"No hay agua en el estanque": la crisis de la ONU para cubrir las emergencias de 2026
Naciones Unidas sufre recortes "brutales" en la ayuda humanitaria y limita su meta a salvar a 87 millones de vidas en el año. Pide 23.000 millones, menos de la mitad de lo que rogó en 2025. No es que haya menos necesidad, sino menos donantes.

Se llaman Bara Zuhaili, Hussam Abu Safia o Feroze Sidhwa y son médicos. Todos han trabajado en Gaza (Palestina) durante el asedio iniciado por Israel el 7 de octubre de 2023, tras los atentados de Hamás. Y todos han relatado lo mismo a la prensa internacional: "Teníamos que elegir quién vivía y quién moría, porque los hospitales no daban para más". Hoy, el mundo sufre una gazificación imperdonable: dice Naciones Unidas que es incapaz de atender a todas las personas sumidas en conflictos armados, crisis humanitarias, hambrunas o catástrofes naturales porque no hay dinero suficiente para ello. Se tiene que limitar a seleccionar a quién cree que aún puede salvar, condenando al resto.
Este es el resultado de los tijeretazos mundiales en ayuda humanitaria y cooperación, empezando por los del Estados Unidos, el mayor donante históricamente. La irrupción en el escenario, de nuevo, de Donald Trump, ha dejado en los huesos las arcas de las instituciones internacionales, que no sólo reciben menos dólares sino que son desacreditadas por el mandatario republicano. Y contagia, de paso, a otros países que estaban deseando escapar de compromisos internacionales.
El llamado Panorama Global Humanitario 2026 debería ser un toque de atención vergonzoso para los mandatarios del mundo, pero ha pasado casi sin pena ni gloria desde que se presentó, el pasado 8 de diciembre. Habla de recortes "brutales" en el presupuesto y reconoce, sin medias tintas, que "no hay agua en el estanque", en palabras del responsable de la Oficina de Coordinación de la Ayuda Humanitaria (OCHA), Tom Fletcher. Estamos hablando de vidas, de personas.
Duro ejercicio de priorización
En el sur de España se suele escuchar eso de "qué dedo me corto que no me duela", cuando las madres hablan de sus hijos. Pues la ONU ha tenido que dar el paso y cercenar. Para el nuevo año, ha afrontado un "duro ejercicio de priorización" y ha establecido que su objetivo humanitario, finalmente, será salvar 87 millones de vidas, para lo que requiere 23.000 millones de dólares. La cifra ya está ajustada a mínimos. Menos, ya es nada.
Ese importe, que parece apabullante al leerlo, es menos de la mitad de lo que solicitó para las emergencias de cara a 2025. Ahora la ONU lo reajusta no porque haya menos víctimas de guerras, terremotos o inundaciones y persecuciones políticas -para nada, con 59 conflictos sangrantes en el mundo-, sino porque se ha visto obligado a decidir dónde poner unos recursos, que cada vez más escasos.
En 2025 se ha experimentado la mayor contracción en la financiación humanitaria en una década, 12.000 millones de dólares, consecuencia de que EEUU sólo ha desembolsado 2.500 millones para el plan humanitario de la ONU de este año, frente a 11.000 en 2024. Las consecuencias fueron inmediatas, incluido el aumento del hambre y la tensión en los sistemas de salud, "incluso cuando las hambrunas azotaron partes de Sudán y Gaza", conmoviendo al mundo, pero no a los donantes. "Los programas para proteger a mujeres y niñas fueron drásticamente recortados, cientos de organizaciones de ayuda cerraron. Y más de 380 trabajadores humanitarios fueron asesinados, la cifra más alta registrada", denuncian.
El responsable de la ayuda humanitaria de la ONU aseguró que sus trabajadores están "sobrecargados", dependiendo de "fondos insuficientes" y "bajo ataque", además, cuando golpear a trabajadores humanitarios es un crimen de guerra. "Sólo el 20% de nuestros llamamientos reciben apoyo. Y nosotros somos los que conducimos la ambulancia cuando hay un incendio", dijo Fletcher. Y añade: "Encima, ahora se nos pide también que apaguemos el incendio. Pero no hay suficiente agua en el tanque. Y nos están disparando".

Trump, al retornar al Despacho Oval, cumplió con una de sus promesas de campaña, que era adelgazar las estructuras del Estado, y a su entender uno de los flancos menos necesarios era el de la política exterior y, sobre todo, el de la cooperación. En febrero, ya ordenó el cierre de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y, a partir de ahí, todo fue cuesta abajo, añadiendo recorte tras recorte en sus asignaciones a agencias y organismos de la ONU o incluso saliéndose de ellos: EEUU abandonó la Organización Mundial de la Salud (OMS) el mismo día en que Trump juró su cargo sobre la biblia. Tan cristiano todo.
Ante esa realidad, a mediados de 2025 la OCHA ya tomó la decisión de "hiperpriorizar" la respuesta humanitaria para centrarse en aportar ayuda a 114 millones de personas, frente al objetivo inicial que eran 178 millones de beneficiarios. Y, aún así, ni siquiera se cumplió esa meta secundaria, rebajada al mínimo, porque a falta de tres semanas para acabar el año sólo se había conseguido ayuda para 98 millones de personas, 25 millones menos que en 2024.
La priorización del entrante 2026 seguirá y, por eso, se buscan fondos para ofrecer medios de sobrevivir a "sólo" 87 millones de personas, cuando la realidad es que 239 millones de personas necesitarían asistencia vital, cuando deberían estar porfiando por no menos de 33.000 millones. Eso supone que se va, directamente, a salvar vidas, que es lo más perentorio, dejando de lado otras necesidades que mejoran esas vidas, de la prevención en salud a la educación. Es la prioridad abrumadora pero lo que queda por el camino es una erosión formidable de los derechos humanos esenciales.
"Este llamamiento establece dónde debemos concentrar primero nuestra energía colectiva: vida por vida", asume la ONU. "Esto es una selección despiadada de la supervivencia humana, esto es lo que significa anteponer el poder a la solidaridad y la compasión".
La sensación constante, revisando el informe, es que la OCHA está al borde de colapsar y que la erosión de programas fundamentales o el golpe a los servicios de protección de las comunidades más vulnerables puede ser duradero, puede que irreversible. El mundo empeorando y los objetivos de la Agenda 2030, hechos añicos.
Sería TAN fácil...
Tom Fletcher, al presentar el informe en Ginebra (Suiza), hizo una reflexión de las que desarman al explicar que la cifra que ahora piden "representa menos del 1 % de lo que el mundo ha gastado en el último año en armamento o un presupuesto que podría ser cubierto si el 10% más rico del mundo, es decir todas las personas que ganan más de 100.000 dólares, aportaran apenas 20 centavos de dólar al día". El esfuerzo sería mínimo para los que pueden si hubiera voluntad política de arrimar el hombro.
Los organismos humanitarios llevarán ahora este llamamiento a los Estados miembros de la ONU y pedirán su respaldo. También se instará a los países a intensificar la protección de los trabajadores humanitarios, "no con declaraciones de preocupación, sino responsabilizando a quienes nos matan, y a quienes arman a quienes nos matan".
"El sistema humanitario se está quedando sin combustible, con millones de vidas en juego", afirmó el secretario general de la ONU, António Guterres, durante un encuentro para conmemorar el 20 aniversario del establecimiento del Fondo Central de Respuesta a Emergencias (CERF, por sus siglas en inglés), el 12 de diciembre pasado. "Este es un momento en el que se nos pide que hagamos cada vez más con cada vez menos. Esto es simplemente insostenible", adujo.
No se trata sólo de un déficit de financiación en sí, dice la organización internacional, sino que es "una emergencia operativa" y que temen se convierta en sistémica. Si el CERF flaquea, "entonces flaquearán los servicios de emergencia del mundo. Y las personas que dependen de nosotros sufrirán".
Dónde y cómo
El plan de la ONU cubrirá a personas necesitadas en 50 países, incluyendo 29 planes detallados, con 23 operaciones de ayuda nacionales y seis adicionales dedicadas a los refugiados y los migrantes. El proyecto más grande es el destinado al Territorio Palestino Ocupado (Gaza, Cisjordania y el este de Jerusalén), donde se necesitan 4.100 millones de dólares para llegar a unos tres millones de personas.
En Sudán, la segunda crisis más urgente, se requieren 2.900 millones de dólares para brindar ayuda vital a 20 millones de personas atrapadas en la crisis de desplazamiento más grande del mundo, con otros 2.000 millones de dólares para los siete millones de sudaneses que han huido del país. A la zona de Darfur, directamente, Guterres la llama "el epicentro del sufrimiento humano".
El mayor de los planes regionales es para Siria, con 2.800 millones de dólares para 8,6 millones de personas. Pese a que el país ha puesto fin a 14 años casi de guerra civil, con el derrocamiento de Bachar al Assad, se encuentra destrozado, afrontando millones de desplazados internos y el intento de retorno de los que partieron a otros Estados. Se les suma Birmania, en "una grave crisis sin atención mediática". "Este llamamiento establece dónde debemos concentrar primero nuestra energía colectiva y por ello se basa en decisiones de vida o muerte", afirmó Fletcher.

El plan implica al mismo tiempo una puesta en cuestión de la forma de trabajar de la ONU en el terreno humanitario, mediante la reducción de la burocracia y de la duplicación de tareas,y la búsqueda de una mayor eficiencia. Lo llaman "reinicio humanitario", que "no es un eslogan, sino un reto para todos, en palabras de Fletcher. Se trata, añadió, de "una misión, pero también una estrategia de supervivencia para el trabajo que hacemos y para tanta gente". Los trabajadores de la ONU, forzosamente, tendrán que ser "más inteligentes, más rápidos, más cercanos a las comunidades a las que servimos, más honestos sobre las difíciles concesiones a las que nos enfrentamos. Hacer que cada dólar cuente para aquellos a quienes servimos".
"Dedicaremos una mayor proporción del dinero que recibimos directamente a las personas que lo necesitan, a las organizaciones e individuos en primera línea y a las comunidades a las que servimos y no a instituciones, organizaciones o agencias. Queremos minimizar los costos de transacción en el camino", concluye la OCHA.
Queda administrar la precariedad, mientras el multilateralismo se cae a pedazos y la humanidad no pasa test de estrés como el de Gaza. Lo peor es que la ONU tiene la práctica certeza de que su nuevo llamamiento caerá en saco roto y, muy posiblemente, en 2026 habrá que hacer estimaciones aún más sonrojantes. La palabra es "apatía".
