El veto al rezo en el Santo Sepulcro, más serio y con más raíz que la guerra en Irán
Israel da marcha atrás y accede a oraciones controladas en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Sin embargo, estamos ante un incidente sin precedentes "en siglos" que evidencia que las relaciones no están precisamente engrasadas entre confesiones.
El roce por el Santo Sepulcro se da por resuelto. Este lunes, el Gobierno de Israel ha confirmado que otorga acceso "pleno e inmediato" tanto al patriarca latino de Jerusalén como al custodio de los Santos Lugares al lugar donde la tradición fija el enterramiento y la resurrección de Jesús, en Jerusalén. Podrán "celebrar servicios religiosos según deseen", dice literalmente el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
No pide disculpas, pero desbloquea una crisis surgida el Domingo de Ramos, cuando el cardenal Pierbattista Pizzaballa y el padre Francesco Ielpo se vieron bloqueados por la policía israelí, que les impidió el acceso al recinto -uno de los lugares más venerados en la capital santa para las tres religiones del Libro- cuando iban a rezar.
La procesión del primer día grande de la Semana Santa, que baja cada año desde el Monte de los Olivos hasta la Ciudad Vieja, se vio suspendida, como todas las misas y celebraciones que pudieran congregar a más de 50 personas, por motivos de seguridad, ante la ofensiva de Irán, Hezbolá y los hutíes de Yemen contra suelo israelí.
Jerusalén, tradicionalmente protegida en un grado extra por su simbolismo, ha visto cómo restos de proyectiles han causado daños menores a pocos metros del Santo Sepulcro y en la Explanada de las Mezquitas, lo que ha llevado a anular los actos tanto del Ramadán musulmán como de la Semana Santa cristiana y la Pascua judía.
Sin embargo, lo de Ielpo y Pizzaballa supera esas limitaciones, conocidas, aceptadas y cumplidas por los cristianos en Tierra Santa. Lo demuestra el comunicado, contundente y severo, con el que reaccionaron a lo ocurrido y que deja entrever una hondura que no acaba con la foto entre risas difundida tras la reunión de hoy con la policía. En Jerusalén hay roces o, en palabras del patriarca, "el diálogo interreligioso atraviesa una profunda crisis", hay "desconfianza" y "malentendidos" y las cosas se han complicado desde el 7 de octubre de 2023, los atentados de Hamás y el genocidio en Gaza.
"Primera vez en siglos"
Mañana del 29 de marzo. El patriarca y el custodio acuden de forma particular al Santo Sepulcro para oficiar una misa junto a la que la tradición dice que es el Gólgota, el monte de la crucifixión de Jesús, y la tumba desde la que ascendió al cielo. Caminaban "sin ningún rasgo de procesión o acto ceremonial", cumpliendo con las normas de seguridad, pero "se vieron obligados a regresar". Como consecuencia, "por primera vez en siglos, los líderes de la Iglesia no pudieron celebrar la Misa del Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro", exponen en el comunicado oficial sobre el incidente.
Denuncian que "sienta un grave precedente y atenta contra la sensibilidad de miles de millones de personas en todo el mundo que, durante esta semana, tienen la mirada puesta en Jerusalén" y por eso califican el veto de "manifiestamente irrazonable y sumamente desproporcionado". "Esta decisión precipitada y fundamentalmente errónea, viciada por consideraciones inapropiadas, representa una desviación extrema de los principios básicos de razonabilidad, libertad de culto y respeto por el statu quo", ahonda. Los términos son duros incluso para la iglesia de la zona, que es mucho menos eufemística que la vaticana.
Fuentes del convento de San Salvador, epicentro de la Custodia de Tierra Santa y donde se pudo celebrar, más tarde, un oficio pequeño para honrar el Domingo de Ramos, exponen que se estaban cumpliendo "al 100%" los protocolos previstos. "Dos personas, individualmente, que acuden a un edificio en el que no hay una misa al uso -¡ya querríamos que pudiera ser así!- para cumplir con una tradición que supera al hombre y al tiempo, no son un peligro. Cualquier habitante de la Ciudad Vieja que salga en una escapada a comprar pan de pita corre el mismo riesgo", resume.
Hoy, esas calles, divididas en cuatro cuartos (el cristiano, el armenio, el árabe y el judío) están prácticamente desiertos por el cierre de negocios y escuelas y la falta de turistas, consecuencia del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y sus réplicas.
Las mismas fuentes recuerdan que ni los momentos de mayor tensión han impedido celebrar, aunque sea de forma diezmada, un Domingo de Ramos. "Ha habido cierres por el covid, pero se han celebrado oficios con las preceptivas medidas de seguridad. Hemos tenido cierres sueltos de días por protestas, por cuestiones de impuestos o presencia de colonos, en 2018 y 1990, pero incluso en picos de violencia como las dos Intifadas palestinas, se han celebrado los ritos principales. Hay que remontarse a pestes medievales o a asedios fatimíes para encontrar mayores problemas", exponen.
Además del rezo íntimo con palmas en San Salvador, Pizzaballa se rehízo el domingo y organizó una meditación en el Monte de los Olivos, a modo de consolación. Aunque no citó el incidente de por la mañana, en sus palabras estuvo presente, como su condena a la guerra, que tan poco popular lo hace a ojos del gabinete israelí, asentado en ultranacionalistas y religiosos. "La guerra ha interrumpido nuestra celebración, dificultando incluso la simple alegría de seguir a nuestro Rey", lamentó, al tiempo que defendió que "la fe no flaquea cuando se prescinde de los ritos externos".
Aunque "Jesús llora una vez más por Jerusalén", "incapaz de reconocer el don de la paz", hizo un guiño: su mensaje se cuela por la "puerta entreabierta" si la cosa se complica. La oración, enfatizó, no se puede detener. "Ninguna oscuridad, ni siquiera la de la guerra, puede tener la última palabra", concluyó.
La solución, las condiciones
Este lunes, cuando Netanyahu ha anunciado que las aguas volvían a su cauce, los religiosos han emitido un nuevo comunicado en el que se reafirman en su posición pero se muestran agradecidos no con el Gobierno israelí, sino con su presidente, el que fuera laborista Isaac Herzog, de quien destacan su "pronta atención y valiosa intervención". De Netanyahu, ni palabra.
Tras los encuentros con las autoridades locales, los roces "han sido abordados y resueltos" y, de acuerdo con la Policía de Israel, "se ha garantizado el acceso a los representantes de las Iglesias para la celebración de las liturgias y ceremonias y para la preservación de las antiguas tradiciones pascuales en la Iglesia del Santo Sepulcro". Como no habrá público, se mantendrá la emisión online de estas celebraciones, como se lleva haciendo desde que comenzó la guerra, que ha ido pasando por los sucesivos domingos de cuaresma, un periodo de especial importancia para los cristianos.
También se agradece en la nota el apoyo de los países que han contactado con el custodio y el patriarca y que públicamente se han quejado de las limitaciones impuestas. España e Italia han convocado a los representantes de Israel en sus respectivas embajadas para pedirles cuentas y presidentes como el francés Emmanuel Macron fueron más allá al meter el dedo en la llaga y hablar, claramente, de un "preocupante aumento de violaciones al estatus de los Lugares Santos en Jerusalén". En una publicación en X, el liberal escribió: "El libre ejercicio del culto en Jerusalén debe estar garantizado para todas las religiones".
Hablamos de tres países donde no sólo la mayoría de su población es cristiana, sino que todos ellos tienen vínculos históricos intensos con los Santos Lugares. Nuestro país gestiona y custodia varios lugares santos en Jerusalén y Tierra Santa, principalmente a través de la Obra Pía de los Santos Lugares, una entidad vinculada al Ministerio de Asuntos Exteriores, mientras que es enorme la influencia de Roma en la Custodia y el Patriarcado Latino. Francia gestiona lugares como la Iglesia de Santa Ana o la de Pater Noster.
Lo que más ha debido indignar a Tel Aviv ha sido la reacción del embajador norteamericano, Mike Huckabee, un señor que es pastor bautista, tan sionista que dice que estaría bien que su aliado se lo quedara "todo" si hablamos de expandirse en el Gran Israel porque la biblia le da permiso, pero que no ha visto bien esta prohibición. Ha denunciado el "desafortunado exceso de poder" y se ha alineado con el papa León XIV, que se ha dolido de que "no se pueden vivir plenamente los ritos de estas fiestas". Dice el hombre de Donald Trump en la zona. "Es difícil comprender o justificar que se vete al patriarca la entrada a la iglesia el Domingo de Ramos para una ceremonia privada", lamenta.
Pero, en realidad, más que una solución, lo que se ha llegado es a un compromiso de respeto, porque ya se estaban cumpliendo los eventos con menos de 50 personas o la anulación de procesiones. Eso es lo que irrita a los religiosos católicos, desde el anonimato. Recuerdan que el Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado donde los judíos pueden rezar, también está cerrado en su mayor parte por motivos de seguridad, pero las autoridades permiten que hasta 50 personas recen a la vez en una zona cerrada adyacente a la plaza. Incluso, se ha dejado pasar a la zona a las personas que cada año retiran los papeles con deseos y oraciones que se colocan en los huecos del muro, para no perder la tradición en la pascua judía o pesaj.
Además, los predicadores musulmanes del Waqf (la institución administrativa y religiosa responsable de la gestión, custodia y mantenimiento de los lugares sagrados islámicos en Jerusalén) pudieron acceder a la Mezquita de Al Aqsa durante el Ramadán y el Eid al-Fitr (la ruptura del ayuno).
Las iglesias, sinagogas y mezquitas más pequeñas están abiertas en la Ciudad Vieja de Jerusalén si se encuentran a una distancia determinada de un refugio antibombas considerado aceptable por el ejército israelí y si las reuniones no superan las 50 personas. añade AP.
El nudo
El comunicado, no obstante, tiene aguijón. "Queremos destacar que la fe religiosa constituye un valor humano supremo, compartido por todas las religiones: judíos, cristianos, musulmanes, drusos y demás. Especialmente en tiempos de adversidad y conflicto, como los que vivimos actualmente, salvaguardar la libertad de culto sigue siendo un deber fundamental y compartido", indican los católicos.
Pero no dejan pasar la oportunidad para confiar, dicen, en que "se sigan encontrando las soluciones adecuadas que permitan que la oración tenga lugar en los lugares de culto, en particular en los Lugares Santos de todas las religiones, de una manera que respete tanto las legítimas necesidades de seguridad como las observancias y oraciones religiosas que son de profunda importancia para cientos de millones de creyentes". "El Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa reafirman su compromiso con el diálogo, el respeto mutuo y la preservación del statu quo", finaliza.
Ahí está el aguijón de la nota. ¿Pero esto del statu quo qué es? Pues un conjunto de tradiciones y leyes no escritas que regulan la propiedad y los derechos de uso de diversas comunidades religiosas sobre los sitios sagrados de Tierra Santa. Se aplica, sobre todo, al Santo Sepulcro, pero también a espacios como la Natividad en Belén y, en menor medida, en el Cenáculo, la tumba de la Virgen, el lugar de la lapidación de San Esteban y la tumba de Lázaro, en Betania.
Además, hace referencia a la pura convivencia en una capital triplemente santa como es Jerusalén. Cuando Pizzaballa lo repite tanto es porque ese equilibrio está alterado. En una entrevista con la cadena italiana TV2000, ha hablado de diferencias de criterio con Israel sobre el acceso a la iglesia que, hasta ahora, han estado "dentro de los límites del respeto".
Toca un escenario de enorme sensibilidad. El Santo Sepulcro es hoy una basílica con custodia compartida entre el Patriarcado ortodoxo y el Patriarcado latino de Jerusalén, que marca el lugar donde Jesús fue crucificado, recibió sepultura y resucitó. El viejo monte Gólgota, que en arameo es "el de la calavera", está centro del templo, es sobre él que se levantó todo lo demás. El interior está lleno de capillas y rincones, como la Crucifixión y la del Calvario, donde está la piedra donde fue ungido Jesús antes de ser sepultado. Hay hasta grafitis de la época templaria, grutas y pasadizos.
El corazón del templo lo controlan los ortodoxos y es el Edículo, un templete situado sobre la pequeña cámara funeraria en la que se cree fue enterrado Jesús y resucitó al tercer día de su muerte. Según los evangelios, el lugar era una tumba nueva tallada en la roca, una cámara supulcral propiedad de un rico judío seguidor de Cristo llamado José de Arimatea, cerrada con una gran piedra. "Él bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro tallado en la roca, en el que nadie había sido puesto". Hasta que llega la luz para los cristianos. "¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?", escribe Lucas.
En la noche del viernes, se lleva a cabo en esta basílica un cortejo fúnebre. Este es un momento verdaderamente único, destaca la Custodia Latina, porque en ningún otro país del mundo todavía tiene lugar tal rito. Se celebra así: dos frailes quitan la corona de espinas y clavos de la estatua que representa a Cristo en la cruz y luego la colocan en el sudario. Posteriormente, el custodio de Tierra Santa -Francesco Patton actualmente- lo rocía con aceites e incienso y conduce la procesión hasta el Sepulcro.
Ya el sábado, en la misma basílica, ocurre otro evento singular: a la primera luz del día, Jerusalén celebra la Resurrección de Cristo. Este un privilegio que la Iglesia en Tierra Santa tiene cada año. Todos los sacerdotes están vestidos de blanco y se celebra la liturgia.
Ahora está por ver en qué medida podrán desarrollarse estos ritos tras las conversaciones entre policía y autoridades religiosas.
Los roces
Las relaciones en la Ciudad Vieja no siempre son sencillas. Existen tiranteces entre las autoridades y entre las confesiones y la postura del propio Netanyahu no ha ayudado a que los cristianos, en particular, se sientan arropados.
Ahora hay estudios que constatan que ser católico no es sencillo si se camina por esa ciudad de piedra. El Centro Rossing para la Educación y el Diálogo detectó en 2024 hasta 111 casos de ataques a cristianos en la zona. No es sólo la sensación de tensión, que se ve con un simple paseo de cuarto a parto, sino los insultos o escupitajos, que son "un clásico", dicen los franciscanos, "episodios lamentablemente demasiado comunes", asume el diario Times of Israel.
Se han detectado ataques a propiedades de la iglesia, 30 casos de escupitajos denunciados formalmente y siete ataques violentos, la mayoría contra múltiples víctimas. El acoso a los religiosos, hombres y mujeres, está a la orden del día. "Según el informe, la mayoría de los perpetradores parecen pertenecer a las comunidades ultraortodoxas y nacional-religiosas. La mayoría de las víctimas son clérigos o personas que portan símbolos cristianos visibles", se añade. "Los incidentes que podemos rastrear apenas rozan la superficie de lo que sucede. No dudamos de que hay muchos más casos que desconocemos", dijo al citado diario Hana Bendcowsky, directora del Centro de Jerusalén para las Relaciones Judeo-Cristianas (JCJCR).
Estadística aparte, el mismo centro lanzó una encuesta que muestra relaciones "algo tensas entre la comunidad cristiana y el resto del país", con uno de cada tres cristianos afirmando que no se sentía aceptado por sus compatriotas judíos israelíes y que contemplaba la posibilidad de abandonar el país; una cifra que asciende al 48% entre las personas menores de 30 años.
Aproximadamente el 1.9% de la población en Israel es cristiana, lo que equivale a cerca de 187,000-190,000 personas, según datos de la Oficina Central de Estadísticas publicados a finales de 2023 y principios de 2024. La gran mayoría (75.3%) son cristianos árabes, concentrados principalmente en el norte y Nazaret.
Son, pues, palestinos de origen, como los que están sufriendo los ataques más graves en los últimos tiempos. El embajador Huckabee, de EEUU, ya se enfadó notablemente en 2025, cuando unos colonos judíos atacaron la iglesia de San Jorge, en la villa cristiana de Taybeh (Cisjordania). Se quejó de que podría ser "un crimen contra la humanidad". Las protestas se han multiplicado en tiempos recientes, después de que el Ministerio del Interior, en manos del partido religioso Shas, negase visados a grupos de cristianos, sobre todo evangélicos que acudían desde EEUU, personas proIsrael y muy afines, además, a Trump.
Eso, si contar los ataques repetidos del Ejército de Israel a las iglesias cristianas de Gaza, que habitualmente se usaban como refugio de civiles. Hasta el padre Gabriel Romanelli, el cura que hablaba a diario con el Papa Francisco en lo peor del asedio, salió herido. Son incidentes que se suman a años de acoso y vandalismo que sufre la comunidad cristiana y que está en la raíz, en la trastienda. Todo suma para que un roce como el del domingo se multiplique.
"Los altos cargos que toman las decisiones no son el problema. El problema radica en su renuencia a imponer las leyes y los valores de Israel a los grupos radicales disidentes -a menudo por razones políticas- y en su incapacidad para priorizar la relación de Israel con los diversos elementos del mundo cristiano", escribe el periodista Lazar Berman. Pero, también, a veces los mandatarios son los que meten la pata.
Con Netanyahu van dos episodios que no ayudan. El primero tuvo lugar cuando murió Francisco, hace casi un año, cuando el Ministerio de Exteriores de Israel borró un mensaje de condolencias al Vaticano y ordenó a sus legaciones diplomáticas a hacer lo propio. Al funeral, se envió a un embajador, rango bajo. Más tarde, se explicó que desde el Gobierno se habían comunicado con la Santa Sede para mostrar su dolor y respeto, pero lo que quedó es que la llamada "nación judía" ni siquiera se solidarizaba en público con los católicos por la pérdida de su líder.
La última es más reciente: Netanyahu recurrió hace unos diez días al escritor e historiador Will Durant para señalar que "la historia demuestra que, desafortunada y tristemente, Jesucristo no tiene ventaja sobre Genghis Khan". "Si eres suficientemente fuerte, suficientemente implacable y suficientemente poderoso, el mal vencerá al bien. La agresión vencerá a la moderación", apuntó. "La mera comparación entre la figura central de cristianismo y de la historia y el conquistador mongol de los siglos XII-XIII (después de Cristo) ha indignado a la comunidad cristiana y también a los no cristianos", como explicó nuestro compañero Miguel Fernández Molina.
El primer ministro tuvo que salir al paso y precisar sus palabras, sabedor de que se juega a un público que está mayoritariamente a su favor, sobre todo en EEUU. En la jerarquía de la Iglesia, empezando por el Papa y Pizzaballa, menos: los dos censuran las guerras, en Gaza o en Irán, denuncian una nueva Nakba o catástrofe palestina, lamentan la inhumanidad y recuerdan que Dios rechaza a los líderes que inician guerras y tienen las manos manchadas de sangre. Las entretelas de un Domingo de Ramos único en la Historia.