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03/05/2015 09:52 CEST | Actualizado 03/05/2016 11:12 CEST

Rescatando la ilustración de los europeos

FRANCESCO ARENA/EFE

En su tratado La paz perpetua, de 1795, el filósofo alemán Immanuel Kant argumentó que todos los "ciudadanos del mundo" deben tener el derecho al libre tránsito, derecho que se basa en la propiedad colectiva del territorio por parte de la humanidad.

Difícilmente se puede imaginar un derecho que haya sido tan extensamente vulnerado como el derecho a la movilidad. En este sentido, el migrante es el portador del mensaje de Kant que aboga por el derecho cosmopolita de moverse sin temor y libremente a través de las fronteras, justo cuando la catástrofe humanitaria que se desarrolla a las puertas de Europa señala la traición europea de los principios de la Ilustración.

Kant propone el cosmopolitismo como el principio regulador para proteger a las personas de la guerra, y para fijar moralmente el derecho cosmopolita dentro del principio de la hospitalidad universal. Al promover la sociabilidad y la humanidad, el cosmopolitismo simboliza una competencia transcultural para negociar la diferencia cultural, un paso más allá de la comprensión estrictamente territorial de la identidad y la pertenencia. Independientemente de las diferencias nacionales, religiosas, étnicas y de género, las personas aparecen como parte de una sola comunidad global, basada en sus pasados ​​compartidos y sus futuros entrelazados. Según Kant, un ciudadano del mundo actúa desde la perspectiva pluralista de la humanidad como un actor colectivo y no como un individuo egoísta. El cosmopolitismo, basado en la adopción normativa de una conciencia global expansiva, se opone a las lealtades territoriales estrechas y limitadas. Nosotros, como ciudadanos de las democracias liberales, debemos asumir responsabilidades que vayan más allá de los límites de nuestro interés propio, en especial si consideramos la creciente interdependencia mundial. Así, la noción que la Ilustración aporta acerca del cosmopolitismo tiene como ideal normativo la búsqueda de la perfecta unión civil de la humanidad.

Las recientes tragedias navales en las costas europeas señalan el fracaso de la Ilustración en su compromiso con la humanidad y el humanitarismo. Una vez más, estamos siendo testigos de una crisis en cuanto al papel de Europa como defensora de la justicia global, los derechos humanos y la democracia. El pasado desencanto con Europa, producto del colonialismo y el holocausto, se cierne de nuevo. La actual política de fronteras de la UE avala la muerte de migrantes en nombre de la seguridad de las fronteras europeas.

En su lectura deconstructiva de la ética cosmopolita kantiana, el filósofo francés Jacques Derrida analiza cómo la hospitalidad kantiana es de naturaleza temporal, y depende de que el participante no cause ningún problema. Derrida rastrea los elementos de hostilidad intrínsecos en las reflexiones kantianas sobre hospitalidad, para hablar entonces de una "hostpitality" (es decir, hospitalidad hostil) de la "hospitalidad condicional" de Kant. Según Derrida, una ética verdaderamente cosmopolita implicaría la hospitalidad absoluta, que es incondicional y no depende del cumplimiento previo de ciertos criterios o deberes por parte del invitado para recibirla.

La vulnerabilidad de quienes están a merced del mar confirma el hecho de que los objetivos progresistas de la Ilustración están en riesgo en Europa, el lugar pretendido para su nacimiento. Para contrarrestar el desencanto generalizado con los elevados principios de la Ilustración, se hace necesario rescatar las normas del cosmopolitismo y el humanitarismo del enfoque cínico de la política migratoria de la UE. Los recientes desastres marítimos en el Mediterráneo son una muestra lamentable de que no sólo los inmigrantes, sino también los ideales de la Ilustración, están en peligro de extinción en la Europa poscolonial.

Este post ha sido traducido del inglés por Jonathan Magdalena F

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