Carys, joven a la que acusaban de fingir su enfermedad, se hizo médica para entender qué le pasaba y hoy trabaja en el hospital que la diagnosticó: "Me la encontraré yo misma si hace falta"
"Siempre supe, en el fondo, que algo andaba mal", confiesa la joven.
Durante años, Carys Havard convivió con una sensación tan frustrante como dolorosa: sabía que algo no iba bien, pero nadie encontraba la causa. La joven galesa sufría graves problemas respiratorios, se quedaba sin aire e incluso perdía el conocimiento mientras entrenaba natación de competición. Sin embargo, muchos atribuían sus síntomas al asma o, peor aún, pensaban que exageraba o incluso que estaba fingiendo.
Esa experiencia terminó marcando el rumbo de su vida ya que decidió estudiar Medicina con la promesa de encontrar ella misma la respuesta si nadie más podía hacerlo. Carys, que entrenaba hasta nueve veces por semana, explica que sufría episodios de falta de aire en plena piscina y desmayos que ponían en riesgo su salud. Sin embargo, llegó a escuchar que fingía los síntomas o que simplemente buscaba excusas para no entrenar.
"Siempre supe, en el fondo, que algo andaba mal", confiesa la joven en declaraciones recogidas por la BBC. "Creo que eso fue lo que me impulsó a estudiar medicina: 'Encontraré la respuesta, aunque tenga que hacerlo yo misma'", recuerda. El punto de inflexión llegó en 2020, cuando especialistas del Hospital Universitario de Gales, en Cardiff, identificaron por fin el origen del problema. El diagnóstico fue laringomalacia, una rara afección en la que los tejidos de la laringe colapsan parcialmente sobre las vías respiratorias y dificultan el paso del aire.
De paciente incomprendida a médica
Uno de los episodios que nunca olvidará ocurrió durante una visita a urgencias, cuando permaneció apartada mientras apenas podía respirar. Según relata, estuvo jadeando hasta perder el conocimiento y solo cuando un médico advirtió que se estaba poniendo azul cambió la actitud del equipo, que hasta entonces se pensaba que era una exageración. "Dijeron: 'No, esto es peligroso, no le llega oxígeno al cerebro', y ahí empezó todo", explica.
Aquella experiencia reforzó aún más una vocación que decía tener desde los cinco años. "Quiero ser como esa doctora que entiende lo indefensa que puede sentirse una paciente en ese momento y quiero escuchar todo lo que me diga”, asegura. Ahora, con solo 23 años y recién graduada, ha conseguido una plaza como médica precisamente en el hospital donde recibió el diagnóstico que cambió su vida.
En cuanto a su salud respiratoria, cuando por fin supo lo qué le ocurría, se sometió a tres intervenciones quirúrgicas que lograron mejorar su calidad de vida. La noticia de que empezaría a trabajar en el Hospital Universitario de Gales la emocionó hasta las lágrimas. Ahora inicia esa nueva etapa con un objetivo muy claro: que ningún paciente vuelva a sentirse ignorado cuando sabe que algo no va bien.