España en el mundo: su papel en la nueva era rupturista y el enemigo interno que lastra su proyección
El Real Instituto Elcano pulsa, y ya van 14 años, los retos que afronta la acción exterior española en un escenario global cada vez más complejo y competitivo. No hemos empeorado, y ya es mucho en esta locura. Pero cuidado con la polarización.
Ya lo sabemos: los imperios nacen y mueren; las alianzas se fraguan y, un día, se rompen; el que antes era un enemigo acaba por ser socio. La Historia es así y en ello está ahora también la geopolítica mundial, en fase de cambio. El problema de este 2026 es que parece que hemos dado carpetazo a la etapa previa, la que cristalizó tras la Segunda Guerra Mundial, pero sin tener aún el mapa para caminar por la siguiente. Como en esos cuentos de fantasía en los que las líneas y los territorios se desvelan sólo superando severas pruebas, así van nuestros diplomáticos por la vida.
En un contexto de matonismo como el que impone el presidente norteamericano, Donald Trump, en el que priman el transaccionismo, las presiones y amenazas y donde el multilateralismo se debilita por segundos, cuesta saber por dónde ir. ¡Si hasta nos quieren hacer creer que las democracias están obsoletas! Por eso, el informe España en el mundo en 2026: perspectivas y desafíos, recién publicado por el Real Instituto Elcano, sirve de radiografía y de brújula, un dos en uno: aporta la foto fija de lo que ya se hace y añade la mirada larga de lo que se puede y debe hacer.
El análisis -una obra coral de los investigadores del tanque de pensamiento madrileño que puedes leer íntegra al final de este artículo- no es agorero ni cae en el fatalismo. Es un corte en el tiempo realista y riguroso y por eso escuece, porque no hay alarmismo, sino verdad. Y es dura.
La conclusión general es que España no ha empeorado en su rol internacional en el último año, lo cual, tal y como están las cosas, es un "éxito relativo", afirman los analistas. Aún así, ven margen de maniobra para que una potencia media como la nuestra pese más, mejore, avance. Sobre todo, advierten de que hay que estar preparados en el tablero para cuando se conozcan las nuevas normas y, así, hacer algo más que sobrevivir.
Los expertos, además, encienden una luz roja: si duros son los frentes que llegan del exterior, formidable es el doméstico, esa polarización política que acaba lastrando el peso de España fuera de nuestras fronteras. Cuidado con ponernos zancadillas a nosotros mismos.
Seis frentes prioritarios
El documento del Elcano identifica seis frentes críticos que marcarán la agenda exterior de este año, particularmente para España, desafíos que requieren respuestas estratégicas y coordinadas.
Son los que siguen:
- La guerra en Ucrania y el riesgo de un alto el fuego frágil. Aunque podría producirse una tregua entre el país invadido y su invasor, Rusia, a instancias de Estados Unidos, Elcano advierte de que ello no disminuirá la necesidad de apoyo sostenido al país agredido ni la demanda de mayores inversiones en defensa junto a los aliados europeos. Incluye a España, por supuesto, que ha prometido ayuda a Kiev "hasta que sea necesario" y que está comprometida por las decisiones del Consejo y de la Comisión, tanto respecto a las sanciones a Moscú como a la mejora en la industria defensiva comunitaria.
- Equilibrios en la relación con EEUU y China. Madrid debe manejar con prudencia sus vínculos con ambas potencias para contribuir a la autonomía estratégica europea, sin caer en alineamientos que comprometan su capacidad de decisión propia. Nuestro país es uno de los Veintisiete que más ha apostado no sólo por mantener abiertos los canales con Pekín, sino por potenciarlos. No es una alternativa total a EEUU, pero sí una opción complementaria si hay una guerra arancelaria mayor. Opción que puede enfadar a Washington, de ahí que haya que ir con pies de plomo.
- El papel de España como Estado miembro grande en la Unión Europea (UE). El informe subraya la necesidad de que España adopte un papel activo en debates clave en Bruselas, desde la financiación de prioridades comunitarias hasta el avance en clima, innovación y contención de dinámicas iliberales. Pasar del peso medio-alto de hoy (por el peso poblacional, con la economía creciendo, elevando debates de calado como el del reconocimiento de Palestina) a uno más alto.
- Acciones concretas ante el Sur Global y la financiación para el desarrollo. La publicación insta a traducir el protagonismo diplomático en acciones tangibles, especialmente respecto a crisis como la de Gaza y a las políticas de desarrollo. España es un referente en cooperación internacional, por ejemplo, en áreas como América Latina o Oriente Medio.
- Influencia en América Latina. Elcano prevé que eventos como la aprobación del acuerdo UE-Mercosur (ahora paralizado por un recurso del Parlamento Europeo), la Cumbre Iberoamericana y los acontecimientos en Venezuela pondrán a prueba la capacidad de España para fortalecer sus vínculos en la región. Se augura que el trumpismo de la Doctrina Donroe eclipse las acciones de otras naciones en la zona.
- Gestión de la polarización interna. Este es el punto caliente que en Elcano encuentran dentro del país: se advierte de que la creciente polarización política en España tensiona también la política exterior y limita su eficacia, reduciendo el espacio de consenso para decisiones estratégicas clave. Las peleas en casa se traducen en problemas fuera, tanto en imagen como en apuestas, cuando hubo un tiempo en el que el exterior era política de Estado, respetada y no partidista.
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El estado de la cuestión, en 10 bloques
En esta 14ª edición de su examen a España en el mundo -justo el año en que Elcano celebra su 25º aniversario- son diez los bloques examinados para dar con el diagnóstico y detectar las oportunidades, que las hay, pese al escenario oscuro. Siempre hay una visión de conjunto y, de seguido, un mensaje sobre España.
Estas son sus conclusiones:
GLOBALIZACIÓN, DESARROLLO Y GOBERNANZA
En este eje, se explica que, a lo largo del pasado año, se confirmó el pronóstico de un retroceso en el multilateralismo y la integración económica mundial, tal vez algo más intenso del esperado. Se cumplió, además, la tendencia anunciada, aparentemente contradictoria, de que no habría caída en el volumen total de intercambio de bienes o de servicios, pese al auge del proteccionismo, el mayor énfasis en la seguridad económica o la pérdida de peso de la OMC. Como apuntan los últimos resultados del Índice Elcano de Presencia Global, la globalización no ha muerto, pero ha cambiado: es más "dura", menos homogénea y los flujos, que siguen siendo intensos, están ahora más fragmentados regionalmente. En cuanto a los objetivos de desarrollo, la Agenda 2030 también siguió erosionándose por falta de recursos y liderazgo político.
En un mundo donde Asia sigue ganando cuota de presencia, EEUU estaría batiéndose en retirada a un ritmo más acelerado del inicialmente previsto, tal y como muestran las medidas arancelarias o el trascendental cierre de la agencia USAID. La UE ha tratado de adaptarse al nuevo panorama empujando la autonomía estratégica o dando mayor orientación geoeconómica a su iniciativa de desarrollo Global Gateway.
España, por su parte, no tuvo un mal año, pues su sólido crecimiento impulsó un aumento de proyección exterior abarcando desde la dimensión económica a la de flujo de personas. También disfrutó de cierto protagonismo por acoger la 4ª Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, cuyo impacto fue más allá del valor simbólico sin llegar tampoco a producir avances transformadores.
SEGURIDAD
Los analistas de Elcano tampoco fallaron sobre la guerra en Ucrania: se adentró en el último año en una suerte de punto muerto, donde el frente de batalla apenas cambia y no avanzan las negociaciones. El apoyo estadounidense a Kiev ha disminuido, sin llegar a la retirada completa, pero ya es sensible ese retroceso. En ese contexto de incertidumbre, alimentado por violaciones rusas del espacio aéreo y otras provocaciones, los europeos han seguido apoyando a los de Volodimir Zelenski y están aumentando aceleradamente sus presupuestos de defensa, en parte para convencer a Washington de que no abandone al continente o, al menos, lo haga gradualmente.
La incertidumbre sobre la fiabilidad del vínculo transatlántico, por Ucrania y otros factores como Groenlandia, es ahora mayor de lo que se preveía hace un año. España, que partía del gasto militar relativo más bajo de toda la OTAN, se sumó al esfuerzo colectivo y superó el umbral del 2% del PIB, acordado 11 años antes. No obstante, rechazó el fuerte incremento ulterior exigido por Trump, de hasta el 5% de ese PIB, y aceptado por los demás aliados, poniendo el énfasis en el volumen total (donde ocuparía el octavo lugar entre los 31 miembros), las capacidades y su despliegue exterior. Que hay otras cosas que son seguridad y defensa y que no se cuentan necesariamente ni en euros ni en dólares.
En el flanco sur, que preocupa especialmente en nuestro país por su posición geográfica y su papel de puerta a Europa, continuó la inestabilidad del Sahel, donde resurgen conflictos y se expanden los grupos armados, incluyendo compañías paramilitares rusas, que agravan los riesgos para la seguridad europea. Aun así, la persistente amenaza yihadista siguió contenida y no hubo escalada terrorista en Europa.
En Oriente Medio, EEUU mantuvo su apoyo a Israel en los ataques a Irán y a sus actores asociados en la zona, pero lo hizo evitando una escalada regional y presionando para que se pusiera fin, o al menos pausa, al durísimo castigo sobre Gaza que tanto rechazo ha causado en España.
ENERGÍA Y CLIMA
En el apartado de energía y clima, destacó la COP30 en la brasileña Belém se saldó con algunos avances, que fueron insuficientes en financiación, deforestación o abandono de combustibles fósiles, para cumplir el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 grados. China reforzó su liderazgo en renovables, mientras Trump volvió a sacar a su país del Acuerdo de París, pero sin retirarlo por completo de la gobernanza internacional del clima. Además, la tensión comercial entre las dos potencias dominantes desestabiliza el mercado de materias primas críticas esenciales para la transición energética, lo que añade dificultad a los planes de descarbonización.
La UE mantuvo el Pacto Verde, pero se ha enfrentado a dinámicas internas de oposición en el Parlamento Europeo y en ciertos Estados miembros –entre los que no se encuentra España– que piden ralentizar la ambición regulatoria.
En energía, a diferencia de lo ocurrido en años anteriores, no ha habido problemas de abastecimiento ni se han vivido oscilaciones significativas en los precios de la energía, aunque el elevado riesgo geopolítico asociado a la situación en Oriente Medio y Ucrania sigue presente y, además, se ha añadido la incertidumbre de la política estadounidense hacia Venezuela.
La principal noticia energética del año en España fue el apagón del 28 de abril que afectó a toda la red ibérica causando graves dificultades en transporte y telecomunicaciones, y suscitando un debate sobre cómo garantizar la estabilidad de los sistemas eléctricos que tienen una alta proporción de energías renovables variables.
ECONOMÍA Y TECNOLOGÍA
Economía y tecnología es de los pocos ejes donde ha prevalecido una ligera desviación hacia el escenario optimista, al menos por lo que respecta a España, como demuestra que tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la Comisión Europea tuvieran que mejorar a lo largo del año sus previsiones. Las agencias de calificación también le subieron la nota crediticia. El sólido crecimiento del PIB situó al país a la cabeza de Europa, con fuerte demanda interna motivada por la llegada de inmigrantes y el dinamismo del turismo, pero también aumentó la inversión y se registró un buen desempeño del sector exterior.
No obstante, no se ejecutaron por completo los fondos de recuperación y desde luego persisten vulnerabilidades estructurales vinculadas a la vivienda, la dependencia energética, la productividad y la innovación. España sigue sin consolidarse como potencia tecnológica media, aunque en 2025 se invirtió en algunas iniciativas digitales y hubo avances regulatorios y de gobernanza.
En el conjunto de la UE, el panorama fue más desigual. Entre los Estados miembros orientales hubo buen desempeño, pero Alemania continúa con dificultades industriales, Francia sufre una fragilidad política que ralentiza las reformas fiscales y laborales necesarias, e Italia, que sí goza de gobierno estable, sigue atrapada en un patrón de bajo crecimiento y deuda elevada.
En la dimensión tecnológica, el retraso europeo respecto a EEUU y China se mantuvo inalterado. Asia se consolida como epicentro mundial del dinamismo, aunque la economía estadounidense también se ha comportado bien sin que por ahora se observen grandes impactos negativos de sus propias medidas arancelarias.
EUROPA
Y en el eje de Europa, el año pasado se ha decantado entre el escenario base y el pesimista. Y lo ha hecho en lo relativo a los desarrollos en Bruselas, a la acción exterior común y a la política europea de España. La UE ha adolecido en 2025 de falta de liderazgo político, pese a que arrancaba legislatura para la Comisión y que a principio de año se formó un nuevo gobierno alemán. Las divergencias entre capitales han dificultado el impulso de una agenda común ambiciosa y el muy citado Informe Draghi apenas se ha traducido en reformas concretas de competitividad o gobernanza económica. Tampoco ha habido avances en ampliación y reforma institucional.
En el plano externo, la UE tuvo un año negativo, sobre todo frente a una Administración Trump que ha oscilado entre ningunearla –por ejemplo, en las conversaciones sobre Ucrania– o atacar abiertamente el proceso de integración, como hace la nueva Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana. El deterioro de la relación euroatlántica ha sido peor de lo que se preveía hace un año, incluyendo intentos de injerencia en las dinámicas internas de la UE que han puesto a prueba su cohesión y la capacidad de actuar como un verdadero actor global.
Más allá del distanciamiento político, Washington impuso aranceles unilaterales del 15% que la UE prefirió aceptar antes que responder con una guerra comercial que pudiera perjudicar la defensa del continente.
A España también le ha ido algo peor de lo esperado en ese contexto reactivo y dominado por la seguridad en el flanco oriental, reduciendo la influencia de Madrid que es hoy menor de lo que le correspondería. En el siempre importante dossier de Gibraltar, se alcanzó un acuerdo político con Londres, pero no se pudo culminar la negociación del tratado ni el desmantelamiento de la verja.
VECINDAD
En el capítulo de Vecindad, el escenario base ya era negativo y 2025 lo ha confirmado, con conflictos que se prolongan sin soluciones políticas sostenibles a la vista. En Ucrania, ni la situación sobre el terreno ni las negociaciones sobre la guerra han sido propicias para el país agredido, que sufre lentos avances de Rusia y menor ayuda estadounidense. Los europeos han intentado compensarlo buscando mecanismos alternativos de financiación para sostener el esfuerzo ucraniano.
Frente a algunos estados miembros reticentes, España apoyó las distintas opciones sobre la mesa y a final de año la UE decidió emitir deuda pública dejando congelados, pero sin usar, los activos rusos custodiados en Bélgica. Por lo que hace a los Balcanes Occidentales, el año se cerró sin apenas avances en sus candidaturas de adhesión.
En Oriente Medio, Israel lanzó en junio un ataque sorpresa a Irán con respaldo de EEUU y la diplomacia española fue de las pocas europeas que condenó la acción. Pero el episodio que suscitó más reacción internacional y nacional fue la continuación hasta octubre de las duras operaciones militares israelíes en Gaza. El alto el fuego, patrocinado por Trump y apoyado formalmente por España, no ha evitado que sigan los ataques puntuales y una catástrofe humanitaria que la ayuda internacional no puede aliviar.
El norte de África siguió siendo fuente de inestabilidad para Europa, pero el Magreb proporcionó noticias relativamente positivas para España: la interlocución con Argelia quedó en parte normalizada mientras que en Marruecos se confirmó la funcionalidad de la relación bilateral actual en las dimensiones económica, migratoria y de seguridad, aunque no tanto en la gestión de las cuestiones territoriales.
AMÉRICA LATINA
En América Latina, el año estuvo también dominado por la segunda Administración Trump, que adoptó un enfoque de abierta injerencia en los procesos políticos internos, apoyando los candidatos de ideología más cercana. Hubo también una lógica de confrontación estadounidense con algunos gobiernos ideológicamente distantes, con aumento del despliegue militar en el Caribe, el planteamiento de la anexión del Canal de Panamá y, sobre todo, una intervención unilateral en Venezuela al inicio de 2026 que ha causado profundo impacto en la región.
En ese entorno de panorama internacional tenso y alta polarización doméstica, se reducen los espacios para la influencia de la diplomacia española. No obstante, se trabajó desde la Secretaría pro tempore de la Conferencia Iberoamericana para revitalizar el alicaído sistema iberoamericano ante la próxima cumbre a celebrar en Madrid.
También hubo desarrollos positivos que no se podían dar por sentado hace un año –como la relativa mejora de las relaciones con Argentina y México–, combinados con otros que eran más propios del escenario pesimista. Entre estos destaca haber retrasado la aprobación del acuerdo comercial UE-Mercosur, aunque esa decepción no refleja tanto un fracaso de España sino los límites de la ambición europea, desaprovechando la demanda existente en la región que desea alternativas al creciente antagonismo entre las dos grandes potencias.
CHINA, EEUU Y ATLANTISMO
En el eje de China-EEUU, relación transatlántica y Asia, se cumplió también la previsión que apuntaba igualmente a Trump como principal factor disruptivo del año. El nuevo presidente adoptó una política más agresiva de contención hacia China, intensificando las restricciones tecnológicas y los controles comerciales. Pese a ese aumento de la tensión estratégica, que incluye más presencia militar en el Indo-Pacífico, la rivalidad ha perdido contenido ideológico y han operado la transaccionalidad y mecanismos de desescalada que evitan la ruptura entre las dos grandes potencias. Tampoco se ha
producido desacoplamiento entre China y Europa, aunque siguieron las fricciones, especialmente en torno a la sobreproducción industrial china y las medidas proteccionistas de la UE. España, cuya economía ha tardado más en interrelacionarse con Asia y es consciente de que allí continúa estando el principal motor de crecimiento global, ha visibilizado en 2025 una posición ambigua de acercamiento relativo a Pekín, incluyendo una visita de Estado y la defensa en Bruselas de un de-risking selectivo.
En cuanto al vínculo transatlántico, estaba claro que el regreso de Trump auguraba distanciamiento comercial y de seguridad hacia Europa y problemas específicos para España. Y eso fue lo que ocurrió, aunque el deterioro de la relación con la UE fue mayor del previsto. Así, a los aranceles o las dudas sobre el compromiso estadounidense hacia Ucrania y la defensa del continente, se añadieron episodios muy hostiles como el apoyo a fuerzas euroescépticas, el veto de entrada a un excomisario por haber impulsado determinada regulación o ambiciones territoriales explícitas sobre Groenlandia. También empeoró la relación bilateral Madrid-Washington por el bajo gasto en defensa o el perfil diplomático propio en América Latina y Palestina, pero el deterioro se materializó sólo parcialmente y más en el nivel retórico que en el sustantivo.
DEMOCRACIA, DERECHOS Y GÉNERO
En materia de Democracia, derechos y género se confirmó el sombrío escenario base, aunque se evitaron derivas todavía más pesimistas. El retroceso democrático y en derechos humanos continuó mientras los escasos avances en igualdad coexistieron con reacciones antifeministas en muchas regiones. Ese clima y el auge de fuerzas iliberales en los países occidentales erosiona los consensos internacionales de modo que los foros
multilaterales sobre derechos y libertades han dejado de promocionar su expansión, conformándose con el mal menor de resistir. La visión securitaria sobre inmigración avanzó en EEUU y, de forma más matizada, también en Europa. España, que se incorporó como miembro del Consejo de Derechos Humanos, no se sumó a esa tendencia y mantuvo un discurso normativo coherente en las crisis humanitarias de Gaza y Ucrania, en materia de defensa de las mujeres y en el ámbito migratorio, con una sociedad menos propensa a los discursos xenófobos.
Con todo, la capacidad española para influir en tendencias globales y en una UE escorada ideológicamente resulta limitada. Por otro lado, la creciente polarización interna y desarrollos negativos en corrupción y Estado de derecho afectaron tanto a la calidad del debate político como a la proyección exterior.
INFLUENCIA E IMAGEN EXTERIOR
Y en este último punto, al fin, no hubo salto cualitativo adelante de la diplomacia española en 2025, pero tampoco rupturas ni retrocesos significativos. Ya se ha dicho: España empeoró su relación bilateral con EEUU y perdió centralidad en Bruselas. En el resto del mundo, por el contrario, se ha logrado aumentar presencia, interlocución y visibilidad en foros multilaterales. Se aprobó una nueva Estrategia de Acción Exterior europeísta (hasta 2028), pero que también presume de identidad propia y así ha sido a lo largo del año en asuntos muy relevantes y controvertidos –rearme, Israel, China– donde se ha actuado conforme a prioridades fijadas por el Gobierno.
No se alcanzaron, sin embargo, otros hitos en los que se invirtió capital político, como el funcionamiento efectivo de las aduanas en Ceuta y Melilla o el uso en Bruselas de las lenguas cooficiales. Por fin, la imagen internacional permaneció alta en el nivel de la opinión pública, con alguna penalización reputacional entre las élites de los aliados europeos por la resistencia a gastar más en defensa y, a cambio, mejoras de prestigio en el Sur Global.
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