Los turistas huyen de un pueblo de 2.000 vecinos por el ruido de los cencerros y el alcalde responde: "No puedo firmar una ordenanza para silenciar a la naturaleza"
Buscan naturaleza, pero de la aesthetic.
Lo que para los vecinos es el sonido habitual del verano en su localidad, para algunos turistas se ha convertido en un motivo suficiente para hacer las maletas antes de tiempo.
Ha ocurrido en Serina, un pequeño municipio italiano de unos 2.000 habitantes situado en la provincia de Bérgamo, donde varios visitantes decidieron poner fin a sus vacaciones al considerar insoportable un curioso sonido: el de los cencerros del ganado que pasta en los alrededores del pueblo.
La reacción del alcalde, Michele Villarboito, no ha tardado en llegar y ha acabado convirtiéndose en la parte más comentada de la historia, defendiendo que esos sonidos forman parte de la esencia de la vida en la montaña.
"Los cencerros vienen incluidos"
Tras las quejas de los turistas por el constante tintineo de los cencerros que llevan las vacas durante el pastoreo, el alcalde ha respondido de forma clara. "Puedo mediar en muchas cosas, pero no puedo firmar una ordenanza para silenciar a la naturaleza ni para hacer callar a los animales de pastoreo", ha afirmado Villarboito en declaraciones recogidas por el diario italiano Corriere della Sera.
Lejos de plantearse alguna medida, el alcalde ha decidido contestar con humor y ha aprovechado para reivindicar el modo de vida de la localidad. "Quien viene a Serina tiene los cencerros y el olor de los pastos prácticamente incluidos en el precio", ha expuesto, subrayando que ese sonido metálico no es una molestia excepcional, sino una parte inseparable del paisaje sonoro de los Alpes.
Para Villarboito, resulta imposible entender la montaña sin la actividad ganadera, una tradición que continúa siendo una importante fuente de ingresos y que marca el ritmo de muchas localidades del norte de Italia.
Un conflicto cada vez más frecuente
El regidor considera que este episodio refleja un fenómeno cada vez más habitual: visitantes que buscan desconectar en plena naturaleza, pero que rechazan los sonidos, olores o actividades propios del entorno rural cuando los encuentran.
Asimismo, el alcalde ha lamentado que muchas personas conciban estos lugares "como una postal estática, un parque temático o un resort aislado", olvidando que son espacios donde viven familias y trabajan agricultores y ganaderos durante todo el año.
La polémica, además, no es exclusiva de Italia. En Suiza también se han producido debates similares. Uno de los casos más conocidos tuvo lugar hace unos años en Aarwangen, donde los vecinos rechazaron de forma casi unánime prohibir el sonido nocturno de los cencerros.
En este caso, el municipio suizo en lugar de limitar la actividad ganadera, optó por una solución diferente: informar mejor a quienes llegan de fuera sobre la realidad de la vida en el campo para que sepan con anterioridad qué es lo que se van a encontrar.