"La ciudad no puede convertirse cada día en una discoteca": la crítica de un vecino de Logroño al turismo de despedidas
"Somos una ciudad abierta, pero eso no significa que tengamos que aguantarlo todo".

Logroño lleva años consolidándose como uno de los destinos favoritos para celebrar despedidas de soltero y de soltera. Su oferta gastronómica, el ambiente del Casco Antiguo y la fama de sus vinos atraen cada fin de semana a cientos de grupos dispuestos a convertir la ciudad en una fiesta.
Sin embargo, detrás de esa imagen de diversión hay vecinos que aseguran que la situación ha dejado de ser puntual para convertirse en una molestia cotidiana. Es el caso de Martín, un joven logroñés que defiende el carácter acogedor de la ciudad, pero que cree que el modelo actual ha cruzado una línea.
De fiesta puntual a molestia diaria
Martín deja claro desde el principio que su crítica no va dirigida contra quienes visitan Logroño. "Somos personas muy abiertas y alegres, y nos gusta que la gente venga a conocer la ciudad", afirma. Pero el problema aparece, según explica, cuando las despedidas dejan de ser algo excepcional.
"Antes era algo que pasaba algunos fines de semana. Ahora prácticamente es diario", asegura. Esa frecuencia, afirma, termina alterando la vida cotidiana de quienes simplemente quieren pasear, hacer recados o disfrutar de una terraza sin sobresaltos.
"No todos los días te apetece salir a la calle y escuchar gente cantando, ver gente disfrazada, pidiéndote que participes en pruebas...", resume. Para él, ese ambiente constante acaba siendo agotador para muchos vecinos.
"No todo el mundo está de vacaciones"
Martín considera que aunque el éxito turístico de Logroño es algo positivo, el fomento del turismo de despedidas se ha pasado de la raya. "Al principio era hasta divertido, pero es que la ciudad no puede convertirse cada día en una discoteca", expone.
"Hay momentos en los que parece que toda la ciudad gira alrededor de las despedidas", comenta. A su juicio, el problema es que la ciudad se haya convertido en un referente nacional de este tipo de celebraciones, que terminan ocupando calles, plazas y zonas de hostelería.
También cree que muchos visitantes no piensan en que detrás de ese escenario festivo hay personas que viven y trabajan allí. "No todo el mundo está de vacaciones. Hay gente que madruga, familias con niños o personas mayores que simplemente quieren tranquilidad".
"No hace falta dejar de venir, solo entender que hay límites"
Pese a su crítica, Martín insiste en que no busca demonizar a quienes visitan la ciudad. De hecho, considera que la mayoría de turistas disfrutan de Logroño con respeto.
Lo que pide es que tanto los visitantes como las administraciones sean conscientes de que la convivencia también forma parte del atractivo de la ciudad. "No hace falta dejar de venir, solo entender que hay límites y que aquí vive gente todo el año".
En su opinión, preservar ese equilibrio es fundamental para que Logroño siga siendo un destino acogedor sin perder la calidad de vida de quienes la llaman hogar. "Somos una ciudad abierta, pero eso no significa que tengamos que aguantarlo todo", recalca.
Además, cree que se deberían fomentar e incentivar otros aspectos de la ciudad, no sólo sus vinos y su ambiente: "Hay más modelos de turismo y Logroño tiene muchas más cosas que ofrecer. La ciudad puede seguir siendo un destino atractivo sin convertir cada fin de semana en un carnaval".
