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05/04/2016 07:03 CEST | Actualizado 05/04/2016 10:58 CEST

La 'teoría de la avalancha' en el sueño de Sánchez

pedrosanchezSánchez no ha querido contrarrestar la disciplinada, costosa y eficiente agitprop del PP, que ha calado hasta el tuétano en la gran conversación nacional. La tan famosa como falsa "herencia de ZP". El líder del PSOE, típico producto del socialismo madrileño, que debió dimitir al minuto siguiente del desastre electoral, espera esa piedra escondida que, si se mueve un milímetro, puede llevar a la práctica la teoría de la avalancha.

Foto: EFE

Pareja de casi ancianos -ochenta y tantos....- en el salón del Hotel Principado, en Oviedo. Lunes 7 de marzo, de noche. Esperan a unos amigos para salir a tomar algo y se entretienen viendo la televisión. Aparece Pedro Sánchez rodeado de micrófonos, una nube nerviosa que se agita al compás de sus palabras, y ella le dice a él. "Tiene que ser un hombre serio porque el rey, fíjate, le ha encargado formar gobierno". Sale Rajoy: "Ése se fue a Sevilla, y va a perder la silla", susurra la mujer. Y Pablo Iglesias: "Con esas coletas y ese modo de hablar, regaña a todo el mundo..." "Otro que me gusta - añade el marido- es ese catalán, Rivera, siempre buscando el acuerdo y muy educado". En algo coincidían los dos: "pero hay que tener en cuenta que todos estos problemas son la herencia de Zapatero..."

Tomé nota de una conversación que, en realidad, he oído, con ligeras variaciones, muchas veces en estas semanas, desde que el líder del PP se quitó de en medio, se puso de lado, esperando a que escampara para no tener necesidad de coger el paraguas. A Rajoy lo conocí en Pontevedra en 1986. En marzo de 1987, le hice una larga entrevista en el Parador Nacional, tres páginas, y ya entonces, preguntado sobre la corrupción que envolvía a AP, me dijo que la mejor solución era la transparencia. Hombre tranquilo: tres decenios más tarde y sigue buscándola.

Esta está siendo como una clásica jugada de ajedrez, en la que sus actores, todos, pertenecen a la alta escuela de la estrategia política. "Dama, dama, de alta cuna pero baja cama", que diría, creo, Cecilia. Unos se han graduado gracias a las tesis y los ensayos en laboratorio, y otros en la práctica 'consuetudinaria' . Hasta las elecciones del 20-D, y en los días siguientes, fue Pablo Iglesias, el rostro iluminado de un caudillo en ciernes, quien protagonizó todos los telediarios y las tertulias. España ha pasado abruptamente de ser una clásica democracia moderna de opinión pública a ser una democracia de plató. Pero no hay buen salvavidas para el náufrago que lo desprecia. Y estos chicos podemitas -cuarentones con apariencia de adolescentes- han sido maestros en la disciplina del show. Quieren hacer el milagro del olvido: que se olviden sus lazos ideológicos y económicos con los bolivarianos, y sus tonteos con los iraníes, y las sospechas de financiación ilegal, y sus algaradas gamberriles y revienta mítines en la Complutense... ¿Pecados de juventud? De algunos.

En el regate, Sánchez y Rivera juegan bien. Ganan tiempo, obligan a Iglesias a tener en su grupo parlamentario nodriza a todas las corrientes, confluencias, mareas y egos mientras sigue la cuenta atrás para nuevas elecciones.

Y de repente, el rey le empuja a un lado de rebote y coloca en el centro de la escena al líder socialista, que ha llevado a cabo una campaña electoral fatal, y que ha ganado, por sus propios méritos, una estrepitosa e histórica derrota del socialismo. Pablo Manuel Iglesias reacciona como Hugo Chávez o Maduro, aumentando los trazos del esperpento. Se autonombra vicepresidente y toma los ministerios clave del gobierno, CNI, Guardia Civil , Defensa, TVE y BOE incluidos..., a los que luego renuncia como si su humildad rechazara el poder y el ringorrango de la gloria. La inteligencia, los fondos reservados, la lucha contra la corrupción... Suscitan una duda, una pregunta que nadie se había hecho hasta ese instante: ¿pero nos podemos fiar de ellos para estas cosas tan serias? ¿Se pueden fiar nuestros aliados de la OTAN y la UE?

Ahí, en el regate, Sánchez y Rivera juegan bien. Ganan tiempo, obligan a Iglesias a tener en su grupo parlamentario nodriza a todas las corrientes, confluencias y mareas, egos y vanidades, resentimientos o ilusionismos territoriales, con sus contradicciones y sus peculiaridades, (¿por cierto, esto cuece o enriquece?) mientras sigue la cuenta atrás para nuevas elecciones.

Pero las encuestan revelan que el electorado premia a 'Ciudadanos', precipita en el abismo a 'Podemos', castiga al PP... y también al PSOE. ¿Por qué? Porque Sánchez no ha querido contrarrestar la disciplinada, costosa y eficiente agitprop del PP, que ha calado hasta el tuétano en la gran conversación nacional. La tan famosa como falsa "herencia de ZP". El líder del PSOE, típico producto de la FSM, que debió dimitir al minuto siguiente del desastre del 15, espera esa piedra escondida que, si se mueve un milímetro, puede llevar a la práctica la teoría de la avalancha.

Hay dos refranes que pueden explicar lo que pasa; uno, costero, es que "camarón que se duerme se lo lleva la corriente", y otro, chino, que "mientras más salte y corra el zorro, más se acerca a la peletería".