Paula, profesora interina en Murcia: "Con sueldos mileuristas y alquileres de 800 euros por un zulo, estamos quemados y los alumnos no tienen la mejor educación"
Una profesora interina cuenta a El HuffPost las dificultades a las que se enfrenta: temporalidad, incertidumbre, agotamiento... y unos precios de la vivienda que no dejan de subir y crean aún más ansiedad.

Imagina un aula abarrotada por más de treinta adolescentes. Varios cuchichean entre ellos y ríen sin disimulo mientras la profesora escribe una frase en la pizarra. Algunos atienden e incluso alzan la mano para hacer una pregunta. Hay un chico que mira el móvil. Cualquiera que se adentre en esta clase podría diferenciar a unos de otros: los que estudian de los que dejan pasar el tiempo. Los tímidos de los extrovertidos. Los alumnos de la docente. Sin embargo, hay una circunstancia vital que no se observa a primera vista y que les acaba uniendo: todos viven en casa de sus padres. Sí, la profesora también.
La escena no suena a ciencia ficción; es el día a día de miles de profesores. La edad emancipación en España se sitúa en los 30 años, 4 por encima de la media europea, según los datos de Eurostat. Y esta precariedad se deja notar en las aulas, porque aquellos que educan a las nuevas generaciones viven todavía con sus padres.
La crisis de la vivienda afecta de manera transversal a trabajadores de diferentes ámbitos, pero muchos docentes se enfrentan a una dificultad extra: la interinidad. Esto provoca que encadenen sustituciones de semanas o meses a lo largo del mismo curso y que tengan un horizonte difuso. En enero pueden dar clase en una ciudad, y en febrero en otra que se encuentre a un buen puñado de kilómetros.
"Puedo entender que sea el proceso primigenio para empezar a trabajar cuando alguien es veinteañero, pero nos vamos haciendo adultos y nuestras vidas no cambian, nada cambia", lamenta Paula (nombre ficticio para preservar su anonimato), profesora interina en Murcia que ha relatado su situación a El HuffPost.
Paula tiene 30 años y da clases en Educación Secundaria. Acumula 5 años como interina. Ha aprobado la oposición, pero sin obtener plaza. Hasta que no la consiga estará expuesta a una existencia nómada. Y sin saber dónde vas a trabajar los próximos meses, ¿cómo alquilar un piso?
"Quiero alquilar un piso con mi pareja, pero lo vemos imposible"
Los precios, por supuesto, tampoco ayudan. El coste de alquilar una vivienda en la Región de Murcia tuvo en mayo un incremento interanual del 6,5%, según el Índice Inmobiliario Fotocasa.
En España la subida ha sido del 3%. A nivel nacional se trata del menor aumento en los últimos dos años. Sin embargo, en comunidades autónomas como Murcia el precio no deja de subir.
"Quiero alquilar un piso con mi pareja, pero con sueldos mileuristas y alquileres mileuristas lo vemos imposible", cuenta Paula, que considera que le han arrebatado la opción de "formar una familia o siquiera tener intimidad". Los pisos que encuentra en el mercado son "zulos sin ventanas, ascensor o lugar donde dejar el coche, que es muy necesario para un interino".
Esta profesora afirma que los interinos están "desmoralizados". A pesar de trabajar y estudiar al mismo tiempo, no tienen independencia ni expectativas de poder alcanzarla a medio plazo.
"¿Qué más tengo que estudiar para llevar una vida adulta? ¿Qué más tengo que hacer?", se pregunta.
La salud mental, al límite
No poder acceder a una vivienda es algo más que un problema económico o social. Paula asegura que también acaba "socavando la salud mental" debido a la "frustración de trabajar y estudiar al mismo tiempo para no poder llevar una vida adulta".
Y no es la única que lo confiesa. La mitad de los jóvenes de entre 16 y 24 años y un tercio de los que tienen entre 25 y 34 perciben su salud mental como mala o regular a causa de la crisis de vivienda, según el estudio Habitar la incertidumbre: vivienda, juventud y malestar estructural elaborado por el Consejo de la Juventud de España (CJE), la Fundación Fad Juventud y Oxfam Intermón.
"Se nos pasan oportunidades y no podemos tener la vida que nos prometieron si nos esforzábamos", resume Paula, que se hace una pregunta más: "¿Hasta qué edad tengo que estar viviendo con mis padres siendo funcionaria interina?".
Los alumnos son "los máximos perjudicados"
La rutina de un docente interino, tal y como detalla Paula para El HuffPost, es la siguiente: el despertador suena alrededor de las 6.00 horas, después de desayunar y de prepararse, el docente se dirige a un aula "con treinta y pico alumnos" e intenta dar su clase de la mejor manera posible, aunque "la falta de herramientas lo impide". Tras acabar su jornada, el profesor llega a su casa (o a casa de sus padres), come y prepara los materiales para las clases del día siguiente, "pero con prisa porque tiene que rellenar burocracia y estudiar una oposición eterna". La jornada acaba alrededor de las 23.00 horas, cuando el docente se va a la cama, dispuesto a descansar para encarar otro día idéntico.
Paula también subraya problemas como las "aulas no climatizadas estando a 40ºC" o "el alumnado conflictivo". El profesor debe afrontar esto "sin vivienda, sin vida familiar o social entre semana y sin descanso, agotado".
Y este agotamiento no pasa desapercibido para los alumnos. "Ellos, por mucho que seamos discretos, nos ven sufrir, ven que no damos a basto, y eso afecta a su rendimiento académico y a su visión de futuro", describe Paula. Ella defiende que "se merecen la mejor educación posible, pero no pueden conseguirla con docentes frustrados y quemados".
Aunque como interina siente que su vida "no avanza de ninguna manera", Paula piensa que los alumnos "son y serán los máximos perjudicados de todo esto".
Este artículo forma parte de un serial sobre la situación de los docentes y otros trabajadores públicos ante el acceso a la vivienda. Si te encuentras en una circunstancia similar y quieres contarlo, puedes escribir a efernandezdo@huffpost.es.
