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El cinismo religioso de Trump: por qué la guerra en Irán se vende como una cruzada

El cinismo religioso de Trump: por qué la guerra en Irán se vende como una cruzada

El presidente de EEUU y su equipo hacen incesantes referencias a Jesús, a milagros o al Armagedón bíblico, mientras llueven las denuncias de militares por la separación entre Iglesia, Estado y Fuerzas Armadas. Hasta el papa León XIV les dice que paren. 

Un grupo de pastores evangélicos rodean a Donald Trump, presidente de EEUU, durante un rezo en el Despacho Oval, el 8 de febrero de 2025.
Un grupo de pastores evangélicos rodean a Donald Trump, presidente de EEUU, durante un rezo en el Despacho Oval, el 8 de febrero de 2025.Paula White-Cain / @Paula_White X

Donald Trump va ahora, a sus años y cuando su trayectoria vital lo desmiente, de señor religioso. Sin embargo, es un poco selectivo en lo que recuerda del cristianismo, porque lo de hablar de Dios para justificar reiteradamente su guerra en Irán, como poco, viola lo que recomendaban las tablas de Moisés. Diez mandamientos, punto dos: "No tomarás el nombre de Dios en vano". Más aún, dijo Jesús y escribió Mateo: "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios". Nada más lejos de la Casa Blanca y su intención de reventar civilizaciones enteras, con su moralidad como única brújula. 

El presidente de Estados Unidos intenta no reparar en sus contradicciones, pese a que hasta el papa León XIV ha tenido que llamarle la atención. La guerra, le refresca, nunca es santa, ni higiénica ni provechosa. "El evangelio es claro" y "la Iglesia tiene la obligación moral de ir contra la guerra", le ha dicho esta mañana desde Argelia, donde se encuentra de visita oficial. El republicano lo había acusado antes de ser "débil", de venderse a los progres y de no apoyarlo en su cruzada contra el régimen de los ayatolás. Porque eso es lo que ahora vende que es. 

Nadie sabe aún en qué acabarán las negociaciones entre Washington y Teherán, pero es que a estas alturas nadie sabe exactamente los motivos reales que lanzaron al republicano, junto al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, a disparar primero. Lo que sí se sabe es que, con los días, la apuesta ha superado lo geoestratégico o lo económico, lo energético o lo armamentístico, para caer peligrosamente en lo religioso. 

De lo que Jesús quiere, infieles y tatuajes

La Administración Trump al completo vende la contienda como una lucha del bien contra el mal, de Dios y el demonio, de valores y creencias superiores. La separación Iglesia-Estado, que es una base de la política norteamericana, yace herida cuando se menosprecia la diversidad de culto y se cae en el odio. Saltan todas las alarmas. Y Trump, mientras, se ríe, hasta publicar imágenes generadas por Inteligencia Artificial en las que aparece haciendo milagros. El sanador. El curador. Dios. 

Es apenas la última de una larga cadena de comentarios incomprensibles por su elevadísima carga religiosa. Lo más serio es que la organización estadounidense de vigilancia Military Religious Freedom Foundation (MRFF) ha declarado haber recibido más de 200 quejas por correo electrónico en las que se afirma que a miembros de las fuerzas armadas se les dijo que la guerra con Irán tiene como objetivo "provocar el Armagedón" o el "fin de los tiempos" bíblico. Ha ocurrido en hasta 50 bases, instalaciones y oficinas diferentes. 

Antes de seguir, hay que explicar que el Armagedón, según la tradición bíblica (Apocalipsis 16:16), es la batalla final y definitiva entre Dios y las fuerzas del mal, que a menudo se interpreta como el fin de los tiempos. Se considera un conflicto global en el que Cristo derrota a la rebelión humana y satánica, estableciendo el triunfo del bien y, frecuentemente, la renovación de la tierra. 

Dicho eso, volvemos a las denuncias de la MRFF. Afirma que, por ejemplo, un comandante había instado a los oficiales a "decirles a nuestras tropas que esto era todo parte del plan divino de Dios y citó específicamente numerosas referencias del Libro del Apocalipsis que aludían al Armagedón y al inminente regreso de Jesucristo". El mismo comandante le había dicho a la unidad que Trump "ha sido ungido por Jesús para encender la hoguera de señales en Irán para provocar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra".

Mikey Weinstein, fundador y presidente de la Military Religious Freedom Foundation, sostiene que "esto supone una amenaza para la seguridad nacional, no sólo para nuestro país, sino para el mundo". "A nadie debería sorprenderle que los comandantes hagan esto, pero cuando le dices a alguien que carece de coraje, carácter, valentía, honestidad e intrepidez por su fe religiosa -o por no profesarla-, no hay diferencia entre decir eso y decirle a alguien que es estúpido por el color de su piel o por haber nacido mujer", expone en su comunicado de denuncia.

Estos comportamientos violan las prohibiciones del Código Uniforme de Justicia Militar contra la inclusión de creencias religiosas en los mensajes a los profesionales de la defensa nacional. "Esto es un triunfalismo nacionalista cristiano horrible, repugnante, apestoso, brutal, tiranía, prejuicio, odio e intolerancia. Está destrozando lo que mantiene unido al ejército, que son seis cosas: el orden, la moral, la disciplina, la cohesión de las unidades, la salud y la seguridad de las tropas y el cumplimiento de la misión", se duele.

Ya el mes pasado, un grupo de 30 legisladores demócratas estadounidenses solicitó al inspector general del Departamento de Defensa, Platte Moring, que investigara informes que indicaban que algunos miembros del ejército habían intentado justificar la guerra en Irán invocando "profecías bíblicas del fin de los tiempos". "En un momento en que miles de millones de dólares e incontables vidas están en juego mientras la Administración Trump libra una guerra innecesaria en Irán, el imperativo de mantener una estricta separación entre la Iglesia y el Estado y proteger la libertad religiosa de nuestras tropas es especialmente crucial", decía la carta de su denuncia. "Debemos garantizar que las operaciones militares se guíen por los hechos y la ley, no por profecías del fin de los tiempos ni por creencias religiosas extremas", zanjaba.

"Debemos garantizar que las operaciones militares se guíen por los hechos y la ley, no por profecías del fin de los tiempos ni por creencias religiosas extremas"

La separación Iglesia-Estado en EEUU es un pilar nacional y se basa en la Primera Enmienda constitucional, que prohíbe al Congreso establecer una religión oficial o limitar su libre ejercicio. Aunque históricamente busca separar los asuntos gubernamentales de los religiosos, la actual Corte Suprema, de mayoría conservadora, ha erosionado este principio, permitiendo una mayor presencia de la religión en el ámbito público. Así, hasta llegar al Ejército, donde ha ido desapareciendo la diversidad y prácticamente no quedan más que capellanes cristianos. 

Los comentarios religiosos inquietantes relacionados con Oriente Medio llegaron antes de esta guerra. Así, el embajador norteamericano en Israel, declaró en febrero al comentarista conservador Tucker Carlson durante una entrevista que no habría problema si Israel se apoderara de prácticamente toda la región, ya que la Biblia le había prometido esa tierra al pueblo judío. Matizó que Israel no tenía esa intención, pero para él, las sagradas escrituras son documentos de ley que superan el derecho internacional. 

Iniciado el conflicto con Irán, el 28 de febrero, se han ido encadenando los mensajes que ensalzan la justificación religiosa de la andanada y que humillan al contrario por su fe. El secretario de Estado, Marco Rubio dijo: "Irán está gobernado por lunáticos, lunáticos fanáticos religiosos. Tienen la ambición de poseer armas nucleares". Fue el primero. Y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, añadió: "Los regímenes desquiciados como Irán, empeñados en delirios proféticos islámicos, no pueden tener armas nucleares".

La verdad es que el expresentador de la Fox se lleva la palma en cuanto a mensajes empapados en la biblia. Ha invocado repetidamente la "providencia todopoderosa de Dios" en esta causa y expresado su certeza de que Dios está del lado del Ejército. Entre alardes sobre la superioridad armamentística de su nación y un desdén por las "estúpidas reglas de enfrentamiento" del planeta -o sea, por las leyes de la guerra-, el jefe del Pentágono ha prometido no dar "cualquier cuartel" a los "salvajes bárbaros" del régimen iraní y ha pedido al pueblo estadounidense que ore por la victoria "en el nombre de Jesucristo". 

En declaraciones a la CBS, Hegseth dijo: "Estamos luchando contra fanáticos religiosos que buscan la capacidad nuclear para un apocalipsis religioso". "Mi fe cristiana es importante en nuestras filas de combate para darles perspectiva", se justifica.

El 25 de marzo, ordenó un servicio religioso en la sede del Departamento de Guerra, como lo ha bautizado esta administración y en él oró pidiendo "una violencia abrumadora contra quienes no merecen piedad". La oración fue tan escandalosa que provocó una reprimenda directa de León XIII, quien predicó el Domingo de Ramos que Dios ignora las oraciones de aquellos cuyas "manos están manchadas de sangre" por la violencia. Dios "no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra, sino que las rechaza", añadió. 

Le dio igual porque, de seguido, Hegseth hizo un llamamiento en una conferencia de prensa a los estadounidenses para que recen "todos los días, de rodillas, con su familia, en sus escuelas, en sus iglesias, en el nombre de Jesucristo". 

Valgan unas pinceladas para entender al personaje, porque redobla la religiosidad fanática de sus compañeros: es profundamente calvinista del cristianismo evangélico y eso quiere decir rechaza la autoridad del papa y se basa en la creencia en la predestinación, cree que nada sucede que no sea por voluntad de Dios. En el año 2020 escribió un libro titulado Cruzada Americana, en el que abogaba por una "guerra santa" para librar a EEUU de la izquierda.

Entre sus tatuajes, que luce constantemente en sus redes sociales, se encuentran una Cruz de Jerusalén, un emblema de la época de las Cruzadas adoptado por la extrema derecha, junto con la inscripción en latín "Deus Vult", o "Dios lo quiere", un lema de los cruzados. Por si quedaba alguna duda sobre su opinión acerca de los musulmanes, también tiene un tatuaje que dice "kafir" o "infiel" en árabe. No es extraño encontrar este tipo de referencias en personas de ultraderecha. 

El propio Trump -que además de como sanador ha publicado en el pasado imágenes disfrazado de papa, cuando murió Francisco y se le buscaba sucesor- ha celebrado desde que llegó a la Casa Blanca, hace 15 meses, distintos rezos con pastores evangélicos para bendecir su Despacho Oval o pedirles fuerzas ante la aprobación de determinadas leyes. También los llamó para la guerra de Irán, dejando una imagen para la historia de ojos cerrados, manos en el hombro y éxtasis colectivo. 

"Desde los patriotas cristianos que conquistaron y aseguraron nuestra libertad en el campo de batalla, y desde cada generación posterior, el amor de Cristo ha guiado infaliblemente a nuestra nación a través de aguas tranquilas y tormentas oscuras", dijo el Viernes Santo, en otra de sus mezcolanzas encendidas.

"Muy noble"

En el acto de la Casa Blanca, explica la agencia France Presse (AFP), el reverendo Franklin Graham le habló a Trump del Libro de Ester de la Biblia, en el que afirmaba que "los iraníes" -un rey persa cuya veracidad histórica es cuestionable, Amán- ordenaron la matanza de todos los judíos. "Hoy, los iraníes, el régimen malvado de este Gobierno, quieren matar a todos los judíos y destruirlos con fuego atómico. Pero tú has elegido al presidente Trump. Lo has elegido para un momento como este. Y Padre, te rogamos que le des la victoria", dijo Graham. 

El emperador persa Ciro el Grande, todavía venerado por los iraníes, fue el primer líder mundial en conceder la libertad a los judíos, liberándolos del cautiverio en Babilonia, si nos ponemos con precisiones históricas, pero eso no de dice. 

Además, tanto el presidente como otros funcionarios estadounidenses calificaron el rescate de un aviador estadounidense en Irán, tras eyectarse de su F-15 en mitad de un ataque, como un "milagro de Pascua". Lean en X al secretario del Tesoro, Scott Bessent: "El milagro de Pascua se considera la mayor victoria de la historia. Por lo tanto, es apropiado que en este día tan sagrado para el cristianismo, un valiente soldado estadounidense haya sido rescatado tras las líneas enemigas en una de las mayores misiones de búsqueda y rescate de la historia militar".

De nuevo Hegseth escribió al respecto: "Dios es bueno". Fue en su cuenta privada de X. El digital Axios informó que esa fue la frase que pronunció el oficial rescatado por radio tras lanzarse de su aeronave. 

El presidente ha estado días acabando sus mensajes con un "Alabado" o "bendito sea Dios", y ese uso del lenguaje en vano ha enfadado a numerosas comunidades de cristianos. La excongresista republicana Marjorie Taylor Greene, en un artículo publicado en X, acusó a Trump de traicionar los valores cristianos, cuando debería estar "buscando la paz", en lugar de "intensificar la guerra"; argumentó que las enseñanzas de Jesús enfatizaban el perdón y el amor, incluso hacia los enemigos. Su mensaje se ha viralizado, sobre todo, entre cristianos de base y mujeres. 

La obispa Mariann Budde calificó las amenazas de Trump contra Irán de "totalmente inaceptables" e instó a los estadounidenses a contactar de inmediato con el Congreso para detener esta guerra. Pero, claro, es una "izquierdista" que, en la misa de toma de posesión de Trump, le pidió "piedad" y protección para inmigrantes y la comunidad LGBTQ+.

Un manifestante sostiene imágenes del presidente de EEUU, Donald Trump, y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en Nueva York, en una protesta contra la guerra en Irán, el 15 de marzo de 2026.
Un manifestante sostiene imágenes del presidente de EEUU, Donald Trump, y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en Nueva York, en una protesta contra la guerra, el 15 de marzo de 2026.Adam Gray / Reuters

Pero más indignantes fueron las referencias posteriores de Trump, la semana pasada, cuando daba su ultimátum a las autoridades de Irán para que abriesen por completo el estrecho de Ormuz, por el que pasa un 20% del crudo mundial. Fue cuando dijo aquello de "¡malditos locos!" y se despidió con la frase "Alabado sea Alá". El Consejo de Relaciones Americano-Islámicas (CAIR) condenó de inmediato este lenguaje, declarando que "su burla al islam y sus amenazas de atacar la infraestructura civil" (dijo que acabaría con toda una civilización en una noche) eran imprudentes y peligrosas. 

El CAIR afirmó, en concreto, que el uso casual de "Alabado sea Alá" en el contexto de amenazas violentas reflejaba una disposición a instrumentalizar el lenguaje religioso, mostrando a la vez desprecio por los musulmanes y sus creencias. 

Cuando llegó el Domingo de Resurrección, desoyendo todas estas advertencias, el Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado publicaron, sin pudor: "Ha resucitado", con una imagen de Jesús ascendiendo a los cielos, obra de Pedro Pablo Rubens. El Departamento de Defensa compartió una publicación de Hegseth: "La tumba está vacía. La promesa se ha cumplido. Mediante su sacrificio, somos redimidos. Nos mantenemos firmes en la fe, el valor y la verdad". Y el Departamento de Justicia también se pronunció al respecto. "Hoy, mientras millones de cristianos se reúnen en sus iglesias en todo el país para celebrar la resurrección de Cristo, este Departamento se enorgullece de proteger y defender la libertad religiosa", declaró en X.

Preguntada sobre el uso de este tipo de reclamos y sobre las declaraciones del Papa (que, además, es norteamericano), la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo días atrás que es "muy noble" rezar por las tropas en tiempos de guerra. Ya en la línea de sus compañeros, de Hegseth a Rubio, pasando por el pastor Graham, también del vicepresidente JD Vance, que en mitad de esta contienda ha anunciado que en breve publicará un libro sobre su conversión al catolicismo titulado Comunión.

De quien chirría, en realidad, es Trump, porque hay pocas noticias de que sea religioso. El que fuera agente inmobiliario y del juego, que se casó tres veces y fue una antigua celebridad televisiva, se crió en la fe presbiteriana y rara vez asistía a servicios religiosos entonces. No obstante, desde que entró en política, ha abrazado a la derecha cristiana. Los conservadores cristianos elogiaron a Trump por ayudarlos a lograr su prioridad: el fin del derecho al aborto en todo el país, gracias a los jueces que él mismo nombró para la Corte Suprema. 

Trump dijo en su investidura, en enero de 2025, que Dios le permitió sobrevivir a un intento de asesinato durante la campaña electoral, un año antes. "Sentí entonces, y lo creo aún más ahora, que mi vida fue salvada por una razón. Dios me salvó para hacer grande a EEUU de nuevo", dijo entonces.

Sin embargo, ese acercamiento, incluso a posturas digamos poco realistas como la idea del presagio del fin del mundo, hay que entenderlo como utilitarismo, más allá del viraje. De nuevo, lo transaccional marcando cada paso de Trump: es una manera de mantener y hasta consolidar una base de votantes muy fieles, que serán esenciales si un día hay apreturas con el Partido Demócrata. 

El 23 de marzo pasado, Trump alentó a su Partido Republicano a no ceder a los demócratas mientras se debatía un proyecto de ley de identificación de votantes, muy polémico, porque, en fin, es una ley "para Jesús", debía ser una "celebración" en su nombre y no podía cederse ni un artículo. Ahora, hasta el 250 aniversario de la independencia del país, en julio, cuenta ya con una web especial llamada "America Prays" en la que se le pide a los ciudadanos que arrimen el hombro con la oración. No es sólo Irán, es diario. 

Hay que recordar que el rechazo en particular que Trump tiene contra los musulmanes, además, se ha visto en el pasado. Por ejemplo, en 2017, nada más iniciar su primer mandato como presidente, vetó la entrada de personas provenientes de un grupo de países de mayoría musulmana. La Muslim Ban alegaba motivos de seguridad nacional. 

La camarilla

Los analistas coinciden en señalar la baza electoral de Trump a la hora de explicar su inclinación. A eso se suma que los evangélicos, que son unos 90 millones en EEUU, son especialmente partidarios de Israel, de su derecho a existir como estado e, incluso, de expandirse por otros, con tal de dar cumplimiento al mandato bíblico. Eso afecta a Palestina, Siria, Líbano, Jordania... El llamado Gran Israel. 

En esto esto hay una figura clave, la de Paula White-Cain, directora de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, pastora y consejera espiritual personal del presidente norteamericano, a la que incluso miembros del movimiento MAGA están señalando por crear una "secta psicópata apocalíptica" alrededor del mandatario. En esta cosmovisión, el sufrimiento no es meramente trágico, sino que es necesario para que se produzca el regreso de Cristo. Lo dijo White-Cain tras el encuentro en el Despacho Oval: "Decirle que no al presidente Trump sería decirle que no a Dios".

"Decirle que no al presidente Trump sería decirle que no a Dios"

Según su relato, lo que está en juego no es otra cosa que la aniquilación. Esto es crucial cuando esas voces susurran plegarias que influyen en las decisiones de un presidente que dirige la fuerza militar del país más poderoso del mundo. El pastor de Alabama Travis Johnson y Robert Jeffress, pastor de la megaiglesia First Baptist Dallas, son dos de los pilares sobre los que descansa también la filosofía de White-Cain. 

Esa convergencia -de teología, retórica y poder militar- está ahora bajo la lupa en el Capitolio, donde los legisladores han pedido formalmente una investigación sobre Hegseth y el Departamento de Defensa, advirtiendo que la "retórica religiosa extremista" podría estar infiltrándose en la cadena de mando y condicionando la forma en que se está llevando a cabo la guerra contra Irán. 

El presidente de EEUU, Donald Trump, sale de la Casa Blanca a bordo del helicóptero Marine One, el 13 de febrero de 2026, en Washington.
El presidente de EEUU, Donald Trump, sale de la Casa Blanca a bordo del helicóptero Marine One, el 13 de febrero de 2026, en Washington.Peter W. Stevenson / The Washington Post via Getty Images

Los fundamentos

"El peligro no es meramente metafísico. Numerosas investigaciones demuestran que cuando el poder político se fusiona con la certeza religiosa, la guerra se intensifica. El enfoque religioso dificulta enormemente el fin de las guerras, en lugar de facilitarlo. Los conflictos se vuelven existenciales, no negociables. La identidad sustituye a la estrategia. El destino sustituye a la diplomacia", expone el historiador especializado en religión Francisco Díaz. "Eso no se entiende, desde hace muchos siglos, como defensa nacional, sino como reclutamiento ideológico", destaca.

A su entender, se busca "justificar sus acciones, movilizar la opinión política y obtener apoyo", algo que es "viejo como los siglos", pero "más peligroso en un mundo globalizado, hipercomunicado y polarizado". "Muchos en ambos bandos de este conflicto creen tener a Dios de su lado. Dios está involucrado en este conflicto, como en muchos otros, para respaldar actos de violencia. La demonización y deshumanización del enemigo, el miedo al otro y al diferente, inevitablemente dificultará aún más la construcción de la paz y generará un poso de rechazo del otro que no se disipa en meses", lamenta el investigador sevillano. 

Este habitual de los Santos Lugares, que ha ayudado a documentar las cruzadas y la etapa de Saladino, entiende que se busca un triple objetivo, que va "mucho más allá de la fe o la propia creencia": habla de la movilización interna, la construcción de "marcos civilizatorios" (o sea, "nosotros contra ellos") y la creación de narrativas en contextos de violencia. "Es habitual que, en tiempos complicados, las naciones se unan bajo su bandera, aparcando diferencias. 

Cuando la lucha además se torna religiosa, el compromiso en valores y fe redobla esa unidad. Se entiende que no hay dilema porque todo está claro y es urgente", añade. Además, en concreto, "las referencias al fin de los tiempos, al Libro del Apocalipsis o a los enemigos bíblicos no son casuales, pues activan un guion cultural ya presente en la teología política estadounidense". 

Lo mismo pasa con la referencia "cruzada", que no es la primera vez que la usa un presidente de EEUU. El presidente George W. Bush utilizó un lenguaje similar tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, obra de los islamistas de Al Qaeda. Cuatro días después de los ataques, el republicano dijo: "Esta cruzada, esta guerra contra el terrorismo, va a durar un tiempo". Posteriormente, la Casa Blanca intervino para aclarar que no se estaba librando una guerra contra los musulmanes. No deseaba echar más leña al fuego. 

En 2003, Bush también celebró explícitamente la resurrección de Cristo, como ahora hace Trump. El republicano Ronald Reagan y el demócrata Barack Obama emitieron mensajes reconociendo tanto la Pascua judía como la Pascua judía cuando estaban en el cargo. No tiene nada que ver con la avalancha de ahora. 

También Irán, también Israel

Llaman especialmente la atención los mensajes de EEUU porque supuestamente separa el Ejecutivo y el Legislativo de la religión, cosa que no hacen Irán (donde mandan los ayatolás desde 1979) o Israel (donde sus autoridades hablan de "estado judío", pese a que más del 20% de la población es árabe, cristiana y musulmana). 

La historia del Libro de Ester que citábamos más arriba también ha sido citada repetidamente por el primer ministro israelí, Netanyahu, quien aprovechó la ocasión de la Pascua judía para comparar su guerra junto a Trump con la emancipación de los judíos del cautiverio egipcio. Además, el hecho de que se haya enviado a escuadrones de mujeres militares a atacar por aire Irán ha hecho que se compare a estas uniformadas con Ester y su mito de la liberación de los judíos: se decía en redes que iban a salvar a las mujeres iraníes. 

Desde el inicio de la guerra contra Irán, Israel cambió muy rápido el nombre de su campaña militar de "Escudo de Judá" a "Rugido del León", una elección con profundas connotaciones simbólicas en la tradición religiosa judía. En los textos bíblicos, el león está estrechamente asociado con la tribu de Judá, una de las tribus de Israel, y es símbolo de poder, soberanía y liderazgo. El nombre presenta la guerra contra Irán como una batalla existencial para proteger la seguridad nacional.

Netanyahu ha citado varias veces estos días la Torá, comparando a Irán con un antiguo enemigo bíblico, los amalecitas, conocidos en la tradición judía como la encarnación del mal. Ya había usado el término "amalec" para referirse a los palestinos de Gaza durante la guerra contra Hamás. 

Al otro, lado, desde la Revolución Islámica, el Gobierno de Irán ha estado explícitamente arraigado en la religión, con un clérigo chiíta de alto rango como líder supremo. Ahora es Mojtaba Jamenei. El ejército iraní ha establecido paralelismos entre sus defensas y la Batalla de Karbala, la batalla del año 680 d. C. en la que murió Hussein, nieto del profeta Mahoma, un acontecimiento conmemorado por los chiítas como un acto de martirio y autosacrificio frente a la tiranía. También hace referencias constantes a EEUU e Israel, a los que llama "Santán" y "Gran Satán", añadiendo temperatura religiosa a una guerra que, sobre todo, tiene que ver con los recursos y el poder regional. 

Los funcionarios iraníes invocan con frecuencia textos religiosos en el contexto de la guerra, en un intento por enmarcar el conflicto dentro de una narrativa que trasciende la dimensión política y abarca un horizonte ideológico más amplio, con el fin de apelar a los sentimientos musulmanes, como comunidad. 

Por ejemplo, quedan las palabras de Ali Larijani, exjefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, asesinado durante esta guerra en un ataque estadounidense-israelí, que distribuyó folletos con citas religiosas, incluyendo una atribuida al Imam Hussein: "No veo la muerte como otra cosa que felicidad, y la vida con los opresores como nada más que miseria", en el contexto de una publicación adjunta a un cartel propagandístico sobre recompensas por información sobre figuras iraníes prominentes.

Entre los versículos coránicos que Larijani publicó antes de su asesinato se encuentra: "Y recompensaremos a quienes tengan paciencia con la mejor recompensa por sus obras".

Por su parte, el líder supremo de Irán, Jamenei hijo, ha intensificado la publicación de versículos coránicos en la plataforma X, incluyendo: "¡Cuántos grupos pequeños han derrotado a muchos grupos con el permiso de Dios! Y Dios está con los pacientes" y "Si Dios os ayuda, no tendréis vencedor", además de otros versículos y oraciones religiosas en las que invocó a figuras clave del legado islámico, exhortando a "reparar los corazones" y "fortalecer la determinación", en un discurso que vincula la firmeza militar con la fe religiosa.

Una investigación de Euronews expone que el 2 de marzo, la Guardia Revolucionaria anunció la introducción del misil Khyber Shiken en el campo de batalla, un nombre con un significativo significado simbólico, ya que alude al "Destructor de Khyber", evocando la histórica batalla de Khyber y el papel del Imam Ali ibn Abi Talib en la conciencia islámica chiita. Este nombre se utiliza en el discurso político iraní para vincular la confrontación actual con un contexto histórico de dimensión religiosa, otorgando al arma una dimensión simbólica que trasciende su función militar.

Durante el mes de Ramadán, y antes de las Noches del Destino, surgieron llamamientos a la oración y súplicas para "acelerar la aparición del Mahdi", en referencia al duodécimo Imam chiita, Muhammad bin al-Hasan al-Mahdi, nacido en 868 en Samarra, quien, según se cree, desapareció diez años después y aún vive, según estos relatos. Estas peticiones están vinculadas a la creencia de que la guerra actual puede allanar el camino para su aparición.

De ecumenismo se ve poco entre los tres implicados en este conflicto. La fuerza divina, entienden, está de su parte. De qué parte... eso no lo sabemos aún. 

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Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

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