¿Por qué piden la cabeza de Starmer? El caso Epstein arrastra al 'premier' a la crisis
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¿Por qué piden la cabeza de Starmer? El caso Epstein arrastra al 'premier' a la crisis

El primer ministro de Reino Unido se enfrenta a una importante erosión de su imagen y a críticas en el seno de su propio Partido Laborista por haber nombrado como embajador en EEUU a un amigo del pederasta. 

El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, tras desembarcar en el Aeropuerto de Copenhague, el 1 de octubre de 2025, para acudir a una reunión de la Comunidad Política Europea.Suzanne Plunkett / WPA Pool / Getty Images

Jeffrey Epstein es un corruptor incluso desde la tumba. El pederasta norteamericano no sólo abusó de niñas indefensas sino que tejió una red de intereses y pulsiones que ahora, casi siete años después de su suicidio, sigue arrinconando a poderosos, erosionando su popularidad y arrojando interrogantes sobre qué la naturaleza unió a hombres y mujeres supuestamente respetables con el financiero. 

Una de sus víctimas póstumas está siendo el primer ministro de Reino Unido, el laborista Keir Starmer, profundamente criticado incluso en el seno de su formación por haber nombrado como embajador de su país en Estados Unidos a un amigo del criminal sexual, una relación conocida antes de recibir una tarea tan elevada. Hasta se pide su dimisión, en un momento que ya era de debilidad. 

Por ahora, el premier insiste en que no se va a ir a ningún sitio y sus ministros lo han arropado, pero queda expuesta su fragilidad con un tema hipersensible, la contestación interna que no se va a evaporar y la necesidad de hacer reformas si quiere acabar la legislatura. 

En El HuffPost te contamos de dónde viene esta crisis, cómo ha evolucionado y en qué puede acabar. 

Por el principio: el caso Mandelson

Hace casi dos semanas, el Departamento de Justicia de EEUU liberó tres millones de documentos del caso Epstein y, poco a poco, se han ido conociendo los nombres de las personalidades que en ellos figuraban. Y ahí estaba el del británico Peter Mandelson. 

Entre ese material, como se puede consultar en el buscador habilitado por la Administración de Donald Trump -otro buen amigo del financiero en el pasado-, daba cuenta de la relación cercana entre Epstein y Mandelson, una figura histórica del Partido Laborista de Reino Unido y colaborador clave de Ejecutivos anteriores.

El presidente de EEUU, Donald Trump, recibe al entonces embajador británico en Washington, Peter Mandelson, el 8 de mayo de 2025, en el Despacho Oval.Leah Millis / Reuters

Starmer, que llegó al poder en julio de 2024 tras lograr una mayoría absoluta histórica, nombró a Mandelson como su representante en Washington en diciembre de ese mismo año, pese a que ya se conocía esa amistad. No fue hasta septiembre de 2025, tras la publicación de una primera tanda de correos electrónicos que confirmaban esa relación prolongada, el primer ministro decidió destituir a Mandelson del cargo. No le importó que fuera apenas días antes de la segunda visita de Estado de Trump al Reino Unido.

Entonces salió a la luz un libro compilado para el cumpleaños número 50 de Epstein en 2003 -obra de Ghislaine Maxwell, su socia y exnovia, de origen británico-, en el que Mandelson escribió una nota manuscrita describiendo a Epstein como "mi mejor amigo". También apareció en una foto usando un albornoz, sentado junto a Epstein. Una imagen que denota confianza y cercanía. 

Sin embargo, las revelaciones más recientes son aún más graves y han removido el avispero, de nuevo. Se trata, en concreto, de correos electrónicos en los que el diplomático habría compartido con Epstein información gubernamental sensible, potencialmente capaz de influir en los mercados. Fue en 2009, cuando era miembro del gabinete laborista, durante el Gobierno de Gordon Brown.

El propio Brown ha escrito a la policía con información relevante para la investigación y ha criticado a Mandelson por su acto "imperdonable y antipatriótico". Y no es un mal gesto de un militante más, no.

En ese mismo año, en otro intercambio, Epstein y Mandelson discutieron los planes de Londres de imponer un impuesto adicional a los bonos de los banqueros como una medida punitiva y única tras el colapso. El británico pareció sugerir que el jefe de JP MorganChase debía llamar a Alistair Darling, entonces ministro de Finanzas británico, y "amenazarlo suavemente". Según las memorias de Darling, publicadas dos años antes de su muerte en 2023, la llamada se llegó a hacer. 

Mandelson también pareció advertir a Epstein que la Unión Europea (UE) planeaba un rescate de 500.000 millones de euros para apuntalar el euro, también a raíz de la crisis financiera. Estados de cuenta bancarios publicados recientemente también parecen mostrar que, entre 2003 y 2004, Epstein pagó un total de 75.000 dólares en cuentas bancarias vinculadas a Mandelson. Los intercambios de correos electrónicos sugieren que el financiero pudo haber enviado 10.000 libras esterlinas a Reinaldo Avila da Silva, esposo de Mandelson, para ayudar a financiar su curso de osteopatía.

Un portavoz de Mandelson dijo a medios británicos que ni el exembajador ni da Silva "tienen registro ni recuerdo de haber recibido pagos en 2003 y 2004 ni saben si la documentación es auténtica".

También hay entre las toneladas de papel mensajes en los que el veterano político laborista expresaba su apoyo a su amigo, a pesar de la condena de 2008 del financiero por solicitar prostitución de una menor, firme. "Te aprecio muchísimo y me siento impotente y furioso por lo que ha ocurrido", escribió Mandelson. Le dio consejos a Epstein, sugiriéndole contraatacar usando técnicas de El Arte de la Guerra, la obra mítica de de Sun Tzu.

Documentos impresos disponibles en la Biblioteca Epstein del sitio web del Departamento de Justicia de EEUU, en una imagen de 2026.Jakub Porzycki / NurPhoto / Getty

La importancia del personaje

Apodado "el príncipe de las tinieblas" por su enfoque maquiavélico del poder, Mandelson se convirtió en el director de comunicaciones de los laboristas en los años 80 del pasado siglo. Ayudó a transformar un partido, visto como rígido y dominado por los sindicatos, en tiempos de poder imparable thatcherista, en el proyecto conocido como "Nuevo Laborismo", que finalmente ganó por abrumadora mayoría las elecciones de 1997. Aupó, pues, a Tony Blair Fue uno de los ideólogos de la famosa Tercera Vía, una socialdemocracia con ramalazos liberales que convenció a los ciudadanos.

Como era uno de esos fontaneros que se necesitan en muchos frentes, fue designado como ministro sin cartera, lo que le permitió asistir a reuniones del gabinete y le otorgó amplios poderes en el Gobierno, pero poco más de un año después en el cargo, se vio obligado a dimitir en 1998 por no declarar un préstamo obtenido de un colega millonario para comprar una casa. Así pues, esta no es su primera polémica. 

No obstante, era tan poderoso y tan bien considerado que regresó al Gobierno al año siguiente, entonces como secretario de Comercio, antes de dimitir nuevamente en 2001, debido a afirmaciones de que usó su posición para influir en la solicitud de un pasaporte británico de un donante adinerado. Segundo golpe. 

Mandelson se fue, tras este chasco, rumbo a Bruselas, sirviendo como comisario de Comercio de la Unión Europea desde 2004 hasta 2008. Es una de las materias más sensibles de la UE, que nació precisamente con el negocio en la base. 

Regresó por tercera vez a Londres para ayudar a reanimar al debilitado Gobierno de Brown, ese al que apuñaló por la espalda luego. Fue una época dura, porque lidió con las consecuencias de la crisis financiera de 2008, como secretario de Negocios.

Tras la derrota de los laboristas en las elecciones generales de 2010, Mandelson pasó más de una década en el sector privado. Sin embargo, el año pasado fue convocado por Starmer para el cargo de embajador británico en EEUU. La decisión fue vista en aquel momento como arriesgada: el premier quería un peso pesado político capaz de imponerse en un país otra vez comandado por Trump. Así que reemplazó a Karen Pierce -una diplomática de carrera considerada "una apuesta segura" por medios como la CNN— por Mandelson.

¿Es responsable?

En momentos en que crecen las presiones contra Starmer para que renuncie, una exigencia como forma de protesta por su decisión, el premier compareció el pasado 5 de febrero ante el Parlamento, donde señaló que, si bien conocía de la amistad entre Epstein y Mandelson, no sabía del alcance de esa relación.

El foco de la controversia se ha desplazó rápidamente porque, para amplios sectores del arco político británico, la cuestión central ha dejado de ser únicamente la conducta del exembajador para convertirse en un problema de criterio y responsabilidad política de Starmer. El líder laborista se ha disculpado repetidamente con los ciudadanos británicos y con las víctimas del tráfico sexual de Epstein, afirmando que había creído en lo que describió como "las mentiras de Mandelson".

Pero estas disculpas no han logrado frenar la presión: diputados laboristas han comenzado a expresar dudas sobre la pertinencia de que continúe encabezando la bancada política, mientras desde la oposición se multiplican los llamamientos para que asuma su responsabilidad y renuncie al cargo.

Desde el Partido Conservador, su líder Kemi Badenoch afirmó que Starmer ha recurrido reiteradamente a trasladar la culpa a terceros. En declaraciones a la 'BBC', sostuvo que el primer ministro “debe asumir la responsabilidad por sus propias terribles decisiones”, en lugar de atribuirlas a asesores o subordinados. En la misma línea, la vicelíder de los Liberal Demócratas, Daisy Cooper, señaló que cambiar de asesores no altera el hecho de que la decisión final fue del jefe del Gobierno. Las críticas también llegaron desde otros frentes. El Partido Nacional Escocés (SNP), que gobierna en Escocia, y el Partido Verde pidieron directamente la dimisión de Starmer, al considerar que su criterio quedó seriamente dañado por el nombramiento de Mandelson.

Lo más grave ha sido que lo han censurado en su propia formación: el líder progresista en Escocia, Anas Sarwar, ha pedido su dimisión antes de las próximas elecciones locales -y de Escocia y Gales- en mayo. Más allá del verdadero enfado que pueda tener por lo sucedido con el caso Epstein, se entiende su puñetazo en la mesa como un toque de atención general sobre el rumbo del partido, cuando tiene comicios a las puertas y las encuestas no le dan nada bien. ¿Está culpando ya al primer ministro de su posible derrota?

En cualquier caso, ha sido tan contundente que ha llevado a que el consejo de ministros en pleno se levante para arropar a Starmer, con mensajes como el del secretario de Salud, Wes Streeting, a Sky News: "Keir Starmer no necesita dimitir. No ha sido la mejor semana para el Gobierno. Denle una oportunidad a Keir". 

El primer ministro británico, Keir Starmer, interviene durante la conferencia climática COP30 de la ONU en Belém (Brasil), el 6 de noviembre de 2025.Mauro Pimentel / Pool via REUTERS

Lo que dice Starmer

El primer ministro británico dijo el lunes por la tarde que ne no está "dispuesto" a dejar el cargo, pese a las crecientes presiones. Lo hizo en el marco de una reunión a puerta cerrada con parlamentarios laboristas en Westminster, horas después de la andanada de Sarwar. 

En esta reunión, el jefe del Ejecutivo británico, tras ser recibido con aplausos, aseveró: "Después de haber luchado tanto por la oportunidad de cambiar nuestra nación, no estoy dispuesto a abandonar mi mandato y mi responsabilidad con mi país, ni a sumirnos en el caos como otros hubieran hecho". 

Starmer defendió haber "ganado" todas las batallas que ha librado a lo largo de su vida, tanto en su anterior cargo como jefe de la Fiscalía de Inglaterra y Gales (un cargo en el que estuvo muy volcado en violaciones de derechos humanos) y su respaldo a las víctimas de violencia machista, así como al frente del Partido Laborista, que le permitió ganar las pasadas elecciones generales en julio de 2024.

"La gente me dijo que no podría hacerlo. Y luego, poco a poco, empezaron a decir que quizá lo conseguiría. Ganamos por mayoría aplastante. Todas las batallas en las que he participado, las he ganado", aseveró.

Por ahora, este escándalo se ha llevado por delante dos cabezas ya: la del principal asesor de Starmer, Morgan McSweeney, la del director de Comunicaciones de la residencia oficial del 10 de Downing Street, Tim Allan. Los dos han dimitido. 

Parece que aguanta

Medios como la BBC sostienen que Starmer parece aguantar por ahora. "El primer ministro ha tenido una experiencia política cercana a la muerte y ha sobrevivido, al menos por ahora", escribe Chris Mason, su editor político. "En varios momentos, parecía que su fin estaba cerca y que era inminente", reconoce, pero "hubo una movilización de apoyo por parte del gabinete y de varias alas del Partido Laborista" que lo salva.

No obstante, hay que escuchar voces como las del secretario de Energía, Ed Miliband -siempre en las quinielas para ser primer ministro, aunque niega que tenga ahora interés en ello-, quien reconoce que el primer ministro enfrentó un ayer un "momento de peligro", que el Partido Laborista "miró por el precipicio", pero decidió apoyarlo. Por eso, para evitar que se repitan situaciones semejantes, advierte de que están en un "momento de cambio" para el partido y que espera ver un Starmer menos "restringido" en el futuro.

No sólo sus correligionarios tienen esos anhelos. También la ciudadanía, que ha pasado de dar la absoluta a Starmer, tras las mentiras de Boris Johnson, a no confiar en él. Según la firma encuestadora YouGov, su popularidad es sólo del 18%, frente a un 63% de ciudadanos a los que no les gusta. Otro 63% de encuestados señala que no lo ve acabando 2026 como jefe del laborismo ni como primer ministro de la nación. Un 60% cree que es un incompetente, un 59% no lo ve confiable y un 66%, que su liderazgo es débil. A 5 de febrero, antes incluso de los peores chaparrones por Epstein, un 50% de los británicos ya decía que debería dejar sus cargos. 

Si hoy se celebrasen elecciones, el Partido Laborista no pasaría de ser segunda fuerza, con un 18 o 20% de los votos. Los comicios los ganarían los que siempre pescan en río revuelto: los ultraderechistas, en este caso, los de Nigel Farage, con un 26% de apoyos. Los conservadores, tocados tras la era Johnson y sin un liderazgo de arrastre, estarían en el 17 o 18%. 

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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