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De la 'prioridad nacional' a los fantasmas del pasado: el PP compra los marcos de Vox y vuelve a aferrarse al 'lado oscuro'

De la 'prioridad nacional' a los fantasmas del pasado: el PP compra los marcos de Vox y vuelve a aferrarse al 'lado oscuro' 

El dominó de los gobiernos autonómicos ha comenzado en Extremadura, región en la que María Guardiola ya es presidenta. Hubo un tiempo en que la extrema derecha también entró al Ejecutivo, pero los populares se empeñan en no hacer caso a Yoda.

La presidenta de Extremadura, María Guardiola, recibiendo los aplausos de la bancada popular tras conseguir la investidura.
La presidenta de Extremadura, María Guardiola, recibiendo los aplausos de la bancada popular tras conseguir la investidura.Europa Press via Getty Images

Star Wars es un manual para entender la vida y, concretamente, la política. Aquella saga que esgrimió George Lucas a finales de los setenta ostenta cada uno de los ingredientes para sobrevivir en un mundo donde la oscuridad se adentra hasta en los lugares más recónditos de la sociedad. Yoda, el maestro de maestros y uno de los personajes que quedó grabado a fuego en los espectadores, otorgó al mundo cual profeta inspirado las claves para entender qué está sucediendo con los pactos del Partido Popular y Vox a lo largo y ancho de la península. Para el pequeño verde, el pasado nunca debió ser una carga, sino un manual de aprendizaje; debería ser una formación, en ningún caso una distracción; el fracaso como el mejor maestro, no un anhelo de regreso; la negación de la perdida como un camino al lado oscuro. "Desaprender lo que has aprendido, debes", aseguraba el anciano.

El Partido Popular ha renunciado a cada uno de los alicientes mencionados y, más allá de aprender del pasado, ha vuelto a tropezar en la misma piedra. Seña clara de identidad del ser humano, por otro lado. Corría el año 2022 cuando la tesitura actual se presentó por primera vez a los populares. Pablo Casado, que corría sus últimos días en la dirección nacional del partido antes de que denunciara la presunta corrupción de la líder madrileña Isabel Díaz Ayuso, presenció cómo emergía el primer gobierno de coalición de su formación junto a Vox: la extrema derecha española, la encarnación de los ideales promovidos por Donald Trump y su séquito internacional. 

La organización liderada por Santiago Abascal ya había logrado representación parlamentaria en los comicios andaluces de diciembre de 2018 con hasta 12 diputados. Una cifra significativa que marcaría el inicio del dilema de los dilemas del Partido Popular que, por oposición al Ejecutivo nacional, cerró todas y cada una de las puertas negociadoras para que el monstruo que emergió a su derecha no creciera más de lo analítica y deseablemente posible. Ahí comenzó su virtud y ahí se desencadenó su condena. En marzo de 2022, la formación de extrema derecha entró por primera vez a un gobierno autonómico, concretamente al de Castilla y León, trazando así un mapa político en el que el principal partido de la oposición gobierna la gran mayoría de las comunidades autónomas a cambio de un elevado coste. 

Aquel no era el camino y este tampoco

Feijóo y Abascal, este miércoles en el Congreso de los Diputados
  Feijóo y Abascal, este miércoles en el Congreso de los DiputadosEuropa Press via Getty Images

Victoria, sí, pero con concesiones. Gobierno, sí, pero con tensiones y discrepancias inabarcables. Lo que ahora está sucediendo en Extremadura, Aragón y futuriblemente en Castilla y León ya pasó en 2022. Si en este momento se está hablando de 'prioridad nacional', entonces también hubo terminología y formas de ejercer la política que, teóricamente, poco o nada tienen que ver con la formación que está dentro de los demócrata-cristianos europeos. Por ello y siguiendo los sabios consejos del maestro Yoda, recordemos cómo fueron aquellos gobiernos para saber qué es lo que nos deparan.

Si ahora se habla de 'prioridad nacional' como eje discrepante, en aquel entonces la extrema derecha apuntaba todas sus armas ideológicas en contra del feminismo. Por ello, la concesión que tuvo que hacer el Partido Popular fue la de aceptar el término de la 'violencia intrafamiliar', el concepto contrario a la violencia machista. "Hace un tiempo sufrimos un asesinato producido por un padre que, por un problema con su pareja, después asesinó a sus dos hijos. Eso no es violencia machista, eso es violencia intrafamiliar", decía Alberto Núñez Feijóo entonces siendo ya el único candidato a presidir el PP. El brazo a torcer no sólo cayó por la igualdad, también lo hizo por la memoria, donde los populares tuvieron que tragar con la 'ley de concordia' —lo antagónico a la ley de Memoria— y la migración, donde la extrema derecha impuso la 'inmigración ordenada' —parienta directa de la 'prioridad nacional'—.

Castilla y León fue el inicio, pero tras ella vinieron la Comunidad Valenciana, Extremadura, Aragón, Murcia... Con Feijóo ya como líder de la oposición, se perfiló un mapa donde el azul y el verde teñían la gran mayoría del territorio nacional. Paradójicamente, los sables láser de los jedi en Star Wars. Si las cesiones iniciales hizo que el PP defendiera elementos incomprensibles, la gobernabilidad de los meses posteriores no fue más cómoda. Para que se hagan una ligera idea, la presidenta extremeña, María Guardiola, dijo textualmente en un primer momento que "jamás gobernaría con un partido que deshumaniza a los inmigrantes y eliminan la violencia machista del discurso". Esos rígidos principios duraron unos pocos meses, después firmó con Vox un acuerdo en el que, literalmente, se excluía el término 'violencia machista'.

Recuerdos de Vietnam 

  Buzz Lightyear en el tráiler de la película.Pixar

A las medidas mencionadas, a los meses se sumaron las censuras culturales. En varios municipios donde gobernaban PP y Vox en 2023 se impulsaron decisiones que afectaron directamente a la programación cultural, con la retirada o cancelación de obras de teatro y proyecciones cinematográficas que abordaban cuestiones como la identidad de género, el feminismo o la memoria histórica. Estas intervenciones, justificadas por sus promotores como ajustes a criterios "ideológicos" o de programación, fueron interpretadas por buena parte del sector cultural como una forma de censura que limitaba la pluralidad artística. Orlando, de Virginia WoolfEl mar: visión de unos niños que no lo han visto nuncaLightyearLa Villana de Getafe, de Lope de Vega... Ahora, tres años después de aquello, lo más probable es que se vuelvan a ver escenarios similares.

La cultura no fue el único sector que presenció de cerca los efectos de la entrada de la extrema derecha en los gobiernos autonómicos. Además de recortes en la financiación de la sanidad, la educación fue otra de las dianas que colocó el partido dirigido por Santiago Abascal. Durante los años en los que la formación se adentró en el poder, conceptos como el 'cheque escolar' o el 'PIN parental' se asentaron en la conversación pública. El primero de ellos se trataba de una medida que pretendía eliminar las diferencias entre la educación concertada y la privada, además de reducir considerablemente la pública. El segundo que los padres fueran aquellos que tuvieran la máxima competencia para decidir todo sobre la educación. "Consentimiento expreso para cualquier actividad con contenidos éticos, sociales, cívicos, morales o sexuales", esgrimía Vox.

En esa misma línea, en comunidades como Extremadura se anuló la gratuidad universal de los comedores escolares, además de la anulación o reducción exponencial de impuestos como el de sociedades o el patrimonial y beneficios fiscales a las grandes fortunas.

Alertas hasta en casa 

Las alertas por los nuevos acuerdos autonómicos que recuerdan a los que ya se impulsaron en su día han emergido incluso en medios conservadores. El diario El Mundo lanzaba este viernes un editorial titulado La 'prioridad nacional' es un error. "El PP ha decidido entregar a Vox un marco político de cariz identitario que señala al inmigrante como principal causante del deterioro de los servicios públicos y de la crisis de la vivienda. Son premisas falsas", aseguran en el periódico. Dentro de la formación también se están despertando inquietudes sobre los pactos, aunque de esa información ya profundizará nuestro compañero Pablo Montesinos este sábado en El HuffPost.  

Difícil de ver el futuro es que diría el maestro Yoda. En 2024 Vox salió de los gobiernos autonómicos por la acogida de menores migrantes. Comienza una nueva tanda de gobiernos autonómicos, nadie tiene la certeza de cuánto duraran ni cómo se aplicarán las medidas. El PP lleva estos días enfatizando cada dos por tres en que "siempre se respetara la ley", témanse lo peor porque, como se ha visto en las últimas horas, la formación de las gaviotas no suele hacer caso a Yoda. 

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Redactor de Política en El HuffPost. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en elDiario.es, El Confidencial y Redacción Médica. Además de la actualidad política e informativa, ha cubierto efemérides como la DANA o la erupción del volcán de La Palma, realizado entrevistas a raperos o elaborado reportajes sociales, especialmente sobre migración y vivienda.

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