Tatiana Mitrova, experta mundial en energía: "El cierre del estrecho de Ormuz era el escenario apocalíptico desde los años 70"
Por este enclave cruza una quinta parte del petróleo mundial y una cuarta parte del gas natural licuado (GNL).

La escalada del conflicto en Oriente Próximo está empezando a sentirse con fuerza en la economía mundial. El precio del petróleo ha superado con claridad los 100 dólares por barril y las tensiones en el transporte energético amenazan con generar un nuevo shock global.
Uno de los elementos que más preocupa a los analistas es el bloqueo del estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica por la que normalmente circula una parte fundamental del comercio energético del planeta. Para la economista y experta en energía Tatiana Mitrova, investigadora del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, se trata de un escenario que durante décadas se consideró el peor de los posibles.
"El cierre del estrecho de Ormuz ha sido el escenario apocalíptico del mercado energético desde los años setenta", advierte la especialista.
El cuello de botella del petróleo mundial
El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el océano Índico y es uno de los corredores energéticos más importantes del planeta. Aproximadamente una quinta parte del petróleo transportado por mar y cerca de una cuarta parte del gas natural licuado (GNL) que se comercia a nivel internacional atraviesan habitualmente ese paso.
La interrupción del tráfico marítimo ha reducido drásticamente la actividad en la zona. Donde normalmente transitan más de un centenar de barcos cada día, ahora apenas lo hacen unos pocos, según fuentes del sector del transporte marítimo.
Las consecuencias se están reflejando de inmediato en los mercados energéticos:
- el petróleo Brent ha llegado a rozar los 120 dólares por barril
- las tarifas de fletamento de petroleros se han disparado
- el transporte marítimo en la región se ha reducido drásticamente
En algunos casos, el coste de alquilar un petrolero se ha multiplicado hasta situarse entre los 400.000 y 700.000 dólares diarios, aunque muchas de esas operaciones apenas se materializan debido a la falta de rutas seguras.
Alternativas limitadas para el transporte energético
Parte del crudo producido en el Golfo todavía puede exportarse mediante oleoductos que conectan Arabia Saudí con puertos del mar Rojo o del Mediterráneo. Sin embargo, esa capacidad es insuficiente para sustituir el tráfico marítimo habitual.
El problema es aún mayor en el mercado del gas. A diferencia del petróleo, el gas natural licuado depende casi por completo del transporte en buques especializados y existen muy pocas alternativas logísticas si una ruta se interrumpe. Esto afecta especialmente al gas procedente de Catar, uno de los mayores exportadores mundiales.
Los analistas señalan que el mercado gasista es mucho menos flexible que el petrolero. Países como Estados Unidos o Australia, grandes productores de GNL, apenas disponen de capacidad adicional para compensar rápidamente una interrupción del suministro.
Como resultado, los precios del gas en los mercados internacionales han empezado a subir con fuerza, especialmente en Europa y Asia.
El impacto ya se nota en Europa
En Europa, el precio mayorista del gas se ha duplicado desde el inicio de la crisis, aunque parte de ese aumento refleja expectativas sobre el futuro más que escasez inmediata. En países como Alemania, el encarecimiento de la energía ya se está trasladando a los consumidores. El precio del gasóleo para calefacción, por ejemplo, ha experimentado fuertes subidas en pocos días.
Sin embargo, por el momento no se percibe un problema de abastecimiento inmediato. Alemania importa relativamente poco petróleo directamente de la región del Golfo en comparación con otras zonas del mundo, aunque la Unión Europea en su conjunto sigue dependiendo en parte de esos suministros.
Además, la demanda energética actual es relativamente moderada debido al clima templado y a una actividad industrial todavía contenida en algunos sectores.
Una crisis que va más allá de la energía
Las consecuencias de la crisis no se limitan al petróleo o al gas. El bloqueo de rutas comerciales en Oriente Próximo está empezando a afectar a otros sectores clave de la economía mundial. Entre los impactos que ya se observan destacan:
- encarecimiento de fertilizantes como la urea, producida en gran parte en el Golfo
- interrupciones en el transporte marítimo entre Asia y Europa
- caída del tráfico aéreo de mercancías en grandes centros logísticos de Oriente Próximo
Los aeropuertos de Dubái, Doha o Baréin funcionan habitualmente como grandes centros de distribución para el transporte aéreo internacional. La reducción de operaciones en estas instalaciones está afectando tanto a los vuelos de carga como a los aviones de pasajeros que transportan mercancías en bodega.
Al mismo tiempo, las rutas marítimas alternativas también se están alargando. Muchos barcos evitan el mar Rojo debido a los ataques en la zona y optan por rodear África, lo que puede añadir hasta dos semanas adicionales al transporte de mercancías entre Asia y Europa.
Todo ello está generando un efecto dominó en el comercio internacional. Y aunque todavía es pronto para saber cuánto durará la crisis, muchos mercados ya se preparan para un periodo prolongado de incertidumbre energética y logística.
