Los mandatarios de Reino Unido, Francia y Alemania arropan al ucraniano en Londres, en un acto en el que tratan de dejar claras las condiciones aliadas ante un hipotético alto el fuego y la necesidad "urgente" de reforzar las defensas de Kiev.
El presidente ruso, sin oposición real en libertad, ironiza con que Zelenski "no le tenga miedo a las urnas". Descarta un cara a cara pese al visto bueno de Trump.
El UAV ha detonado espontáneamente a unos 500 metros de una terminal petrolera, en un muelle clave para Ucrania tanto por el movimiento de combustible como por los cereales. Sólo hay daños materiales.
"Para empezar las negociaciones no hay necesidad de cesar las acciones militares", defiende en paralelo el líder ruso, en su la entrevista anual con representantes de las principales agencias mundiales de noticias.
"Estos casos demuestran los continuos errores de Rusia a la hora de emplear con éxito su munición", destacan desde el Ministerio de Defensa del Reino Unido.
Un destacado empresario y formador del sector de los drones admite su sorpresa con una estrategia que les ha obligado a modificar su enfoque de aprendizaje y entrenar "de nuevo desde cero".
Se produjo apenas 24 horas después del gran lanzamientos de misiles y drones contra empresas del complejo industrial militar ucraniano e infraestructura crítica de Kiev y otras seis regiones.
Pese a la última matanza rusa, el dominio ucraniano en combates con drones e incluso robots sobre el terreno ha marcado un cambio de dinámica en el frente.
La Fuerza Aérea de Polonia, miembro de la Unión Europea y la OTAN, se vio obligada a desplegar aviones de combate propios y de aliados de manera preventiva para asegurar la protección de su espacio aéreo. Tan severa ha sido la andanada.
Kiev está desplegando una nueva generación de drones capaces de atacar objetivos situados entre 20 y 300 kilómetros de la línea de combate, obligando a Moscú a replantear su logística y la ubicación de sus centros de mando.