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04/03/2016 07:13 CET | Actualizado 04/03/2016 11:44 CET

La austeridad no funciona, ni siquiera cuando funciona

¿Puede ganar las elecciones un Gobierno que adoptó políticas de austeridad? A lo largo del pasado año, esta pregunta se ha formulado en muchos idiomas y en muchos países. Y la respuesta parece ser, de momento, un unánime no.

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¿Puede ganar las elecciones un Gobierno que adoptó políticas de austeridad? A lo largo del pasado año, esta pregunta se ha formulado en muchos idiomas y en muchos países. Y la respuesta parece ser, de momento, un unánime no.

Después de Grecia, Portugal y España, le llegó el turno a Irlanda. Era su oportunidad de ser la excepción que confirma la regla. Irlanda era el alumno ejemplar de la clase de la troika; seguía la receta por voluntad propia y sin quejarse. Disminuyó drásticamente el gasto público, obligó a sus ciudadanos a pagar impuestos y redujo las pensiones. Pero, comparado con Grecia, le supuso un coste económico y social menor y logró un mayor éxito.

Antes de que su memorándum de tres años llegara a su fin, Irlanda era la economía que más rápido evolucionaba de Europa. A ojos de Schäuble, esta era la prueba de que la receta de la austeridad era eficaz, y de que aquellos que no habían sabido seguirla habían fracasado.

Sin embargo, la coalición gubernamental no consiguió ser reelegida en la votación del pasado viernes. El Primer Ministro Enda Kenny, del partido de centro derecha Fine Gael quedó, por supuesto, en primer lugar, pero perdió 27 escaños; aunque sus compañeros de coalición del Partido Laborista fueron duramente castigados: solo ganaron seis de los 37 escaños que tenían en el parlamento anterior.

Si la austeridad no se ve recompensada electoralmente, ni siquiera cuando ha sido exitosa, tiene sentido que sea despreciada de una forma más violenta cuando no tiene éxito, como es el caso de Grecia.

Así que Irlanda repite un patrón que apareció en las elecciones portuguesas y españolas. Los Gobiernos que implementaron programas de austeridad para ganarse la confianza de los mercados no son capaces de ganarse la confianza del electorado. Las prósperas macrocifras están tardando en traducirse en microprosperidad en los hogares más pobres. Y esa ira queda registrada en las elecciones.

En los tres países, los partidos que estaban gobernando quedaron en primera posición, pero sin llegar a obtener la mayoría necesaria para gobernar. "Vota por la estabilidad" o "Hagamos que continúe la recuperación" fueron los eslóganes del bloque gubernamental en las elecciones irlandesas. Pero no convencieron a los votantes. Como no tenían alternativa, eligieron un parlamento sin una mayoría clara.

De la misma manera, en Portugal, se formó un frágil Gobierno a partir del segundo partido más importante (el socialista), y de los partidos que quedaron en tercera y cuarta posición (el comunista y el SYRIZA portugués, respectivamente). Mientras tanto, en España todavía no hay Gobierno.

Si la austeridad no se ve recompensada electoralmente, ni siquiera cuando ha sido exitosa, tiene sentido que sea despreciada de una forma más violenta cuando no tiene éxito, como es el caso de Grecia.

Grecia es la excepción que confirma la regla. En Grecia, un nuevo partido antisistema se las ha arreglado para convencer a la gente de que son una solución alternativa y, de hecho, ha recibido el apoyo suficiente para gobernar.

Las elecciones de Portugal, de España y de Irlanda dan lecciones a posteriori a las fuerzas políticas griegas.

Y esa no es la única característica que es solo propia de Grecia. Grecia -y esta es la excepción a la regla más evidente- fue el único país que dio comienzo a un ciclo electoral antes de completar el ciclo de su memorándum, antes de salir de la espiral de recesión y antes de recuperar su soberanía y en acceso a los mercados.

Desde esa perspectiva, las elecciones de Portugal, de España y de Irlanda dan lecciones a posteriori a las fuerzas políticas griegas.

Como los Gobiernos que adoptan medidas de austeridad pierden las elecciones de todos modos, para el país resultaba innecesariamente dañino llevar a cabo la reformulación de Samaras después de las elecciones europeas de 2014. Se fijaron citas con la troika en París y se aceleraron las elecciones en un ambiente polarizado. Habría sido mejor si se hubiera llegado a un acuerdo con lo inevitable. Podrían haber elegido dejar un legado póstumo; cuando se tuvieron que enfrentar a la reelección (imposible), podrían haber buscado una elección presidencial consensuada, con o sin la colaboración de SYRIZA, a cambio de unas elecciones inmediatamente después de la evaluación.

Y como SYRIZA habría ganado las elecciones independientemente de cuándo se hubieran celebrado, adelantarlas fue un error por parte de SYRIZA. Como consecuencia, SYRIZA gastó capital político innecesaria y prematuramente durante el periodo de seis meses que Nikos Voutsis describió como un "coqueteo con espejismos políticos". El país acabó pagándolo; la recesión volvió y la era del memorándum se extendió indefinidamente.

Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora...

Este post fue publicado originalmente en la edición griega de 'El Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.