Lorenzo Vicario, profesor de Sociología: "La gente suele confundir gentrificación y turistificación, pero son procesos contrapuestos"
“Queremos un polideportivo, no un museo".
Durante años, muchas ciudades europeas vendieron la idea de que cualquier gran proyecto cultural era automáticamente una buena noticia para los barrios. Museos reconocidos, grandes eventos internacionales y edificios icónicos se presentaban como símbolos de modernidad y regeneración urbana.
Sin embargo, ahora cada vez más vecinos miran con sospecha aquello que antes se celebraba. Un nuevo museo ya no siempre significa una apuesta por la cultura o la dinamización local, sino que a veces se interpreta como el primer paso hacia la pérdida de vida local: la masificación turística.
Estos lugares que se venden como novedad cultural, también funcionan muchas veces como reclamo turístico, lo que, en muchas ocasiones, conlleva a una progresiva cadena de perjuicios para los residentes: saturación del lugar, subida de los alquileres, pérdida del comercio local…
Un cambio de perspectiva que explica conflictos como el que se está viviendo en Madrid, donde asociaciones vecinales se han movilizado contra la construcción de un museo de la EMT en los terrenos de la antigua Operación Mahou-Calderón bajo un lema muy claro: “Queremos un polideportivo, no un museo”.
La “decadencia” que trae consigo el turismo masivo
El sociólogo Lorenzo Vicario, profesor en la Universidad del País Vasco y experto en procesos urbanos, es una de las voces que mejor explica el cambio que están viviendo muchas ciudades.
“La gente suele confundir gentrificación y turistificación, pero son procesos contrapuestos, porque la turistificación también impacta en los nuevos residentes“, afirma en declaraciones recogidas por El Confidencial.
Vicario pone el ejemplo de Bilbao y del llamado “Efecto Guggenheim”, durante años presentado como modelo de éxito urbano internacional. “Es verdad que la ciudad recibió un empujón en aquella época y el museo ayudó, pero queda poco de esos beneficios”, sostiene.
Y lanza una frase especialmente demoledora: “Bilbao va camino de pasar de ser una ciudad industrial en decadencia a ser una ciudad turística en decadencia”.
Los barrios rechazan los museos
El conflicto actual sobre la gentrificación de las ciudades y los barrios y la masificación turística ya no gira únicamente alrededor de la vivienda, sino que también afecta al uso del espacio público y a qué tipo de ciudad quieren sus vecinos.
En el distrito madrileño de Arganzuela, las asociaciones reclaman que los pocos terrenos libres que quedan se dediquen a servicios básicos como colegios, institutos o instalaciones deportivas.
“El museo busca aportar al turismo de Madrid Río, que está de moda, pero a los que vivimos aquí no nos soluciona nada”, explica Susana de la Higuera, portavoz de la asociación vecinal.
La situación recuerda a otros conflictos similares en ciudades como Barcelona, donde vecinos del Raval protestan contra la ampliación del MACBA por la pérdida de espacio público y el miedo a una mayor presión turística.
La ciudad como producto turístico
Vicario explica que Bilbao vivió primero un proceso de gentrificación vinculado a la renovación urbana y después otra transformación mucho más agresiva relacionada directamente con el turismo.
“Eso se vendió como algo buenísimo, aunque hay mucho mito. Pero el problema final es que después vino otra ola, la del turismo, y es la que está terminando de arrasar con todo”, afirma con seguridad.
Además, añade una crítica especialmente dura hacia las instituciones: “Los museos, como las propias administraciones públicas, más que enfrentarse a la situación, han intentado aprovecharla”.
El problema, según señalan los expertos, es que cualquier mejora urbana acaba hoy atrapada por la lógica inmobiliaria y turística: una biblioteca bonita, una calle pacificada o un nuevo equipamiento cultural pueden terminar atrayendo más inversión especulativa, más apartamentos turísticos y más presión sobre los vecinos.