De "no entiendo lo que dice" a artista generacional: el día que Bad Bunny se ganó a padres y cuñaos
Ni ha habido un artista latino con tanto impacto generacional en este siglo, ni seguramente lo habrá. Bad Bunny ha pasado de ser un artista del género urbano que sonaba en discotecas a un icono que conocen todas las generaciones.
"Benito Martínez, de Puerto Rico, empezamos de abajo y ahora somos ricos; pero nunca olvidaré de donde salí ni el primer tema que escribí...", narraba Bad Bunny en su tema Desde El Corazón publicado en 2018. Las guitarras y el yeah, yeah propio del artista introducían a un single que trascurría por la historia de una persona que empezó dejando su huella en el reggaetón y que trascendió como el mayor exponente latino de todo el mundo. Imagen de marcas internacionales, presente en galas de toda índole y estatus, portada de revistas y protagonista de giras a la altura sólo de grandes estrellas del pop estadounidenses; aquel niño que tenía un sueño terminó convirtiéndose en referencia de una generación y, sin quererlo, en reconocimiento del resto. Sin embargo, el camino recorrido ha sido largo hasta llegar ahí.
"Es que no entiendo lo que dice", es una frase que seguro que le han escuchado a padres, cuñaos y hasta a tu jefe que sólo escucha a The Beatles porque 'esa sí es música de verdad'. Una opinión clásica entre los ajenos al reggaetón al igual que la mítica "es que hablan en las canciones, no cantan", para los que se encuentran fuera del rap y escuchan los versos sobre una base o sample. Pocos logran salir de ese encasillamiento y escalar al público general, a lo que popularmente se conoce como mainstream. Ambos géneros se colocaban fuera de las radios generalistas, de la lista de nombres que conoce todo el mundo dentro de la música, de la transversalidad de que te escuchen hijos y padres. En el rap, por ejemplo, el único que lo ha conseguido ha sido Eminem cuando colaboró con Rihanna en las míticas y memorables Love The Way You Lie y Monster . "Quiero agradecerle por poner el álbum a donde esta ahora", dijo el de Detroit cuando logró su Grammy por el mejor disco de rap con Recovery.
Para que Bad Bunny pudiera romper los moldes y ganarse a padres y cuñaos, el camino ha sido arduo, pero primero se ganó a toda una generación.
x100pre el reggaetón de una generación
Los cimientos del reggaetón llevaban años asentados. Desde la irrupción de artistas como Don Omar, Daddy Yankee, Calderón, Nicky Jam... Entre otros incontables referentes del género habían construido un ritmo que ya vertebraba toda Latinoamérica y también España. "Nosotros inventamos esto", decía Yankee en una entrevista. La segunda racha de artistas fue más allá y aquella música pasó a convertirse en bandera y referencia de toda una generación que entre botellones, noches de fiesta y quedadas con amigos colocaron aquellas melodías como banda sonora. Un joven y desconocido Bad Bunny apareció entonces y, como siempre, el más listo de la clase sacó su álbum x100pre con un tema con Drake llamado MIA. No tardó en convertirse un hit global y romper todos los récords. De hecho, en un programa histórico el propio Jimmy Fallon fue hasta Puerto Rico el 16 de enero de 2019 para interpretar la canción.
En España, el impacto también fue notorio después de que el Conejo Malo colaborase en el mítico tema de Mayores de Becky G, otro éxito de millones de escuchas en todo el mundo. Ya saben, el "a mi me gustan mayores, de esos que llaman señores...". En el Operación Triunfo de 2017 —aquel que sacó a Aitana y Lola Índigo— la canción fue censurada por referencias al sexo oral y, entonces, fue uno de los temas culturales que ocupó gran parte de la agenda mediática y del debate social. Bad Bunny, por si alguien todavía estaba despistado, ya era conocido por todo el mundo, aunque todavía sin la transversalidad que conseguiría años después.
La pandemia y la música que nos salvó
Corría febrero de 2020 cuando Bad Bunny volvió a aparecer en la boca de todos. Su implicación social, de nuevo en el programa de Jimmy Fallon, con respecto al asesinato de Alexa Negrón —una mujer puertorriqueña, trans y sin hogar— fue el primer aplauso unánime que recibió el artista. "Mataron a Alexa, no a un hombre con falda", portaba en la camiseta que exhibió en uno de los programas más vistos de todo Estados Unidos. El reggaetonero que estaba asociado a un género habitualmente machista y homófobo tenía más mensajes sociales y reivindicativos que tu artista favorito que sale de fiesta por Malasaña. La humanidad estaba a punto de presenciar algo inédito, la pandemia del Covid-19, y el Conejo Malo portaba bajo el brazo Yo Hago Lo Que Me Dé La Gana (YHLQMDLG), uno de los mejores discos de la historia del género y, bajo la humilde opinión de aquel que escribe estas líneas, el mejor de su carrera.
El álbum por excelencia para bailar en una discoteca nos lo gozamos desde casa. Entre sus filas, míticos nombres como Daddy Yankee, Anuel AA, Mora, Duki o Arcángel, entre otros, alcanzaban el punto álgido y culmen del reggaetón. Sin embargo, la situación mundial dejó a la generación que había puesto el género en las listas de todo el mundo se quedó sin poder disfrutar de la obra magna. No sabíamos que el Yo Perreo Sola iba a ser tan literal. Los directos en Instagram que hizo Benito durante los meses venideros y las redes sociales hicieron que el artista fuera uno de los pocos clavos a los que agarrarse en una época oscura.
No se quedó ahí, en 2020 sacó dos discos más —Las que no iban a salir y El último tour del mundo— y se convirtió en el artista más escuchado del mundo. Padres y cuñaos se pegaron todo el confinamiento escuchando la música de sus hijos retrasmitida por altavoces y el puertorriqueño pasó de ser un artista difuso a que lo conociera hasta el que solo escucha a Vetusta Morla, porta gafas de pasta, barba, camisa de cuadros y su opinión musical pareciera que está grabada en piedra. Rosalía, que también se estaba asentando en la industria, apareció en el último álbum del año del conejo con el memorable tema de La noche de anoche. Bad Bunny había logrado lo imposible: aunque no lo escuchasen, todos conocían su nombre. Ahora, faltaba que todos le escucharan. Y lo consiguió.
Los ojitos lindos de un verano sin ti
Hay discos que no necesitan presentación. Álbumes que consolidan para siempre una carrera y alcanzan un consenso internacional. Un verano sin ti representa el arrebato creativo de un artista que consiguió romper todos los moldes sin renunciar a sus orígenes, a su estilo ni a sus raíces. De repente, el máximo exponente del reggaetón empezó a sonar en radios generalistas y las canciones del disco se expandieron de manera transversal entre públicos de todas las edades. Enséñame a bailar, Ojitos Lindos o Tití me preguntó se convirtieron en himnos absolutos del verano de 2022. Ese fue el 'clic' definitivo que disparó el número de oyentes del Conejo Malo y atrajo a una nueva oleada de seguidores hacia su universo musical.
Los premios terminaron por confirmarlo. Un verano sin ti se convirtió en uno de los álbumes en español más laureados de la historia. En los Grammy, por ejemplo, fue el primer disco en español nominado a Álbum del Año, además de conseguir otras tres nominaciones. También ganó el premio a Mejor Álbum de Música Urbana en los Grammy y el galardón a Álbum del Año en los Latin Grammy. Además, según ChartMasters, es el disco más reproducido de la historia de Spotify, con más de 21.000 millones de escuchas acumuladas. Bad Bunny dejó de ser un artista latino y de éxito en el reaggetón y pasó a asentarse en artista internacional y referente generacional. Muchos, de hecho, cambiaron la opinión que tenían de él gracias a este álbum.
Y fuiste tú mi baile inolvidable
Y entonces llegó Debí Tirar Más Fotos. Cuando parecía imposible seguir ampliando los límites de su carrera, Bad Bunny volvió a demostrar que su éxito no era fruto de una moda pasajera, sino la consecuencia natural de una conexión única con su generación. El álbum supuso una mirada mucho más introspectiva y madura, un ejercicio de nostalgia, identidad y memoria colectiva en el que Benito volvió a colocar a Puerto Rico en el centro del mapa cultural. Entre ritmos puertorriqueños, referencias costumbristas y letras atravesadas por la melancolía, el artista ha dejado atrás la necesidad de demostrar nada para centrarse únicamente en contar quién es realmente. Porque, después de conquistar el mundo, todavía le quedaba un reto pendiente: volver a casa sin dejar de ser universal.
El impacto fue inmediato. Las redes sociales se llenaron de vídeos, frases y debates alrededor de un disco que no sólo funcionaba como una colección de canciones, sino también como una declaración de principios. Bad Bunny ya no era únicamente el rey del reggaetón ni el artista latino más escuchado del planeta; se había convertido en un símbolo cultural capaz de transformar cualquier lanzamiento en una conversación global. Lo que antes sonaba exclusivamente en discotecas, fiestas y botellones ahora aparecía en análisis musicales, medios generalistas y conversaciones entre generaciones que jamás habrían imaginado compartir una canción del Conejo Malo. Y ahí residía precisamente su mayor victoria: había conseguido que el reggaetón dejara de pedir permiso para ocupar el lugar central de la cultura popular. El reconocimiento definitivo llegó también desde la industria: Debí Tirar Más Fotos hizo historia al convertirse en el primer disco íntegramente en español en ganar el Grammy a Mejor Álbum del Año, un hito que terminó de derribar la última barrera simbólica que aún separaba a la música latina del reconocimiento absoluto dentro del mercado anglosajón.
La confirmación definitiva llegó con uno de los escenarios más grandes del planeta: la Super Bowl. Durante años, la música latina había ocupado espacios secundarios dentro del espectáculo estadounidense, limitada casi siempre a colaboraciones puntuales o apariciones compartidas. Sin embargo, la presencia de Bad Bunny en el gran escaparate del entretenimiento mundial representó algo mucho más profundo que una actuación. Fue la evidencia de un cambio cultural irreversible. Aquel joven que empezó subiendo canciones a SoundCloud y trabajando como empaquetador en un supermercado terminaba formando parte del evento televisivo más importante de Estados Unidos. Padres, cuñaos, críticos musicales y hasta quienes decían no entender lo que decía acabaron viendo al artista puertorriqueño en el mismo escenario reservado históricamente para las mayores leyendas del pop y el rock mundial. Además, con bastantes más principios que los anteriores y poniendo pie en pared contra Donald Trump que desde su regreso a la Casa Blanca no cesa en humillar, intimidar y maltratar a todos los latinos por ejemplo con el ICE.
Porque quizá esa ha sido siempre la verdadera grandeza de Bad Bunny. Nunca intentó parecer otra cosa. No suavizó su acento, no abandonó sus raíces ni moldeó su música para agradar a quienes históricamente miraban por encima del hombro al reggaetón. Fue precisamente manteniéndose fiel a sí mismo como logró algo que parecía imposible: convertir un género cuestionado durante años en la banda sonora de toda una época. Y mientras algunos todavía siguen preguntándose qué dice en sus canciones, millones de personas alrededor del mundo ya entendieron perfectamente quién es Benito Martínez Ocasio y por qué su historia terminó trascendiendo mucho más allá de la música.