Andreas Michalsen, internista y especialista en nutrición: "Quien cena tarde habitualmente altera más el metabolismo que quien empieza a comer más tarde por la mañana"
El especialista recomienda cenar al menos tres horas antes de acostarse.

El eterno debate sobre si desayunar o no vuelve a estar sobre la mesa, pero con un matiz importante: no todo depende de la primera comida del día. Según el internista y experto en nutrición Andreas Michalsen, quien conversa con el medio alemán Welt, el verdadero problema puede estar más bien en la cena. "Quien cena tarde habitualmente altera más el metabolismo que quien empieza a comer más tarde por la mañana", señala.
El desayuno importa… pero no igual para todos
Muchas personas empiezan el día con café y poco más, mientras otras no conciben la mañana sin un desayuno completo. Sin embargo, la ciencia apunta a que no existe una regla única válida para todos. Michalsen defiende que, en general, desayunar ayuda al metabolismo. Por la mañana, el cuerpo gestiona mejor los carbohidratos, el azúcar en sangre sube de forma más controlada y la insulina responde con mayor eficacia.
Aun así, no todos funcionan igual. El llamado cronotipo —si eres más activo por la mañana o por la noche— influye mucho. Las personas noctámbulas, por ejemplo, suelen tener menos apetito temprano, y obligarse a comer podría no ser la mejor estrategia.
La investigadora Christina Holzapfel lo resume de forma clara: lo importante no es tanto cuándo comes, sino qué comes y si ese hábito encaja en tu día a día.
Qué desayunar (y qué evitar)
Una combinación equilibrada —como avena, yogur, frutos secos y fruta— aporta energía estable y saciedad duradera. En cambio, los desayunos azucarados pueden jugar en contra.
Pan blanco con mermelada o zumos provocan subidas rápidas de glucosa seguidas de bajones. Holzapfel advierte que el azúcar aporta calorías, pero pocos nutrientes, mientras que Michalsen recuerda que "un comienzo de día así puede descontrolar por completo el nivel de azúcar en sangre".
Especial atención merecen los zumos: aunque parezcan saludables, carecen de la fibra de la fruta entera, lo que acelera la absorción del azúcar en el organismo.
Más importante que el desayuno: la cena
Aunque el desayuno acapara titulares, Michalsen insiste en mirar el día completo. Y ahí entra en juego la cena. El especialista recomienda cenar al menos tres horas antes de acostarse.
Comer tarde, explica, tiene un impacto más negativo en el metabolismo que retrasar el desayuno. De hecho, saltarse la primera comida puede ser una estrategia válida dentro del ayuno intermitente, siempre que se haga de forma sostenible.
Sobre el popular método 16:8, el experto dice que puede tener efectos moderados, pero no es necesario para todos. En muchos casos, un ayuno más flexible —de unas 14 horas— resulta más fácil de mantener a largo plazo.
Comer bien, sin complicarse
Más allá de horarios estrictos o modas, ambos especialistas coinciden en que la alimentación debe ser equilibrada y también agradable. Intentar seguir reglas demasiado rígidas —como separar estrictamente nutrientes en cada comida— puede acabar siendo contraproducente. Comer también forma parte del bienestar, y perder ese componente hace difícil mantener cualquier hábito.
En definitiva, no existe un desayuno perfecto universal. Para algunos será un bol de muesli; para otros, simplemente un café. Lo importante, concluyen los expertos, es apostar por alimentos reales, ricos en fibra y nutrientes, y evitar que los picos de hambre marquen el ritmo del día.
