En la CNN apuntan el verdadero motivo que busca Trump con Groenlandia: "Podría ser 'Trumpland'"
Trump ya no bromea con Groenlandia: busca control, legado e influencia global. Europa teme una crisis que podría romper la OTAN.
Donald Trump vuelve a sacudir el tablero internacional con una idea que ya no se toma a broma: hacerse con Groenlandia. Lo que durante su primer mandato sonó a provocación ahora se interpreta como algo más serio. En CNN lo resumen con una frase inquietante: la isla podría acabar convertida en Trumpland. No por capricho, sino por una mezcla de poder, legado histórico y control geopolítico.
Desde Europa, el mensaje se ha recibido con alarma. Dinamarca y los líderes comunitarios han reafirmado que Groenlandia no está en venta, pero en Washington el tono ha cambiado. Y eso es lo que hace que esta vez nadie se ría.
Una obsesión que ya no parece una broma
Cuando Trump habló por primera vez de comprar Groenlandia, en 2019, la reacción fue de incredulidad. Hoy el contexto es otro. Tras su regreso al poder, el presidente ha demostrado que no descarta usar la fuerza ni la presión económica para imponer su visión del mundo. En CNN destacan que su discurso ha pasado de lo simbólico a lo práctico.
El propio Trump ha defendido que Estados Unidos necesita Groenlandia por seguridad nacional. El argumento no es nuevo, pero ahora viene acompañado de gestos políticos y militares que inquietan a los aliados. La Casa Blanca incluso se ha negado a descartar explícitamente el uso de la fuerza, algo impensable hace solo unos años dentro de la OTAN.
Por qué Groenlandia es una joya estratégica
Groenlandia no es solo hielo. Es una pieza clave del control del Atlántico Norte y del Ártico. Durante la Segunda Guerra Mundial ya fue esencial para vigilar rutas marítimas y hoy vuelve a serlo por tres motivos muy claros:
- Posición militar: alberga una base estadounidense fundamental para los sistemas de alerta temprana de misiles.
- Nuevas rutas marítimas: el deshielo abre pasos estratégicos que interesan a Estados Unidos, Rusia y China.
- Recursos naturales: tierras raras, minerales críticos y posibles yacimientos de petróleo y gas.
Aquí aparece una de las contradicciones clave del discurso de Trump. Estados Unidos ya tiene margen legal para reforzar su presencia militar en la isla gracias a acuerdos con Dinamarca. No necesita poseerla. Por eso, en CNN se preguntan: ¿qué busca realmente?
Un legado personal llamado Trumpland
La respuesta apunta menos a la seguridad y más al ego político. Trump quiere dejar huella física, territorial. Admira abiertamente a presidentes expansionistas como Thomas Jefferson, que duplicó el tamaño del país con la compra de Luisiana, o William McKinley, bajo cuyo mandato se anexionó Hawái.
Según el análisis de CNN, Trump no quiere compartir ni negociar, quiere poseer. Y, si pudiera, rebautizar. De ahí la ironía de Trumpland, que en realidad encierra una advertencia: la tentación imperial está de vuelta en la Casa Blanca.
Europa ve una amenaza directa
Las reacciones no se han hecho esperar. Francia, Alemania, España, Italia y Reino Unido han cerrado filas con Dinamarca. La primera ministra Mette Frederiksen ha sido clara: un intento de tomar Groenlandia por la fuerza destruiría la OTAN.
El excomandante supremo aliado, James Stavridis, lo dijo sin rodeos en CNN: un choque militar entre aliados sería el principio del fin de la Alianza Atlántica. Algo que hasta hace poco solo se temía de Rusia o China, no de Estados Unidos.
¿Es realista una compra de Groenlandia?
Incluso dejando de lado la legalidad internacional, la operación sería extraordinariamente compleja. Requeriría aprobación del Congreso estadounidense, acuerdos con la Unión Europea y una cifra astronómica. Algunos analistas hablan de cientos de miles de millones de dólares.
La pregunta final es incómoda: ¿estarían dispuestos los contribuyentes estadounidenses a pagar esa factura mientras siguen creciendo los problemas de vivienda, sanidad y coste de la vida?
Un mundo más inestable
La conclusión de CNN es que el discurso de Trump ya no es solo retórica. Sus movimientos generan una incertidumbre real en Europa y dentro de la OTAN. Puede que Groenlandia nunca se convierta en Trumpland, pero el simple hecho de que se contemple ese escenario dice mucho del momento político actual.
Y sobre todo lanza una advertencia: el mayor riesgo para el equilibrio occidental ya no viene solo de fuera, sino también desde dentro.