Drones de combate por 17.500 euros frente a cazas de 100 millones: la fábrica secreta alemana que está cambiando la economía de la guerra en Ucrania
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Drones de combate por 17.500 euros frente a cazas de 100 millones: la fábrica secreta alemana que está cambiando la economía de la guerra en Ucrania

La empresa Helsing fabrica drones autónomos impulsados por inteligencia artificial que ya combaten contra Rusia y cuestan una fracción de lo que vale un avión de combate tradicional.

Un soldado ucraniano de "Taifun" portando un dron de ataque nuevo llamado 'Marsianin'.Getty Images

Durante décadas, las guerras modernas han estado asociadas a enormes inversiones en tanques, submarinos o sofisticados cazas de combate valorados en decenas o incluso cientos de millones de euros.

Pero una fábrica oculta en el sur de Alemania está demostrando que la ecuación puede estar cambiando.

La protagonista es Helsing, una startup alemana especializada en inteligencia artificial aplicada a la defensa que se ha convertido en la empresa militar tecnológica más valiosa de Europa. Desde una ubicación mantenida en secreto por motivos de seguridad, produce drones autónomos que ya están siendo utilizados por Ucrania en el frente contra Rusia y cuyo coste ronda los 17.500 euros por unidad, una cifra diminuta comparada con los más de 100 millones de dólares que puede costar un F-35 estadounidense.

La revolución de la guerra barata

El cambio va mucho más allá de una cuestión tecnológica.

Según explica el reportaje publicado por The New York Times, Helsing representa una transformación profunda en la forma en que los ejércitos gastan su dinero. Frente a los programas militares tradicionales, que requieren años de desarrollo y enormes contratos gubernamentales, estas nuevas armas pueden fabricarse en masa, desplegarse rápidamente y ser operadas por personal con apenas una semana de formación.

"Hay una transformación en la economía de la defensa", resume Alexander Blanchard, investigador del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo.

La tendencia ya se refleja en los presupuestos militares. El Pentágono ha reservado decenas de miles de millones de dólares para desarrollar arsenales no tripulados impulsados por inteligencia artificial, mientras la Unión Europea también ha comenzado a financiar empresas de defensa tecnológica.

Probados en combate real

La gran ventaja competitiva de Helsing es que sus sistemas no son simples prototipos.

Miles de sus drones han sido desplegados en Ucrania desde finales de 2024, proporcionando a la compañía una enorme cantidad de datos reales de combate. Cada misión genera información que sirve para perfeccionar continuamente el software de inteligencia artificial.

Su modelo HX-2 pertenece a la categoría de los llamados drones kamikaze o municiones merodeadoras. Estos aparatos sobrevuelan el campo de batalla buscando objetivos como vehículos blindados, sistemas de artillería o posiciones ocultas entre bosques. Cuando reciben autorización de los operadores ucranianos, se lanzan contra el objetivo.

Según la propia empresa, las tasas de éxito rondan el 70%. Además, los drones pueden seguir operando incluso cuando Rusia intenta inutilizarlos mediante interferencias electrónicas o bloqueando las señales GPS.

Una fábrica preparada para desaparecer en un día

La importancia estratégica del proyecto ha llevado a extremar las medidas de seguridad.

La fábrica donde se ensamblan los drones funciona bajo estricta confidencialidad. Ni siquiera otras empresas instaladas en el mismo complejo industrial conocen exactamente qué se produce allí. Helsing evita identificar el edificio por temor a sabotajes o ataques.

La instalación está diseñada para poder desmontarse y trasladarse completamente en apenas 24 horas si surgiera alguna amenaza. Sus alrededor de cien trabajadores, muchos procedentes de la industria automovilística alemana, pasan controles de seguridad y firman acuerdos de confidencialidad.

El siguiente paso: cazas sin piloto

Sin embargo, los drones actuales son solo el comienzo.

La compañía ya trabaja en un proyecto mucho más ambicioso: el CA-1 Europa, un avión de combate no tripulado fabricado con fibra de carbono y diseñado para penetrar profundamente en territorio enemigo. La previsión es que entre en servicio hacia 2029.

La lógica vuelve a ser económica. Por el coste de un único caza convencional, Helsing aspira a desplegar cientos de aeronaves autónomas capaces de asumir misiones especialmente peligrosas.

"Si no tienes un piloto, puedes realizar operaciones completamente diferentes y mucho más arriesgadas", explica Stephanie Lingemann, responsable de los programas aéreos de la empresa.

Ucrania como laboratorio del futuro

La guerra en Ucrania está actuando como banco de pruebas de esta nueva generación de armamento.

Para inversores y estrategas militares, el conflicto está demostrando que la superioridad ya no depende únicamente de poseer plataformas gigantescas y extremadamente caras, sino también de disponer de sistemas autónomos baratos, escalables y capaces de adaptarse rápidamente al campo de batalla.

La consecuencia puede ser una transformación profunda de los ejércitos occidentales durante la próxima década.

Porque mientras un caza sigue costando más de cien millones de dólares y requiere años para ser fabricado, un pequeño dron guiado por inteligencia artificial puede ensamblarse en serie por menos de lo que cuesta un coche de gama alta. Y eso, según muchos analistas, está cambiando para siempre las reglas económicas de la guerra

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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