POLÍTICA
29/03/2020 12:59 CEST

¿Fue una imprudencia que se celebrase el 8-M ante el avance del coronavirus?

Aunque la manifestación feminista es el centro de la polémica no fue el único evento multitudinario del fin de semana.

Imagen de la manifestación del 8-M en Madrid.

“Hicimos lo que nos dijeron los expertos”. Con estas palabras la ministra de Igualdad, Irene Montero, justificaba esta semana la celebración de la manifestación del 8-M en Madrid. La política, primera del Ejecutivo de Pedro Sánchez en dar positivo por coronavirus, respondía a quienes culpan al Gobierno de haber favorecido la propagación de la COVID-19 por no haber cancelado este evento que reunió, según la Delegación de Gobierno en Madrid, a más de 120.000 personas. Entre ellas, la ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias, y la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, que también dieron positivo.

Las críticas a la celebración del 8-M se han materializado en una denuncia ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo contra el presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, por permitir concentraciones masivas como ésa.

¿Fue una imprudencia del Gobierno? ¿Había ya datos suficientes para prever lo que vendría después? ¿Se expuso a los asistentes a un riesgo innecesario?

A toro pasado no hay dudas: manifestarse no fue lo más acertado, ni en Madrid ni en otros puntos de España como Barcelona y Vigo (50.000 participantes) oen Sevilla, donde se reunieron 20.000 personas. De la misma manera, también fue poco prudente celebrar otros eventos masivos ese fin de semana. 

  • El partido Betis-Real Madrid reunió en el estadio Benito Villamarín a más de 60.000 personas.
  • Y en el acto de Vox de Vistalegre, con Santiago Abascal y Javier Ortega-Smith, también positivos, hubo alrededor de 9.000 personas.
  • La celebración de las Fallas en Valencia, con la Mascletà, a la que no faltó el ministro de Fomento, José Luis Ábalos.
  • El partido Atlético de Madrid-Sevilla del el Wanda Metropolitano el sábado 7 ante 60.000 asistentes. 
  • El concierto de Isabel Pantoja el viernes en el Wizink Center con 15.000 personas.

Las cifras de casos de la COVID-19 en España era preocupantes, pero no alarmantes, en ese momento. El viernes 6 de marzo los positivos eran 365, con 11 enfermos en la UCI y cinco fallecidos. Sin embargo, viéndolas con perspectiva y atendiendo a lo que estaba pasando más allá de España, la visión es otra.

  • Del 5 al 6 de marzo hubo un aumento de 104 casos. El incremento fue del 41%.
  • El Ministerio de Sanidad todavía no actualizaba los datos en fin de semana, por lo que hasta el lunes 9 a las 12:00 horas no se conocieron las nuevas cifras: 999 contagiados y ya 16 fallecidos.
  • Ese viernes 6 la cifra en Italia ya se elevaba a 3.858, con 148 fallecidos. 
  • Los contagios en todo el mundo llegaban a 97.993 y la cifra de muertos era 3.381.

“Si mi hijo me pregunta si puede ir le diré que haga lo que quiera”, llamó a la calma Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, dos días antes de la cita al ser preguntado por el tema. Su única recomendación la dio el 2 de marzo cuando pidió a las personas con síntomas similares al coronavirus, fiebre o tos, que se quedasen en casa para evitar hipotéticos contagios. 

El 7 de marzo, un día antes del 8-M, de Vistalegre y del Betis-Real Madrid, Sanidad decidió aplazar la maratón de Barcelona precisamente por el coronavirus. 

A pesar de que en Alemania se cancelaron las manifestaciones y que en Francia se habían prohibido las concentraciones de más de 5.000  personas —las marchas del 8M sí se permitieron— ese fin de semana reinaba la tranquilidad en Europa, a excepción de Italia. El domingo 8 de marzo, Giuseppe Conte, primer ministro del país, confinó a toda la región de Lombardía y otras 16 provincias del norte del país. 

Había ya datos

La dimensión que ha cobrado esta crisis sanitaria —558.502 casos en todo el mundo y 25.251 fallecidos— era difícil de calcular entonces, pero sí había informes que hacían presagiar malos augurios:

  • El 14 de febrero ya se sabía que el contagio no tenía por qué ser directo: una persona que no ha estado en China podía contagiarse de otra que sí había estado allí. Y esa persona podía a la vez contagiar a otra (propagación terciaria).
  • El 24 de febrero la OMS pidió al mundo que se preparese para una “potencial pandemia”. El día 11 de marzo ya se le había quitado el ‘potencial’.
  • Un estudio del 29 de febrero estableció que los síntomas se desarrollan de 2 a 14 días después de la exposición.

Todos estos datos eran ya públicos, lo que se conocieron después fueron las recomendaciones de la Agencia de la Salud Pública Europea a Moncloa a través del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC). Según un artículo de El País, el jueves 5 de marzo Madrid ya no reunía las suficientes garantías para celebrar eventos como el 8-M o Vistalegre.

Vistalegre y el positivo de Ortega Smith 

La mañana del 8 de marzo Vox celebró en el palacio de Vistalegre un evento multitudinario con la cúpula del partido a la cabeza. El mitin no fue tan masivo como los anteriores, pero el partido de ultraderecha congregó a más de 9.000 personas en un espacio cerrado. 

 48 horas después, su secretario general, Javier Ortega-Smith, dio positivo por coronavirus. Ese mismo día un video del político tosiendo y sudando corrió como la pólvora en redes sociales. El líder saludaba, agarraba las manos de los que estaban en primera fila y se tapaba la boca con la mano para toser, en contra de las recomendaciones de Sanidad. Varios políticos de la dirección de Vox, como Santiago Abascal o la portavoz Macarena Olona, también se contagiaron. 

La “bomba biológica” Atalanta-Valencia

Pocos pensaban el 19 de febrero que la crisis del coronavirus terminaría siendo una pandemia global. Ese día el Atalanta recibió al Valencia en la ida de los octavos de final de la Champions en San Siro (Milán). El equipo italiano juega sus partidos de esta competición en Milán, pero es el club estrella de la ciudad de Bérgamo (Lombardía), una de las más golpeadas por la COVID-19 y donde ha tenido que intervenir el ejército para trasladar cadáveres a otras localidades por falta de espacio en los crematorios. 

El alcalde de la ciudad, Giorgo Gori, y el jefe de neumología del Hospital Papa Giovanni XXIII, Fabiano di Marco, han asegurado esta semana que el partido fue “una bomba biológica” que contribuyó a propagar el virus a pasos agigantados. “40.000 ciudadanos de Bérgamo acudieron a Milán para ver el Atalanta-Valencia. En autobús, en coche, en tren. Fue una bomba biológica, desafortunadamente”, explicó el médico.

Dos días después del partido, el 21 de febrero Italia registró su primer positivos por coronavirus —hoy superan los 80.000—. Los primeros contagios se conocieron en España a finales de febrero, entre ellos un periodista deportivo valenciano que había ido a cubrir el partido y varios aficionados que se habían desplazado hasta Italia. El 35% de la plantilla y cuerpo técnico del Valencia, incluidos algunos jugadores como Garay, terminó contagiándose. 

Aficionados del Valencia se agolpan en las puertas de Mestalla para recibir al equipo. 

Lo más grave no es que se jugara aquel partido cuando todavía no se calculaba el alcance la pandemia, sino que se celebrara el encuentro de vuelta el 10 de marzo en Valencia. El choque se jugó a puerta cerrada, pero miles de aficionados del conjunto ché se agolparon en las puertas de Mestalla y, aunque se prohibió el desplazamiento de los seguidores del Atalanta, un centenar de personas viajaron desde Bérgamo. Todo eso sin contar a todos los jugadores y cuerpo técnico del club italiano. 

Ese día en Italia los contagios superaban los 10.000 y ya habían muerto 631 personas. En España la pandemia comenzaba a crecer y se registraban más de 1.600 contagios y 36 muertos. 

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