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La hora más oscura: lo que la OTAN y la UE pueden hacer ante la codicia de Trump sobre Groenlandia

La hora más oscura: lo que la OTAN y la UE pueden hacer ante la codicia de Trump sobre Groenlandia

Spoiler: es poco, teniendo en frente a la mayor potencia defensiva del planeta. Pero hay margen y debe haber voluntad, sobre todo, para dejar claro a EEUU que la isla no está en venta. Ceder no será sólo claudicar, sino dar por muerta la Alianza. 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la última Cumbre de la OTAN en La Haya (Países Bajos), el 25 de junio de 2025.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la última Cumbre de la OTAN en La Haya (Países Bajos), el 25 de junio de 2025.Jakub Porzycki / NurPhoto / Getty

"It takes two to tango", dicen los anglosajones. Y es verdad: no hay baile sin parte y contraparte. Cuando hablamos de relaciones internacionales y el ritmo es el endiablado que toca Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, su pareja es el mundo. Y si nos centramos en su codicia por hacerse con Groenlandia, se concreta en Europa y con la OTAN. El narcisismo que aplica a su exigencia encuentra al otro lado del Atlántico los brazos bajados, el ánimo perdido, los valores olvidados. 

La impunidad es el resultado, al menos por ahora. Ya pidió la isla ártica en su primer mandato y se dejó pasar. ¿Que se iba a olvidar? Nunca. Ahora vuelve por sus fueros, más fuerte, más lanzado, demostrando con operaciones como la de Nicolás Maduro en Venezuela que no le tiembla el pulso al sobrepasar el derecho internacional. Con este territorio, autónomo pero dependiente de Dinamarca, un país de la Alianza Atlántica y de la UE, Washington pone contra las cuerdas a sus aliados históricos, con los que diseñó el orden mundial tras la Segunda Guerra Mundial. "Necesitamos a Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional", justifica. 

Para los europeos, esta andanada supone el peor comienzo de año posible, el tránsito posiblemente, por su hora más oscura, si el republicano insiste en hacerse con Groenlandia incluso por las armas. Un aliado atacando a otro aliado. Tan impensable que en la OTAN se contempló cómo se apoyan unos estados a otros en caso se agresión externa pero no qué hacer cuando dos hermanos se pelean. 

Las controversias internacionales se resuelven por medios pacíficos y las partes se abstienen de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza incompatible. O así ocurría en la era preTrump. Ahora está el abismo por delante, perdidas las certezas de otro tiempo. Al menos, este miércoles hay prevista una cita en la Casa Blanca para hablar. Estarán presentes en la reunión, por el lado europeo, el ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, y su homóloga groenlandesa, Vivian Motzfeldt y, por EEUU, su secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente, JD Vance. 

A Trump no se lo espera. Total, dice que da igual quién gobierne, cómo se llame, qué quiera. "Va a ser un gran problema", augura. En vez de alfombra roja lo que pone a sus visitantes son zarzas: en un mensaje publicado en Truth Social a poco de despertarse, ha reiterado que con Groenlandia "en manos" de su país, la OTAN se vuelve mucho más formidable y eficaz y agregó que "cualquier cosa menos que eso es inaceptable".

Un problema magnificado, como poco

Dinamarca es miembro fundador de la Alianza, que ha demostrado ser leal desde 1949. No hay reproches que hacerle cuando, por ejemplo, en Afganistán, luchó junto a EEUU Unidos en las zonas de misión más difíciles y sufrió la mayor cantidad de bajas en relación con su población (50) de todos los aliados de la OTAN, aparte del norteamericano (2.465). Acudió sin dudarlo para arropar a Washington en su lucha contra el terrorismo, después de que la Casa Blanca llamase a todos los aliados a ayudarle, invocando por primera y única vez en la historia el artículo 5 de su tratado, el de asistencia común. 

Lars Løkke Rasmussen, el primer ministro en 2018, se lo recordó cara a cara a Trump. Viene a decir el antiguo secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en sus memorias, que le sacó los colores al norteamericano porque le exigía más y más dinero, sin contar con el esfuerzo personal que había hecho su gente, hasta dar la vida. 

No hay nada nuevo sobre la importancia de Groenlandia para la seguridad nacional de EEUU. Ya ha albergado una base militar estadounidense desde la década de 1950 precisamente por esa razón y llegó a tener 17 instalaciones en la isla, que fue cerrando tras la Guerra Fría. Un tratado bilateral de 1951 permite una mayor presencia estadounidense en la zona si se solicita, cosa que no se ha hecho, porque no es lo que Trump busca.

Un joven camina frente al parlamento de Groenlandia, el Inatsisartut, en Nuuk, la capital, el 12 de enero de 2026.
Un joven camina frente al parlamento de Groenlandia, el Inatsisartut, en Nuuk, la capital, el 12 de enero de 2026.Marko Djurica / Reuters

La administración conservadora argumenta que Groenlandia es parte del hemisferio occidental y, como tal, debería pertenecer a EEUU, a lo que Groenlandia se opone claramente. Esta postura estadounidense, en flagrante falta de respeto al derecho internacional, ha llevado al servicio de inteligencia de defensa danés a señalar a EEUU como una preocupación para la seguridad nacional danesa. Una postura, la de Trump, que corre el riesgo de disolver la comunidad transatlántica y fin a la alianza militar más exitosa de la historia.

Ahora, el órdago es mayor porque no descarta el uso de la fuerza militar para obtener ese control que anhela. Es verdad que ha multiplicado sus declaraciones al respecto desde que defenestró a Maduro, como lo ha hecho su círculo, pero también hay que recordar que cuando Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, visitó la Casa Blanca en su nuevo mandato, Trump ya le sugirió que la Alianza podría ayudarle a obtener Groenlandia, petición que el neerlandés rechazó. Hasta a quien lo llama "papi" le pareció demasiado. 

El principal argumento que ha dado Trump para defender su postura es que hay "barcos chinos y rusos por todas partes" cerca de la isla y que Dinamarca no puede protegerla. Luego ha dejado caer que hay vastos recursos naturales en la zona que le interesan, de los minerales y tierras raras al gas o el petróleo. Washington no ha aportado pruebas de que esa zona, ciertamente clave por su posición en el Ártico, esté siendo navegada de forma masiva por buques o submarinos de estos dos gigantes. 

El Gobierno socialdemócrata de Copenhague, que tampoco tiene esas alertas constatadas por sus propios medios -más allá de los incidentes de guerra híbrida, sobre todo de origen ruso, que relaciona con su ayuda a Ucrania en la guerra de invasión-, ha indicado repetidamente que EEUU puede aumentar el número de tropas en Groenlandia si así lo desea y que incluso puede convertirse en un socio comercial preferente en los recursos que tanto parecen gustar a Trump. También Groenlandia ha anunciado que está abierta a negocios si las empresas estadounidenses están interesadas, pero por ahora ninguno de estos argumentos cala en el inquilino de la Casa Blanca. 

También es importante que existe un interés paralelo en Groenlandia que viene de los gigantes tecnológicos con conexiones cercanas a la Administración Trump. Como informa Reuters, un círculo de empresarios tecnológicos estadounidenses y figuras de capital de riesgo está promoviendo la isla como un sitio potencial para las llamadas "ciudades de la libertad" y proyectos de extracción e infraestructura a gran escala. 

Estas ideas se enmarcan a través de conceptos libertarios de regulación corporativa mínima y ambiciones máximas, que abarcan inteligencia artificial, lanzamientos espaciales y energía micronuclear. Varios de estos empresarios y firmas se encuentran entre los mayores donantes e inversores de la campaña de Trump, incluidos algunos ya vinculados a operaciones mineras, combustibles fósiles y empresas de criptomonedas en el terreno. Calcula la agencia que, de forma coral, este grupo habría contribuido con más de 240 millones de dólares a su campaña electoral republicana de 2024. Podrían ser los primeros en beneficiarse de una toma de control de la isla por parte de EEUU. 

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, en un reciente Consejo Europeo, en Bruselas.Thierry Monasse/Getty Images

Los aliados y sus derechos

¿Es eso seguridad? ¿O es negocio y sumisión? Da la sensación de que se ha magnificado un problema para poner por delante unos intereses que sirven de cortina a los reales. EEUU está profundizando en su propia versión de la Doctrina Monroe, con la que pone en la mira a Cuba, Colombia o México. Que también lo haga en Groenlandia pone a Europa en una posición difícil, viendo cómo su aliado más fuerte se retira voluntariamente del liderazgo global para destacarse en el dominio regional. Y si eso implica pelearse con los que le han sido leales y cercanos, da igual. "Este es nuestro hemisferio", declara el Departamento de Estado, a las claras. ¿Nuestro es sólo de EEUU o de sus aliados también? 

Copenhague ciertamente siente esa soledad y no la entiende, porque apretada por la propia Casa Blanca y por la importancia, indiscutible, del Ártico en la geopolítica mundial, ha hecho los deberes y ha reforzado el flanco. El año pasado, incrementó sustancialmente su apoyo militar en la zona. En enero de 2025, destinó 14.600 millones de coronas (2.050 millones de dólares) a la defensa del Ártico, seguidos de 27.400 millones de coronas (2.700 millones de dólares) adicionales más adelante ese mismo año, según datos aportados por Anna Wieslander, directora para el Norte de Europa y jefa de la Oficina para el Norte de Europa del Atlantic Council, desde Estocolmo (Suecia).

Todo esto, sin contar con algo tan de base como que los groenlandeses no quieren ser ni norteamericanos ni daneses, sino lo que ya son, soberanos y autónomos en su toma de decisiones. El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, no hace más que reiterar que su tierra "no está en venta" y que tampoco está interesada en unirse voluntariamente a EEUU. Washington, por ahora, es que ni hace alusión a ese derecho. 

La reciente escalada de la retórica de la administración Trump sobre la confiscación de Groenlandia ha desatado una intensa actividad en las capitales europeas en apoyo a los afectados. La idea es común: Groenlandia pertenece a los groenlandeses. Es lo que repiten todas las capitales, de las nórdicas a las bálticas. 

Países como Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia y Dinamarca, además de nuestro país, España, se unieron en una declaración se unieran a él en una declaración, el Día de Reyes. "Groenlandia pertenece a su pueblo. Corresponde únicamente a Dinamarca y a Groenlandia decidir sobre los asuntos que conciernen a Dinamarca y Groenlandia", se lee. Canadá, aliado de la OTAN, también ha expresado su apoyo explícito y abrirá incluso un consulado en Groenlandia para fortalecer aún más las relaciones. Una iniciativa a la que se ha sumado, este miércoles, el Gobierno de París. 

Un Centinela Oriental para el Ártico

Para la OTAN, la ambición de Rutte de mantener el tema fuera de la mesa de negociación en la Alianza se vuelve cada vez más difícil. Hay presiones internas para ir dejando claras a Trump las líneas rojas que no debe cruzar y armas una respuesta, a modo de gentle reminder, de que hay otras vías tanto para proteger Groenlandia como para sacarle más rédito, si es lo que quiere.

El que fuera primer ministros de Países Bajos, el pasado lunes, dejó claro que, a sus ojos, Trump tiene razón. Ni se le ocurrió contradecirlo. Desde Zagreb, dijo a la prensa que la OTAN "no está en absoluto" en crisis por las pretensiones de EEUU. "Creo que realmente estamos trabajando en la dirección correcta", enfatizó. Trump advirtió el viernes que Estados Unidos "podría" tener que elegir entre apoderarse de Groenlandia y mantener intacta la OTAN, pero no le dio importancia. "Todos los aliados coinciden en la importancia del Ártico y su seguridad", afirmó, "y actualmente estamos debatiendo… cómo asegurarnos de dar seguimiento práctico a esas conversaciones".

Mientras tanto, los funcionarios de la OTAN continúan su labor para fortalecer el papel de la Alianza en la seguridad del Ártico mediante el aumento de la vigilancia, las patrullas, los ejercicios y el entrenamiento. Esta labor refleja los esfuerzos colectivos de la Alianza para garantizar la seguridad, a la vez que aborda las preocupaciones sobre la falta de inversión expresadas por la Administración Trump. 

Los aliados deberían intensificar aún más estos esfuerzos cuanto antes y, por eso, esta semana un grupo de esos 32 aliados ha empezado a dibujar una serie de propuestas para presentar a Trump, un sacrificio para calmar al dios. Se lo planteó el lunes el jefe de la diplomacia alemana, Johann Wadephul, a su homólogo de norteamericano, Marco Rubio, en una reunión en EEUU. Se trata de un plan que podría asemejarse a la operación Centinela Oriental para proteger el territorio a lo largo del flanco oriental de la organización, pero para el Ártico.

El debate en torno a una posible misión de la Alianza Atlántica en el Ártico comenzó debatirse el pasado jueves en Bruselas, entre embajadores, y avanza poco a poco, dicen desde Berlín, aunque en una fase embrionaria. "En el marco de la seguridad transatlántica, el Ártico tiene un papel creciente y dentro de la OTAN se discute fortalecer esta zona", defiende. 

Según el periódico británico The Telegraph, jefes militares están elaborando planes preliminares para una posible misión aliada, que podría incluir tropas, buques y aeronaves, con participación de varios países europeos. Las opciones que se estudian incluyen desde un despliegue permanente hasta ejercicios militares temporales, cooperación en inteligencia y desarrollo de capacidades, en operaciones que previsiblemente se realizarían bajo el paraguas de la OTAN. 

La iniciativa cuenta con el apoyo de Dinamarca y Groenlandia, añade el medio. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, señaló el domingo en un mensaje en Instagram que "un incremento importante de la presencia militar tendrá un impacto real en nuestra seguridad, tanto en el Ártico como para Europa y EEUU". Hasta el momento, ha rechazado una oferta de Francia para enviar tropas a Groenlandia como muestra de solidaridad europea, probablemente para evitar provocar a EEUU. 

El martes, el gobierno autónomo de Groenlandia dijo estar dispuesto a admitir un mayor despliegue de la OTAN en su territorio para evitar así una invasión por parte de EEUU y descartó que su población vaya a optar por "la resistencia", en caso de que aquella se produjera. Son palabras de Naaja Nathanielsen, ministra de Negocios, Recursos Naturales, Energía, Justicia e Igualdad de Género.

Cosas grandes, cosas pequeñas

La analista Anna Wieslander entiende la diplomacia parece "la opción más razonable, aunque desafiante" en este caso. Los países europeos que han logrado establecer buenos canales de comunicación con la Administración Trump, como Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y Finlandia, "deberían aliarse con Dinamarca y liderar los esfuerzos para resolver la crisis, de forma similar a como Europa apoyó a Ucrania en el proceso de paz tras la cumbre de Trump en Alaska con el presidente ruso, Vladimir Putin. Rutte, otra voz que mantiene buenas relaciones con Trump, también necesita colaborar más", expone.

El argumento debería ser que la supervivencia de la OTAN está en juego si EEUU interviene para apoderarse de Groenlandia y que tal decisión sería contraria a los intereses nacionales estadounidenses. Por ejemplo, la propia Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de Trump enfatiza que es del mayor interés de EEEUU mantener la estabilidad estratégica con Rusia y, para ello, necesita sus bases europeas. "La proximidad importa, como lo ilustró claramente la operación del verano pasado contra las instalaciones nucleares de Irán", recuerda. Además, la NSS describe cómo dependen de Europa para el éxito de su agenda económica en otros países, además. Esa puede ser una vía de presión, indica. 

Recientemente, el Congreso norteamericano fue más allá y condicionó una serie de medidas en su último proyecto de ley de defensa para preservar la participación de la OTAN y de EEUU en suelo europeo. "Por lo tanto, también es crucial colaborar con los miembros del Congreso en Washington y con las delegaciones que pronto visitarán el Foro Económico Mundial de Davos y la Conferencia de Seguridad de Múnich", defiende.

Jamie Shea, miembro asociado del Programa de Seguridad Internacional de Chatham House y antiguo portavoz de la OTAN, dice claramente que no ve "una respuesta militar [de la OTAN], ya que EEUU podría lidiar rápidamente con las limitadas fuerzas que los europeos pudieran enviar, y es muy improbable que los gobiernos europeos consideren hacerlo". "Necesitan todas sus fuerzas para la defensa de Europa y para contribuir a una fuerza europea de reasentamiento para Ucrania", recuerda. 

Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca, ha afirmado: "Nadie va a luchar contra EEUU por el futuro de Groenlandia". A estas alturas no se sabe si es un mensaje esperanzador, conciliador o amenazador. Peor: la constatación de que nadie se atrevería a mover un dedo. Va en la línea del analista. "Querrían evitar un enfrentamiento directo con Estados Unidos que significaría el fin de la OTAN y del apoyo estadounidense a Ucrania”, afirma.

Hay cosas que parecen de menor calado pero que ayudarían a los europeos a ponerse firmes ante Washington sin llegar a una guerra abierta: despliegues de buques de guerra en la zona (un movimiento disuasivo más que ofensivo); instalar bases aéreas de naciones europeas, no sólo de EEUU (podrían ser rotatorias, dado el poco espacio); campañas para difundir el relato de este lado en los medios y la sociedad de EEUU; prometer inversiones con fondos de cohesión para mejorar la vida de los ciudadanos (aunque Groenlandia no es puramente zona UE)... 

Hay más, de imponer sanciones (que sería el último paso: ya hay naciones que defienden que, al menos, se haga un borrador de supuestos) a pedir pagos elevados por la estancia de tropas norteamericanas en suelo comunitario, por el desplazamiento de personal y se medios, que no se reabastezcan sus buques o aviones como medida de presión... Incluso, que se ordene el cierre de bases o puertos de concesión norteamericana o no se den permisos de tránsito. 

En el caso de las sanciones, el presidente francés, Emmanuel Macron, fue el primero en plantear de activar esa posibilidad ante la guerra arancelaria de Trump. Pidió activar el Instrumento Anticoerción (ACI) de la UE -también conocido como "bazuca comercial". Europa cuenta desde finales de 2023 con una legislación concreta para disuadir y responder a la coerción que puedan ejercer países terceros. No prosperó ni tiene visos de hacerlo ahora. 

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en la Cumbre de la Alianza Atlántica de La Haya, el 25 de junio de 2025.
El presidente de EEUU, Donald Trump, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en la Cumbre de la Alianza Atlántica de La Haya, el 25 de junio de 2025.Andrew Harnik / Getty

Lo que no

Los analistas Moreno Bertoldi y Marco Buti, del laboratorio de ideas Bruegel, avalan la necesidad de que los socios europeos aumenten su "protección proactiva" en Groenlandia ante el expansionismo de Trump; de que pongan sobre la mesa su capacidad de despliegue rápido en materia defensiva, que la tienen, y de que empañen la imagen de Trump, si es necesario, rebatiendo sus ideas en su propia cancha, para no justificar lo injustificable, influyendo en el público y las instituciones de EEUU. 

Pero en un análisis de urgencia publicado esta semana, sobre todo priorizan las cosas que Europa no tiene que hacer si quiere proteger el territorio ártico. A saber: 

  • No se puede caer en el error de "construir y negociar con base en un escenario central optimista". "Trump se comporta exactamente en línea con su intención declarada, o bien la sobrepasa. Contar con la idea de que 'Trump siempre se acobarda' es un grave error. En el caso de Groenlandia, la UE "debe tomar sus comentarios sobre la anexión al pie de la letra".
  • "No hacer nunca concesiones sustanciales basadas en promesas de concesiones de procedimiento". Esto es precisamente lo que hizo la UE en abril del año pasado, cuando no sólo aceptó un arancel base del 10 % a cambio del aplazamiento del arancel recíproco del 20 %, sino que también aceptó aranceles del 25 % sobre el acero y el aluminio, "congelando sus medidas de represalia sobre este último como muestra de buena voluntad para las negociaciones futuras".
  • La tercera advertencia es no dar nunca por finalizado ningún acuerdo. De nuevo, lo que pasó con los aranceles. "Las preferencias impredecibles de Trump, sumadas a la presión estratégica -sobre los servicios digitales, por ejemplo-, han llevado a la reapertura de disposiciones del acuerdo comercial que la UE creía resueltas".

La UE, hiperprudente

En el caso de la Comisión Europea, más allá de la OTAN, llama la atención el silencio o la prudencia extrema de estos días, en un nuevo empeño por no molestar a Trump. Servilismo, dicen los críticos. Se ha limitado a reconocer el derecho de los groenlandeses a decidir su presente y su futuro y a decir que avala al Gobierno danés, pero sin especial entusiasmo. 

Su presidenta, Ursula von der Leyen, ha dicho que la "Unión no es perfecta, pero es una promesa, que la cooperación es más fuerte que la confrontación, que esa ley es más fuerte que la fuerza". "Principios que se aplican no sólo a nuestra Unión Europea, sino también a Groenlandia", dijo al fin, citando el problema. Poco más.

Su vicepresidenta, la española Teresa Ribera, responsable de Competencia, ha sido la más clara en el Ejecutivo comunitario al decir, el martes, que "no son aceptable las amenazas a los aliados que basadas en posiciones que no son verdad. Groenlandia no está en venta". Lo demás es espera tensa, ante la dependencia europea del paraguas de seguridad de EEUU, de su tecnología y de los enfados arancelarios de su mandatario. 

Aparte de las palabras, por el momento la UE solamente ha lanzado una consulta pública para actualizar su política en el Ártico y "hacer frente a los desafíos y oportunidades en evolución" en la zona. Esto ha supuesto que varias capitales, encabezadas por París y Berlín, asegurasen estar analizando varios mecanismos para frenar a Washington, pero más volcados en el entorno de la Alianza Atlántica que de la propia UE. 

El comisario de Defensa, Andrius Kubilius, sú ha dicho que se debe debatir la creación de un Ejército europeo de 100.000 efectivos, que tendría que reemplazar el grueso de esas 100.000 tropas estadounidenses desplegadas en el continente, en caso de ruptura. Un viejo sueño que gustaba sobre todo a Francia, metido en el cajón y removido de nuevo a raíz de la ocupación rusa de Ucrania. 

Si ya lo sabe... 

"Si llegase la hora más oscura y Estados Unidos utilizara la fuerza militar para anexar Groenlandia, la esencia del Artículo 5 y la defensa colectiva dentro de la OTAN perderían su sentido. Como lo expresó recientemente el ministro noruego de Asuntos Exteriores, Espen Barth Eide: 'La idea de la OTAN se desmoronará si Estados Unidos se apropia de Groenlandia'. Rusia, China y otros adversarios tendrían perfectamente claro que ya no existe una disuasión extendida creíble para Europa o Canadá, y que Estados Unidos ha perdido a sus aliados más cercanos y poderosos", avisa Wieslander.

El daño sería irreversible, en forma y fondo, porque llevaría a la ruptura o, como poco, a la pelea, a la pérdida de confianza en quien siempre fue cercano, amigo. La posibilidad de que EEUU abandone al OTAN también es real -lo ha dejado caer en otras ocasiones, hablando de los gorrones europeos y el porcentaje de inversiones en Defensa-, pero la organización, posiblemente, acabaría diluyéndole como un azucarillo, al perder a su socio fundador y máximo exponente. No sería la Alianza, sería una alianza. Y nunca más podría dejar de mirarse a EEUU como un adversario, si no un enemigo. 

El problema es que se supone que todo esto ya lo saben los asesores de Trump y el propio Trump y, aún así, por ahora lo que llega del otro lado del océano son frases como: "Si afecta a la OTAN, entonces afecta a la OTAN (...). Los aliados necesitan a EEUU mucho más que EEUU a los aliados". Palabra de Trump. Se ve cuesta arriba convencerlo de lo contrario. Incluso cuando se le recuerda que tanto desde Nuuk como desde Copenhague se le abre la puerta a que mande más soldados o haga más contratos, insiste: "Hace falta más. Necesitamos más que eso. Realmente, necesitamos tener el título". Será "por las buenas o por las malas". 

A renglón seguido, recuerda que tiene al mayor ejército del mundo, frente a "dos trineos con perro", que no pueden hacer frente a esos supuestos "destructores y submarinos que aparecen por todas partes" junto a Groenlandia. Son 1,3 millones de militares frente a apenas 13.100. Aplastante. 

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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