria y el correcto funcionamiento del sistema inmunitario.
Cuando ese descanso no se produce de forma adecuada pueden aparecer consecuencias como fatiga persistente, menor capacidad de concentración, dificultades para aprender y recordar información, reducción del tiempo de reacción y peor rendimiento tanto físico como intelectual. También puede verse afectada la recuperación muscular, ya que durante el sueño se liberan hormonas implicadas en la reparación de los tejidos y el mantenimiento de la masa muscular.
Mayor riesgo para la salud
La falta de sueño mantenida en el tiempo también se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2, obesidad o infecciones debido al debilitamiento del sistema inmunitario.
A ello se suman las alteraciones del estado de ánimo. La irritabilidad, la ansiedad, los problemas para gestionar las emociones o los síntomas depresivos son más frecuentes en personas que descansan de forma insuficiente.
Además, dormir mal de forma crónica puede favorecer el envejecimiento prematuro de la piel, ya que durante el sueño también se producen proteínas y hormonas implicadas en la regeneración de los tejidos.