Andrea, ganadera de 26 años: "Uno de los grandes problemas de los pueblos pequeños es que no siempre hay casas para alquilar, pero vacías sí"
"Hay casas que solo las habitan una o dos veces al año".
El problema de la vivienda no es solo cosa de las grandes ciudades. Tampoco se limita a precios desorbitados o hipotecas imposibles. En muchos pueblos de España, el obstáculo es otro: directamente no hay casas disponibles para vivir. O, al menos, no en el mercado.
Así lo ha contado la influencer rural Andrea (@andybu_rural) en un vídeo de TikTok que ha resonado entre miles de usuarios. En concreto, Andrea es una joven ganadera y creadora de contenido española de 26 años que dejó Barcelona para trasladarse al pueblo de su abuela, Villores, un pequeño municipio de la provincia de Castellón que tiene solo 32 habitantes.
La catalana, quien ahora se dedica a la ganadería y la agricultura, compartiendo su día a día con sus cabras (Concha, Vicenta y Marisa) y trabajando con tractores, ha querido reflejar en uno de sus vídeos una realidad del mundo rural que implica una gran dificultad, especialmente para los jóvenes.
Así, la creadora de contenido del mundo rural pone palabras a una contradicción que define la situación de buena parte de la España vaciada: "No siempre hay casas para alquilar. Hay casas vacías, sí, y muchas. Y hay casas que solo las habitan una o dos veces al año".
Su historia es sencilla, pero reveladora. Aunque su vida diaria transcurría en su pueblo, donde tiene la granja y pasa la mayor parte del tiempo, en realidad Andrea vivía en el municipio de al lado. ¿El motivo? No encontraba vivienda en el suyo.
"Llevaba mucho tiempo queriéndome mudar", explica en el vídeo. Pero entre casas cerradas, viviendas que solo se ocupan en vacaciones y la ausencia de oferta de alquiler, la opción simplemente no existía.
Casas cerradas en pueblos que se vacían
La paradoja es evidente: mientras muchos pueblos pierden población año tras año, buena parte de sus viviendas permanecen vacías. Algunas pertenecen a familias que emigraron y vuelven solo en verano o en fechas señaladas. Otras, directamente, llevan años cerradas. Este fenómeno no solo frena la llegada de nuevos vecinos, sino que dificulta algo tan básico como que quienes ya tienen su vida allí puedan quedarse. El caso de Andrea lo ilustra con claridad: trabajar en el pueblo no garantiza poder vivir en él.
"Esto es uno de los problemas más grandes del despoblamiento", afirma Andrea. Y no es una exageración. Sin acceso a vivienda, cualquier estrategia para revitalizar el medio rural pierde fuerza, porque mientras haya pueblos con casas vacías y gente que quiere vivir en ellos sin poder hacerlo, el reto de la despoblación seguirá teniendo una asignatura pendiente.
El deseo de volver (y quedarse)
En los últimos años, el discurso sobre la "vuelta al pueblo" ha ganado protagonismo. Teletrabajo, calidad de vida, conexión con la naturaleza… Las razones son muchas. Pero la realidad, como muestra este testimonio, es más compleja.
No basta con querer vivir en un entorno rural. Hace falta infraestructura, servicios… y casas disponibles. Y en muchos casos, además, las viviendas que existen no están en condiciones de ser habitadas sin una inversión previa.
En otros, simplemente no se alquilan, ya sea por desconfianza, falta de incentivos o cuestiones administrativas.
En el caso de Andrea, la historia tiene un giro positivo. Después de mucho tiempo, por fin ha conseguido mudarse a su pueblo. "Eso va a cambiar", anuncia en el vídeo con una mezcla de alivio y entusiasmo.
Pero su experiencia no es siempre la norma. Para muchos jóvenes (y no tan jóvenes) que quieren apostar por la vida rural, el acceso a la vivienda sigue siendo una barrera silenciosa pero decisiva.